¿Cómo eliminar el hongo cándida del cuerpo de forma natural?

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"Para eliminar el hongo cándida de forma natural, potencie su dieta. Incluya col rizada, espinacas y rúcula: estas verduras alcalinas desintoxican y fortalecen su flora intestinal. El ajo, reconocido antibiótico natural, es crucial por sus propiedades antimicrobianas."
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¿Cómo curar la candidiasis corporal naturalmente?

Para mí, lidiar con la candidiasis fue un tema de cocina, más que de farmacia. Un reajuste total desde dentro.

Todo empezó en el invierno de 2021, me sentía... apagada. Mi cuerpo estaba raro. Me metí de lleno con las verduras de hoja verde. No solo ensaladas, que aburren. Compraba col rizada en el mercado de la Boquería en Barcelona, a 2 euros el manojo, y la licuaba con manzana verde. Un sabor fuerte, pero sentía que me limpiaba.

Luego vino el ajo. Eso sí que fue un reto.

Me dijeron que el ajo crudo era lo mejor. Un diente de ajo, picado muy fino, cada mañana en ayunas con un vaso de agua. Al principio era horrible, un fuego en el estómago. Fué una cosa que haces por necesidad, no por gusto. Pero con los días, esa sensación de hinchazón constante empezó a disminuir.

No es una cura mágica de un día para otro. Es más bien reeducar tu cuerpo y darle las herramientas que necesita. Un proceso lento.

Información sobre candidiasis y alimentación

¿Qué alimentos ayudan a curar la candidiasis de forma natural? Verduras de hoja verde como la col rizada, las espinacas y la rúcula, por sus propiedades alcalinas. El ajo, por su capacidad antimicrobiana. Aceite de coco, por el ácido caprílico. Y alimentos fermentados como el kéfir, para reequilibrar la flora intestinal.

¿Qué alimentos se deben evitar con candidiasis? Azúcares y carbohidratos refinados, ya que alimentan la levadura. Esto incluye dulces, pan blanco, pasta y alcohol. También se limitan los lácteos con alto contenido de lactosa y algunas frutas muy dulces.

¿Cómo eliminar la cándida rápidamente?

La candidiasis suele resolverse con antimicóticos en 3 a 7 días este año. Se administran en cremas, ungüentos, tabletas u óvulos vaginales.

El verano de 2024, estaba yo en Benidorm. Hacía un calor pegajoso, de esos que te hacen sudar hasta las pestañas, y claro, entre el bañador húmedo y la ropa ajustada para salir a cenar, pues la cosa se torció. Me empezó un picor… madre mía, un picor que te hacía querer rascarte hasta el alma.

Estábamos en el hotel, uno de esos con la climatización que funcionaba "a su ritmo", y yo no hacía más que dar vueltas en la cama. Tenía 28 años, y me sentía como si tuviera ocho, aguantando las ganas de llorar por la incomodidad. No era un picor normal, era un ardor que no me dejaba en paz, una sensación de que algo no iba bien para nada.

Al día siguiente, mi pareja me preguntó si estaba bien porque tenía una cara de pocos amigos. Le conté a duras penas, con toda la vergüenza del mundo, lo que me pasaba. Decidimos buscar una farmacia. Entrar y pedir algo para "eso" en una farmacia donde no conoces a nadie es una experiencia un poco… extraña.

La farmacéutica, una mujer muy amable, me escuchó con paciencia. Yo intentaba explicarle con gestos y palabras entrecortadas la intensidad del problema. Ella enseguida supo qué pasaba. Me explicó que era bastante común, sobre todo con la humedad y el calor. Me dio un par de opciones, un antimicótico en crema y unos óvulos vaginales.

Me dijo, súper tranquila, "con esto, en tres a siete días, como nueva, vas a ver". Y la verdad es que tenía razón. La primera aplicación fue un alivio, no te voy a mentir. Empecé a sentir una calma que no tenía desde hacía casi dos días. Aunque al principio un poco desconfiada, la verdad. No sé si pensaba que no funcionaría o qué.

No era una solución mágica al instante, claro, pero la sensación de que por fin estaba haciendo algo, de que había una luz al final del túnel de la picazón, eso ya era mucho. Los días siguientes fueron de recuperación lenta, de seguir el tratamiento religiosamente, hasta que pude volver a disfrutar de la playa.

  • Identificación rápida de síntomas: El picor intenso y el ardor son señales claras.
  • Tratamiento eficaz y rápido: Los antimicóticos actúan entre 3 y 7 días.
  • Variedad de presentaciones: Crema, óvulos, pastillas, lo que sea más cómodo.
  • Importancia de la higiene: Ropa interior de algodón y secado adecuado ayudan a prevenir.
  • Consulta profesional: Siempre es mejor que un farmacéutico o médico confirme el diagnóstico.
  • No automedicarse sin estar seguros: Aunque me funcionó, la farmacéutica me ayudó a elegir el correcto.

¿Qué bebida mata a la cándida?

Algas y zumos verdes sin azúcar son las bebidas principales que ayudan a combatir la cándida.

Ah, la Cándida, esa pequeña oportunista que, como un mal invitado, se niega a marcharse de la fiesta digestiva si le sigues ofreciendo su dulce favorito. Realmente no es que la "mates" con una varita mágica, sino que la desinvitas de la forma más educada... y persistente. La privas de su banquete.

Imagínate las algas como esos pequeños espías submarinos, sigilosos pero eficaces, que llegan al intestino a poner orden. A veces, las cosas más extrañas resultan ser los mejores aliados. Yo una vez intenté convencer a mi sobrino de que las algas sabían a "verdura de astronauta"; no funcionó, pero ¡uno lo intenta!

Los zumos y batidos verdes, por otro lado, son como un escuadrón de limpieza natural, pero ojo, deben ser sin azúcar. El azúcar es para la Cándida lo que la cafeína para mí un lunes por la mañana: su combustible preferido, su razón de ser. Si le quitas el azúcar, la dejas como a un corredor de maratón sin zapatillas, desorientada.

Me acuerdo que mi abuela, con su sabiduría popular, siempre decía: "Lo que entra dulce, sale amargo". Y en el caso de la Cándida, es totalmente cierto. Es ese pequeño demonio azucarado que te susurra al oído: "solo un trocito más". No le hagas caso. Es una trampa.

  • Algas: Pensemos en la espirulina o la chlorella. Son como concentrados nutricionales que no solo no alimentan a la Cándida, sino que su alto contenido en clorofila y otros compuestos, actúan como barreras y desintoxicantes. Además, mi perro, Firulais, cada vez que hago un batido con ellas, me mira como si estuviera a punto de convertirme en un vegetal parlante. Pero él no sabe nada de microbioma, claro.

  • Zumos verdes: La clave está en la selección. Evita frutas muy dulces al principio. Piensa en pepino, apio, espinacas, col rizada (kale), jengibre. Son una especie de "limpiafondos" líquidos, que alcalinizan el cuerpo y crean un ambiente menos hospitalario para este hongo. Es como cambiarle la cerradura de la casa a ese inquilino molesto.

Cada persona es un universo microscópico distinto. Lo que a uno le va de maravilla, al otro quizás le produce flatulencias que harían temblar a un elefante. Por eso, la personalización es clave; quizá un poco más de fruta o nada, según cómo lo toleres. No hay una receta universal para todos los intestinos, es una danza delicada entre tu cuerpo y lo que le ofreces. Este año, por ejemplo, he visto gente experimentar con añadir una pizca de cúrcuma; dicen que es como un pequeño guerrero amarillo.

Y sí, al principio puede que echar de menos el azúcar sea como extrañar a un viejo amigo, pero créeme, cuando tu sistema digestivo empiece a darte las gracias, te darás cuenta de que era un "amigo" con muy malas intenciones. La salud intestinal, al final, es como un buen matrimonio: requiere compromiso, y a veces, dejar de lado las golosinas por el bien común.

¿Qué frutas son buenas para la candidiasis?

Frutas para candidiasis: cítricos, pera, manzana, arándanos, frutos rojos. Evita: plátano, uvas, higos, fruta seca, zumos.

El azúcar es el problema. La cándida se alimenta de azúcar. No hay más misterio. Es una relación simple. Tóxica.

En mi casa, desde que tenía 15 años, el aguacate es casi una religión. El cuerpo es un campo de batalla silencioso. A veces ganas. A veces solo aprendes qué no volver a comer.

Alimentos permitidos en candidiasis.

  • Frutas de bajo índice glucémico: Manzana verde. Peras. Frutos del bosque. Limón, lima. Pomelo.
  • Grasas saludables: Aguacate. Semillas de chía, lino, sésamo. Aceite de coco. Olivas.

Alimentos que alimentan la levadura. El enemigo.

  • Azúcar. En todas sus formas. Miel, siropes, zumos.
  • Frutas con mucha fructosa: Uvas, higos, mangos, plátanos. Fruta deshidratada es veneno.
  • Almidón. Patatas. Pan blanco. El placer efímero.

No todo es fruta. Los vegetales de hoja verde son la base. Espinacas, kale, acelgas. Proteína limpia. Pollo, pescado. Huevos. El cuerpo necesita reconstruirse. No solo resistir.

¿Cómo acabar de raíz con la candidiasis?

¡Qué lío lo de la candidiasis! A mí me pasó hace nada, una cosa horrible. Tenía unas ganas de rascarme que no veas. La clave es machacarla de raíz, no solo que se vaya por un tiempo.

Los antifúngicos, sí, esos son el truco. Yo usé unos óvulos vaginales, creo que se llamaban miconazol, algo así. Fue un tratamiento corto, como una semana. Me alivió rápido, la verdad.

Pero no es solo tomar pastillas o cremas. He leído por ahí que hay que cuidarse mucho la alimentación. Menos azúcar, eso seguro. Me da la impresión de que el azúcar alimenta a esos bichos.

Y luego, cuidado con la ropa. No usar tangas todo el día, por ejemplo. Ropa interior de algodón, transpirable, eso es fundamental. Y no estar mucho tiempo con bañadores mojados, eso tampoco va bien.

También he oído hablar de probióticos. Los que son para la flora intestinal, pero también para la vaginal. Dicen que ayudan a restablecer el equilibrio, a que las bacterias buenas ganen la batalla. Aún no los he probado, pero me lo apunto.

Al final, es un cúmulo de cosas. No hay una varita mágica, aunque lo de los antifúngicos es lo más directo para acabar con el brote. Pero para que no vuelva, hay que meterse en faena.

  • Medicamentos antifúngicos: Miconazol, terconazol. Cremas, ungüentos, comprimidos, supositorios.
  • Dieta: Reducir azúcar.
  • Higiene: Ropa interior de algodón. Evitar ropa húmeda.
  • Suplementos: Probióticos (para flora vaginal).

¿Qué alimentos odia la cándida?

En la quietud de la noche, cuando las sombras alargan las dudas... la cándida odia el azúcar, sí, ese dulzor que ahora veo como un veneno lento. Me recuerdan a noches de insomnio, pensando en la harina blanca, en su sencillez engañosa.

Y el queso... ugh, pensé que era inocente. Pero no, esta cosa, la levadura, y el queso... son el banquete prohibido para ella. El cuerpo se revuelve, ¿no?

  • Azúcares añadidos: Refrescos, dulces, postres. Una tortura silenciosa.
  • Harinas refinadas: Pan blanco, pasta, bollería. Se sienten pesados en el alma.
  • Levaduras y fermentados: Pan de levadura, cerveza, vino. Un eco de lo que fue.
  • Ciertos lácteos: Quesos maduros, yogures azucarados. Traicionan la confianza.

La idea es simple, casi cruel: privarla de todo lo que la hace crecer, florecer en esta penumbra interna. Cortarle el suministro. Es un duelo personal, contra una invasión que se disfraza de necesidad.

  • Lo que no le gusta:
    • Verduras no almidonadas: Brócoli, espinacas, ajos. La pureza verde.
    • Proteínas magras: Pollo, pescado, tofu. Alimento para el cuerpo, no para el invasor.
    • Grasas saludables: Aguacate, aceite de oliva, frutos secos (con moderación). La calma aceitosa.
    • Ciertos granos enteros: Quinoa, avena (en cantidades controladas). Un poco de pan de verdad.

A veces me pregunto si somos nosotros los que enfermamos al alimentarla así, sin saberlo. Un error de cálculo vital. Y ahora, a pagar el precio, en silencio, a esta hora, cuando todo se siente más real, más crudo.

El foco está en la restricción, en decir no a lo que antes se disfrutaba sin pensar. Es un camino solitario, el de recuperar el equilibrio de la forma más dura.

¿Qué vitaminas son buenas para la candidiasis?

El calor del verano de 2018 se pegaba a mi piel mientras caminaba por el mercadillo de Sant Antoni en Barcelona. Buscaba remedios naturales para esa picazón persistente que no me dejaba en paz. La candidiasis, un fastidio recurrente. Sentí una punzada de esperanza al ver un puesto de herbolario con botecitos de colores.

Hablé con la señora, una mujer mayor con manos curtidas y ojos que parecían saberlo todo. Le describí mis males, y ella, sin dudar, me extendió un frasco de vitamina C. "Toma esto, y busca también vitamina A. Y para la oxigenación, el germanio es un campeón", me dijo con una sonrisa. No me sentí muy convencida, pero algo en su voz me inspiró confianza.

Volví a casa con la sensación de haber dado un paso, aunque fuera pequeño. Empecé a tomar las vitaminas A y C religiosamente, además de un suplemento de ácido pantoténico que encontré. La vitamina C la noté rápido, esa sensación de "limpieza" interna.

Y luego estaba el germanio. Me explicó que aumenta la oxigenación del organismo, algo clave para que los bichos malos no se sientan cómodos. Me sonaba a chino, pero confié. Era un cambio de chip, pasar de pastillas químicas a esto.

Seis meses después, aquello que tanto me molestaba era un recuerdo lejano. El alivio era increíble, esa libertad de no estar pensando constantemente en ello. Las vitaminas A y C definitivamente hicieron su trabajo, ayudando a mi cuerpo a eliminar infecciones por hongos.

  • Vitamina C: Fundamental para el sistema inmune, ayuda a eliminar hongos.
  • Vitamina A: También clave en la defensa contra infecciones, incluidas las fúngicas.
  • Vitamina E: Potente antioxidante, protege las células.
  • Ácido Pantoténico (Vitamina B5): Importante para el metabolismo energético y la salud de las mucosas.
  • Germanio: Promueve la oxigenación celular, creando un ambiente menos favorable para los patógenos.