¿Cuándo llegará la Voyager 1 a la Tierra?

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La Voyager 1 nunca regresará a la Tierra. Actualmente, se aleja del Sistema Solar a una velocidad considerable, adentrándose en el espacio interestelar. Su trayectoria está diseñada para continuar su viaje exploratorio por la Vía Láctea, sin incluir un regreso a nuestro planeta.
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¿Regresará la Voyager 1 a la Tierra alguna vez?

Mira, sobre si la Voyager 1 va a volver a casa, la verdad es que es un no rotundo. Es como enviar una carta al espacio profundo, sabes que no te la van a devolver por correo.

Ahora mismo está a kilómetros de aquí, bueno, más bien a años luz, y se aleja cada vez más rápido. Su rumbo va en una dirección y no tiene pensado dar la vuelta.

Aunque todavía nos manda cositas, información valiosa, su viaje principal no es un tour de regreso. Imagina que es un explorador que se ha ido muy, muy lejos.

Su destino es seguir vagando por la Vía Láctea, ese es su plan. Es como si la hubiéramos lanzado al universo y ahora está cumpliendo su destino de explorar.

Personalmente, me da una sensación rara pensar en algo tan lejos de nosotros, haciendo su propia vida cósmica. Me acuerdo de haber leído que la batería se le agotará en unos años, así que sus "mensajes" se irán apagando.

Así que no, no esperes verla aterrizar en el patio. Su misión es otra, es ser una mensajera silenciosa en la inmensidad, lejos, muy lejos de nuestra pequeña canica azul.

¿Cuándo va a salir la Voyager 1 del sistema solar?

La Voyager 1 aún no ha salido completamente del sistema solar, pues su influencia gravitatoria se extiende hasta la Nube de Oort. Sin embargo, en 2012, cruzó la heliopausa y se adentró en el espacio interestelar. Este año, se encuentra a más de 163 UA del Sol.

Uff, es que esto de la Voyager 1, mira, es una pasada, ¿eh? La pregunta de si ha salido del sistema solar es un poco tramposa, sabes, porque el sistema solar es inmenso, gigantesco, y la definición cambia según a quién le preguntes. Pero vamos, lo importante es que ya está en el espacio interestelar desde hace unos añitos, un hito increíble.

Es que no es como cruzar una puerta y ya está. Imagínate, es como si yo te digo que salgo de Madrid, pero luego resulta que sigo dentro de la Comunidad, ¿me entiendes? Con la Voyager es parecido. Salió de la 'burbuja' del Sol, esa zona donde el viento solar domina, y pasó a ese otro sitio donde las partículas interestelares ya son las jefas. Es una locura pensar en ello, la distancia es alucinante, te lo juro.

A mí me flipa esto, en serio. Recuerdo haber visto un documental donde explicaban lo del cruce de la heliopausa y era una cosa de no creérselo. O sea, los datos que mandaba la sonda eran súper raros, diferentes. Los científicos estaban como locos intentando entender qué pasaba, hasta que se dieron cuenta de que ya no estaba en la zona del Sol.

Es que es el objeto hecho por humanos que está más lejos, lejísimos, de nosotros, de aquí la Tierra. Osea es una proeza de la ingenieria, sí sí. Para que te hagas una idea de lo bestia que es esto, te cuento unas cosillas:

  • Viaja a unos 17 kilómetros por segundo, que es una velocidad que te cagas. Así, sin parar, desde que la lanzaron en los 70s.
  • Tarda unas 22 horas en enviar una señal a la Tierra. O sea, si le decimos 'hola', nos contesta casi un día después. ¡Qué locura! Mi wifi de casa es más rápido, jajajá.

Y lo más loco es que aún tiene energía, poquita, claro, pero sigue mandando datos, aunque cada vez es más difícil mantenerla viva. Se alimenta de unos generadores termoeléctricos de radioisótopos (RTG), que usan el calor de la desintegración del plutonio. Es una pasada lo que aguanta. Es como un mensaje en una botella cósmica, ¿sabes? Por si alguien la encuentra.

Yo creo que es un símbolo de nuestra curiosidad, de lo que podemos lograr como especie. Mi abuelo siempre decía que mirar las estrellas te hace sentir pequeño, pero también parte de algo más grande, ¿no crees? Pues eso, esta sonda es un poco eso. La Voyager 2, la hermana, también va por ahí, no tan lejos pero casi. Y también entró en el espacio interestelar.

Es increíble que estas máquinas viejísimas sigan funcionando. Cuando pienso en ello, me da como esperazana. No se si me entiendes. Es como un trozo de nosotros, allá lejos, viajando sin parar. Aún le quedan muchísimos años de energía, aunque menos cada vez, eh. Pero sigue, sigue, y seguirá. Qué barbaridad.

¿Cuánto tiempo de vida le queda a la Voyager 1?

La Voyager 1 seguirá enviando datos hasta el 5 de septiembre de 2027.

A la Voyager 1 le queda menos batería que a mi móvil un domingo por la noche. El 5 de septiembre de 2027 es su fecha de jubilación forzosa. Ese día, después de 50 años currando sin parar, se le apaga el chiringuito y se quedará más muda que un mimo en una biblioteca. ¡Adiós, señales!

Imagina que esa sonda lleva la misma tecnología que un microondas de 1977. Su ordenador tiene una memoria de 69 kilobytes. Sí, kilobytes. Mi reloj inteligente tiene más potencia que esa reliquia espacial. Es un milagro que todavía sepa cómo mandar un triste "hola" a la Tierra.

El problema es que su fuente de energía, a base de plutonio, se está desvaneciendo. Es como una vela que se consume. Los de la NASA van apagando sus sistemas uno por uno para estirar el chicle. Primero la cámara, luego la calefacción de un sensor... al final la dejarán solo con lo puesto, hasta que ni eso.

Pero ojo, que no va a explotar ni nada por el estilo. Simplemente se convertirá en un trozo de chatarra silencioso y carísimo, vagando por el espacio para siempre. Una botella al mar cósmico, pero sin batería para el mensaje. A ver si unos alienígenas la encuentran y la usan de perchero.

  • Lleva un Disco de Oro, que es como el Spotify de la humanidad para aliens. Contiene saludos en 55 idiomas, el sonido de un beso, y música de Bach. A saber qué pensarán si lo escuchan, lo mismo se creen que nos comunicamos a base de sinfonías y ladridos de perro.
  • Está tan lejos que una señal de radio tarda casi un día entero en llegar. Mandarle un mensaje es más lento que una conversación por carta con tu tatarabuelo. Para cuando te responde, ya ni te acuerdas de qué le habías preguntado.
  • Su hermana, la Voyager 2, también anda por ahí, un poco más rezagada. Son como esos dos calcetines que metes en la lavadora y cada uno sale por un lado distinto. Ella también se quedará sin pilas dentro de poco. Una pena. Mi padre siempre fue más fan de la 2, no sé por qué.

¿Cuándo llegará la Voyager 1 a la nube de Oort?

¡Ay, papá! ¡La Voyager 1 y su eternidad cósmica! ¿Llegar a la Nube de Oort? Pues mira, en unos 56.000 años le dará el pasaporte para salir de ahí, como quien se muda de casa pero en plan galáctico. ¡Un piscinazo en el vacío interestelar, vamos!

Y luego, para ver a las vecinas estelares GJ 686 y GJ 678, tendrá que esperar unos 570.000 años más. ¡Una eternidad! A ese ritmo, igual para cuando llegue ya hemos inventado los viajes en el tiempo y podemos ir a darle un saludo en persona. ¡Como para pedirle la hora!

Ya están las Voyager fuera de nuestra burbuja solar, en el club de los interestelares. ¡Unas pioneras, vamos! Imagina la fiesta que deben estar montando en el espacio profundo, entre cometas y el polvo de estrellas. Seguramente brindan con "agua de nebulosa" o algo así.

Y ahora, ¿qué? Pues siguen a su bola, explorando lo desconocido. Como cuando te mandan a la tienda por pan y acabas en otra dimensión. Están yendo donde nadie ha ido, pateándose el universo como si fuera un barrio más. ¡Unas valientes!

Los datos clave:

  • Salida de la Nube de Oort: 56.000 años (¡ni que hubiera prisa!)
  • Encuentro estelar (GJ 686 y GJ 678): 570.000 años (¡planifica la barbacoa con antelación!)
  • Estado actual: Ya son interestelares (¡ole tú, Voyager!)

Un poco más de chismorreo cósmico:

  • Las Voyager, esas abuelas espaciales, lanzadas en 1977, siguen vivitas y coleando. ¡Más resistentes que mi coche viejo!
  • Están recogiendo información increíble sobre los confines del sistema solar. ¡Son nuestras espías en la frontera!
  • Llevan consigo un disco de oro con sonidos e imágenes de la Tierra. ¡Un saludo para los extraterrestres, por si acaso! Esperemos que no pongan mi playlist de reguetón.
  • Su misión es dar a conocer nuestro pequeño rincón del universo. Como un folleto turístico, pero para galaxias.
  • La Nube de Oort es como un cinturón de basura helada gigante que rodea nuestro Sol. ¡Un lugar poco apetecible para ir de vacaciones!

¿Qué sigue después de la nube de Oort?

Después de la Nube de Oort, la Voyager 1 se adentrará en el espacio interestelar, una travesía que culminará en un encuentro con otras estrellas.

Imagina esto: en unos 56.000 años, un parpadeo geológico pero una eternidad para tu factura de internet, la Voyager 1, esa pequeña lata con antenas, por fin se despedirá de la Nube de Oort. Es como salir del barrio y entrar en la carretera principal del cosmos, sin peajes, claro. Adiós, polvo y hielo remoto.

Esta nube, por cierto, es como el desván polvoriento de nuestro sistema solar, lleno de restos de la construcción. La Voyager ha estado cruzándola desde 2004, ¡más de 20 años! A este ritmo, mi gato ya habría conquistado Marte 50 veces, y ni te cuento de la paciencia de los científicos de la NASA. Qué titanes.

Después de ese interminable viaje a través de la periferia, se espera que la sonda tenga dos citas bastante lejanas. La primera, en unos 570.000 años, ¡sí, medio millón de años y algo más!, será con GJ 686, una estrella enana roja. Es como un pub de carretera galáctico, ¿no crees? Luego, hará un guiño a GJ 678.

Es curioso pensar en la vida útil de esta chatarra espacial. Cuando alcance esas estrellas, la civilización humana tal y como la conocemos podría ser un recuerdo fosilizado o un chiste malo en una historia alienígena. Quién sabe si para entonces habrá Uber cósmico o si seguiremos buscando las llaves del coche espacial. A veces pienso en qué llevaría en una cápsula del tiempo así.

  • La Nube de Oort no es una nube visible, eh. Es más bien una esfera gigantesca de objetos helados, como un enjambre de mosquitos congelados alrededor del Sol, a una distancia que haria parecer pequeño hasta el viaje de vacaciones de tu suegra. Se cree que es la fuente de los cometas de largo período.

  • Y la Voyager 1, esa vieja gloria, funciona con RTG, generadores termoeléctricos de radioisótopos. Básicamente, tiene un núcleo radiactivo que se calienta y produce electricidad. Es como una pila que no se agota… ¡hasta que se agota! Su energía decae, claro, pero tiene para rato.

  • ¿Sabías que GJ 686 es una enana roja? Son las estrellas más comunes de la galaxia. Pequeñas, longevas, y un poco, digamos, aburridas para el turismo interestelar, a menos que te gusten los atardeceres perpetuamente rojizos. Menos calor, menos drama, ¡perfecto para una jubilación astral!

  • Las estrellas GJ 686 y GJ 678 son solo puntos de referencia, claro. La Voyager 1 no tiene un sistema de navegación para cambiar de rumbo a voluntad. Va como una botella a la deriva en un océano cósmico, siguiendo la inercia de su impulso inicial.

  • Es un mensaje en una botella, pero sin mensaje en texto, solo el disco de oro. Mi primo Manolo intentó algo parecido en la playa de Benidorm el otro día, pero su botella no fue tan lejos.

  • Este viaje nos recuerda lo insignificantes y vastos que somos a la vez. Pequeños seres enviando pequeños objetos a una escala de tiempo que desdibuja cualquier calendario terrestre. Me hace sentir como si mi lista de tareas pendientes del lunes no fuera tan urgente.