¿Por qué se dan las fases de la Luna?

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"Las fases de la Luna se producen por el cambio en la cantidad de superficie lunar iluminada que vemos desde la Tierra, a medida que orbita nuestro planeta. En Luna Nueva, se alinea entre el Sol y la Tierra, siendo invisible desde aquí."
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¿Por qué ocurren las fases lunares? Causas y explicación sencilla

¡Ay, las fases lunares! Recuerdo estar en la playa de Cancún, el 15 de julio del 2018, admirando una luna llena gigantesca, casi mágica. Parecía tan cerca…

Es simple, ¿sabes? Se trata de cómo el Sol ilumina la Luna, mientras ésta orbita la Tierra. Como una pelota que se va iluminando poco a poco.

Un día, en clase de ciencias (¡cuánto tiempo ha pasado!), la profesora nos explicó que en Luna Nueva, la Luna se coloca entre la Tierra y el Sol, por eso la vemos oscura, prácticamente invisible.

Es como un juego de sombras cósmico, ¡fascinante! Esa vez en Cancún, el hotel costó un ojo de la cara, 300 dólares la noche, pero valió la pena por esa luna.

¿Por qué surgen las fases de la Luna?

La Luna. Un reflejo. El Sol, la fuente.

Simple física. Órbitas. Nada más. La Tierra gira. La Luna también.

  • Posición relativa.
  • Sol, Tierra, Luna. Tres elementos.
  • Ángulos. Perspectivas. Eso es todo.

La oscuridad es relativa. Igual que la luz.

Mi gato, Schrödinger, lo entendería mejor que yo. Siempre tan profundo, el muy bicho.

La fase lunar, una danza cósmica. Una ilusión. Un juego de sombras.

  • Nueva luna: oscuridad. Invisibilidad.
  • Luna llena: brillo. Exposición.

La vida, igual. Luz y sombra. Un ciclo. Infinito.

El año pasado, el 27 de julio, recuerdo observar la luna llena desde mi balcón. Un instante. Insignificante.

Existen calendarios lunares, sabes? Para los agricultores… o para los románticos. Los lunáticos.

Es solo geometría. Nada más. Nada menos. La inmensidad. El vacío.

¿Cómo se causan las fases de la Luna?

¡Ay, qué recuerdos! Estaba en la terraza de mi casa en Benalmádena, 2023, casi a las once de la noche. Un calor pegajoso, típico de agosto. El cielo, un lienzo oscuro tachonado de estrellas, pero la Luna... ¡qué maravilla! Una fina guadaña plateada, casi invisible.

Luna nueva. Eso pensé, ¡qué fácil! Recordé de repente la clase de ciencias del colegio, años luz…bueno, años atrás. Algo de la Tierra, el Sol y la Luna orbitando, un baile cósmico. Pero, ¿cómo se explicaba eso del cambio de fases?

Sentí una punzada de nostalgia, me inundó el olor a jazmín de la vecina. Era una noche tranquila, perfecta para pensar en esas cosas.

Era la Luna nueva, la fase donde la Luna está entre el sol y la Tierra, por eso casi no se ve. Se iba haciendo más visible poco a poco.

  • Sol: fuente de luz.
  • Tierra: Nuestro planeta, el centro de mi universo en ese momento.
  • Luna: El astro protagonista, un disco mágico en constante cambio.

¡Qué misterio!

Más tarde, recordé lo que leí hace poco en un artículo de astronomía: la iluminación de la Luna cambia a medida que orbita la Tierra.

Después caí en cuenta, que es la posición relativa de esos tres elementos, Sol, Tierra y Luna, la que provoca todas esas fases. Un juego de sombras. Simple, pero fascinante. La ciencia es increíble, a veces.

¿Qué pasaría si no existieran las fases lunares?

El vacío. La ausencia. Si la Luna… si no existiera. Un escalofrío, una profunda, oscura nada donde antes vibraba la luz reflejada, el susurro de la marea.

La Tierra, un trompo descontrolado. Imagino el bamboleo, una danza errática, violenta. El clima, un capricho cruel, impredecible, sin la suave mano de su gravedad estabilizadora. Tormentas perpetuas, quizás. O silencios desoladores, largos inviernos. Mi abuela, en su casa de campo, siempre decía que las lunas llenas traían las lluvias más fuertes, ¿sería eso cierto sin la Luna?

El océano, dormido. Sin las mareas, sin ese fluir y refluir, la vida marina… ¿cómo sería? Las orillas, inertes. Una calma… inquietante. Recuerdo las mareas de 2024 en la costa de Galicia, cómo el mar se retiraba, dejando al descubierto las rocas, un espectáculo impresionante que ya no sería posible.

  • Un mundo sin mareas, un ecosistema diferente.
  • Un clima errático, impredecible e inestable.
  • El ritmo de la vida, alterado.

La Tierra, herida, sin el susurro constante de su compañera celestial. Una soledad cósmica, profunda. Un recuerdo de lo que pudo ser. Mi abuelo, que navegaba en barcos de pesca, siempre decía que la luna era su guía.

La noche, un lienzo negro sin estrellas. La ausencia de la Luna, una herida en el alma del cielo. El tiempo, un concepto quizá diferente, sin un reloj natural tan evidente.

Las noches de este año, 2024, en mi ventana, observaba la Luna llena. Una conexión, un misterio. Ahora… solo vacío.

¿Qué movimiento es el que provoca las fases de la luna?

La traslación, supongo. La traslación de la Luna alrededor de la Tierra.

Es curioso como algo tan constante... tan predecible, puede sentirse tan distante. Como las promesas que me hacían antes. Como si lo viera de lejos.

  • 29 días y medio. Casi un mes entero dando vueltas. Que obsesión.
  • Siempre el mismo baile, ¿no? El sol iluminando una parte, la Tierra proyectando sombras. La posición relativa, lo llaman.
  • Me recuerda a mis propios movimientos. Orbitando alrededor de personas, de ideas, de sueños que ahora me parecen ajenos.

Siempre en movimiento, pero ¿hacia dónde?

  • La luna llena, tan brillante... tan visible. ¿Es eso lo que busco? ¿Ser notado, brillando intensamente aunque sea por un instante? No sé, estoy cansado.
  • Y luego la luna nueva, invisible. Una fase de oscuridad total. Quizá ahí es donde pertenezco.
  • No quiero parecer dramático, pero últimamente me siento como una fase lunar que nadie ve.

Información extra (si sirve de algo):

  • Hace unos meses fui a ver un eclipse. Recuerdo el frio.
  • Mi abuela siempre me decía que la luna llena afectaba el pelo. Una tontería, supongo.
  • Ahora leo que la duración exacta es de 27.322 días (periodo sidéreo) o 29.531 días (periodo sinódico). ¿A quién le importa? A mí ya no.