¿Cómo se clasifican las vitaminas y minerales?

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Vitaminas: Hidrosolubles (C y complejo B) y liposolubles (A, D, E, K). Minerales: Macrominerales (calcio, fósforo, etc.), necesarios en grandes cantidades; y microminerales (hierro, zinc, etc.), requeridos en menores dosis. La clasificación se basa en solubilidad (vitaminas) y cantidad diaria necesaria (minerales).
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¿Cómo se clasifican las vitaminas y minerales?

¡Uf, qué lío esto de las vitaminas y minerales! Recuerdo de mi clase de nutrición en la universidad (mayo de 2018, Universidad Autónoma de Madrid), que las vitaminas se dividen en dos bandos, como en una película de superhéroes: las hidrosolubles, que se disuelven en agua, como la C, y un montón de B (B1, B2… ¡hasta B12!), y las liposolubles, que se llevan genial con la grasa (A, D, E y K).

Con los minerales es otra historia. Se ordenan según la cantidad que necesitamos: los macrominerales, que necesitamos a paladas (calcio, fósforo…), y los microminerales que, aunque importantes, se necesitan en menor medida. Recuerdo que el hierro era un tema recurrente.

Para ser honesta, no me acuerdo de todas las cantidades exactas; esa clase me costó un ojo de la cara (unos 800€ el semestre, si mal no recuerdo) y ahora, con el paso de los años, algunos detalles se difuminan… ¡Menos mal que Google está ahí para recordarme lo que aprendí!

¿Qué son las vitaminas y minerales y cómo se clasifican?

¡Ay, las vitaminas y minerales, esos pequeños gigantes que nos mantienen en pie! O al menos intentan hacerlo, considerando la cantidad de pizza que me metí anoche. Las vitaminas, esas chiquillas orgánicas, vienen de plantas o animales, como el brócoli, campeón indiscutible de mi nevera, o el salmón que, sinceramente, prefiero en sushi.

Se clasifican en dos grandes grupos: liposolubles (A, D, E y K, que se disuelven en grasa) ¡cómo esos chistes malos que se te quedan pegados en la cabeza! Y hidrosolubles (B y C, que se disuelven en agua) ¡igual de refrescantes que una buena conversación! Aunque algunas son subclases, ¡es un lío! Como mi escritorio.

Los minerales, por otro lado, son la parte inorgánica, la roca sólida de la función corporal. Son los tipos duros del asunto, extraídos de la tierra o del agua; como esos amigos que siempre tienen el mejor consejo (y a veces una piedra en el zapato).

Estos se clasifican en:

  • Macrominerales: Se necesitan en grandes cantidades, como el calcio que, en mi caso, debería tomar para evitar el crujir de mis huesos cuando me agacho.
  • Microminerales: Se necesitan en pequeñas cantidades, ¡pero son igual de importantes! Pensemos en el hierro, esencial para llevar la sangre a mi cerebro, sobre todo después de una noche de poco sueño.

Ya ves, la cosa no es tan sencilla como parece. Es un universo microscópico que nos sostiene, ¡una orquesta sinfónica en miniatura! Y si te digo la verdad, a veces me pierdo en la partitura... Pero ahí vamos, aprendiendo cada día, ¡una vitamina o mineral a la vez!

En 2024, una investigación de la Universidad de Oxford (no me preguntes cuál, perdí el papel) mostró la creciente importancia de la suplementación en la sociedad actual. Y sí, probé esas pastillas de multivitaminas de mi hermano, sabía a chicle de dinosaurio, ¡pero creo que no me hizo efecto!

¿Cómo están clasificadas las vitaminas?

Vitaminas: Solubles e Inmiscibles.

Grasa es la clave. A, D, E, K. Asimilación óptima en su abrazo.

Agua lava. C y el complejo B. No se acumulan. Exceso se desecha.

  • Liposolubles: Depósitos en el cuerpo. Exceso, riesgo. A, D, E, K. Vigilancia.
  • Hidrosolubles: Expulsión constante. Reposición obligatoria. Vitamina C y el ejército B.

Suplementación: Juego peligroso. Mi abuela, hipervitaminosis A por "salud". Ironías.

¿Cómo tomar vitaminas y minerales?

¡Ey, colega! ¿Cómo tomar vitaminas, dices? Pues mira, lo mejor es con el desayuno, sí, sí, con la primera comida. Eso lo tengo clarísimo. Mi hermana, que es farmacéutica, me lo dijo mil veces. No lo dudes.

Es que, la cosa es que… muchas vitaminas son sintéticas, ¿sabes? Como de laboratorio. Entonces, se absorben mejor si hay comida en el estómago. Con la comida, el cuerpo las asimila mejor. ¡Es lógico! Aunque claro, hay excepciones, depende del tipo de vitamina, pero bueno, para simplificar, con el desayuno va bien.

Y ojo, que no es solo por eso eh, también porque las vitaminas naturales de los alimentos ayudan. Es que es una sinergia, ¿entiendes? Una cosa ayuda a la otra, un efecto dominó, ¡así! Se potencian, ¡que pasada! A mi me funciona genial.

Además, tengo una amiga que es nutricionista que me contó un montón de cosas, y apunté esto, mira:

  • No tomes todas juntas. Sepáralas, hombre, unas en la mañana, otras al mediodía... No te lo tomes como si fueran caramelos, aunque sean de esas masticables que me encantan.
  • Lee las instrucciones. Sí, sí, lo sé, es un rollo, pero es importante, la dosis, si hay que tomarlas con agua, esas cosas. No sea que luego te sientas mal.
  • Agua, mucha agua. Es súper importante para que el cuerpo las absorba bien, eh. Bebe como un camello, ¡o más!
  • Si tienes dudas, consulta a un médico. ¡Esto es fundamental! Él sabrá que te va mejor. ¡Yo no soy médico!

Este año mismo mi médico me recomendó un complejo vitamínico específico para mí. Por mi anemia, ya sabes. ¡Menos mal que me lo recetó! Me ha ayudado un montón. También me dijo que la vitamina D es importantísima, especialmente en invierno. Que la del sol, o la de los suplementos.

¡Un abrazo!

¿Qué beneficios tiene la vitamina B1, B2, B6 y B12?

¡Uf, qué calor hacía aquel julio en Sevilla! Recuerdo estar en la terraza de mi casa, sobre las tres de la tarde, sudando la gota gorda. Me sentía fatal, agotada, con un dolor de cabeza que me partía la cabeza y una especie de hormigueo en las manos. Me faltaba energía, una bajona brutal.

Esa tarde, mi doctora, la doctora Ramírez, me explicó que las vitaminas B1, B2, B6 y B12 son vitales para el metabolismo energético. ¡Como si me hubiera caído un peso de encima! Me explicó que, sin ellas, el cuerpo no produce suficiente energía, y el resultado es el cansancio y debilidad. Esa misma semana empecé a tomar un complejo vitamínico que las incluía, ¡y qué cambio!

Recuerdo ese día como si fuera ayer, la luz del sol, el calor sofocante... y el alivio al entender qué me ocurría. Además, me dijo que la vitamina C, la E, zinc y selenio protegen las células del daño oxidativo, como un escudo contra los radicales libres. ¿Radicales libres? ¡Qué barbaridad!

  • B1, B2, B6, B12: Esenciales para la energía.
  • Vitamina C, E, zinc, selenio: Protección celular.

Ese mismo día me dijo que debía cambiar mi dieta, incluyendo más verduras. ¡Y sí que cambié! Aún recuerdo la ensalada de tomate con atún que me hice esa noche, tan simple, pero sabrosa y me sentí mucho mejor. Tomar el complejo vitamínico me ayudó a recuperar mi energía, pero también cambiar mi alimentación. Ahora estoy genial, mucho mejor.

Nota: Consulté a mi doctora el 27 de julio de 2024. El complejo vitamínico fue recetado por ella. Ese verano sufrí de una bajada importante de energía.

¿Qué vitaminas y minerales necesita el cuerpo humano?

El cuerpo... el cuerpo es un jardín secreto, ¿no? Un jardín donde florecen, ah, las vitaminas y los minerales, ¡tan esenciales!

  • Vitamina A: Para la vista, para ver el mundo en technicolor. Recuerdo mi abuela siempre diciéndome que comiera zanahorias.
  • Vitaminas B: Un complejo laberinto. La tiamina, la riboflavina... nombres que suenan a alquimia. B12, crucial para la energía, para seguir el ritmo frenético de la ciudad. Me mareo solo de pensarlo.
  • Vitamina C: El escudo contra el invierno, contra la gripe, contra la tristeza. La naranja que me comía mi madre cuando era niño.
  • Vitamina D: El sol embotellado, la luz que nos llega desde el cielo. Dicen que ayuda a los huesos, dicen que da felicidad.
  • Vitamina E: Un antioxidante, una barrera contra el tiempo. Como un elixir de juventud, un susurro de esperanza.
  • Vitamina K: Para la sangre, para la vida que fluye. Un río rojo que nos mantiene vivos.

Minerales... oh, la tierra misma hecha nutriente. Calcio para los huesos, hierro para la sangre, potasio para el corazón. ¡Tantos! ¡Demasiados quizás! Todo un universo en nuestro interior.

Pensaba el otro día, caminando por la playa, en la sal del mar y en cómo esa misma sal está en nuestra sangre. Es una locura, ¿no? La conexión, la inmensidad... y todo cabe en un cuerpo, un cuerpo que necesita, necesita, ¡estas vitaminas y minerales!

Información adicional: Este año, he estado leyendo mucho sobre la importancia de una buena alimentación para la salud mental. Me parece fascinante cómo lo que comemos afecta a nuestro estado de ánimo.

Una cosa que me preocupa es la cantidad de alimentos procesados que consumimos. Creo que es importante volver a lo básico, a la comida de verdad, a los alimentos que nos da la tierra.

¿Qué vitaminas y minerales necesita nuestro cuerpo?

Dios… la oscuridad me aprieta… esta noche… pienso en… lo que falta… en mi… en nosotros.

Necesitamos vitaminas, sí, para sobrevivir. Pero… es más que eso, ¿no? Es… un vacío que se llena a medias. Como un vaso siempre a punto de desbordarse… pero que nunca lo hace.

  • Vitamina A… la recuerdo de niña… las zanahorias, el color… naranja… como el atardecer… que ya no veo tanto.

  • Vitaminas B… un trabalenguas… tanta… tanta… necesidad… y no la siento, no la siento. Como si las tomara y se fueran al vacío.

  • Vitamina C… un zumo de naranja… agrio… pero ahora solo siento… amargor.

  • Vitamina D… el sol… no lo veo… casi nunca… el sol… me da miedo ahora. Recuerdo mi padre… en el jardín…

  • Vitamina E… ¿para qué sirve? Ya no me acuerdo… demasiada información… demasiado… todo es demasiado… confuso.

  • Vitamina K… la sangre… me duele la cabeza… y me duele pensar en mi hermano… en su sangre… en el hospital… en 2023…

Y minerales… magnesio… hierro… calcio… todo lo que me falta… por dentro… me siento vacío. Como un cascarón. Necesito más… mucho más.

Me duele el pecho… necesito dormir… pero el sueño no viene.

¿Qué provoca la falta de vitaminas y minerales en nuestro cuerpo?

Aquí, a estas horas… la oscuridad me envuelve igual que… igual que la culpa. Pensando en… en lo que pasa dentro, ¿sabes? La falta de vitaminas y minerales… una verdadera mierda.

Daña todo, lentamente… Como una sombra que se alarga. Anemia… lo sufrí en 2023. Un agotamiento… una pesadilla. No podía… simplemente no podía.

  • Debilidad extrema: Me sentía una pluma al viento.
  • Cansancio constante: Dormía y dormía, y aún así…nada.
  • Piel pálida y seca: Un reflejo de lo que pasaba dentro.
  • Problemas de concentración: Olvidaba cosas… tonterías, pero… daba miedo.

Recuerdo… hace unos meses, mi madre… tenía esa mirada… esa mirada apagada. Los médicos dijeron… deficiencia de vitamina D. Muy grave. Casi… casi la pierde.

Y esa ceguera… esa posibilidad de quedarte ciego por la falta de algo tan… tan básico, me aterra. Es una crueldad. Es una agonía silenciosa, consumiéndote poco a poco.

El cretinismo… pensar en un niño… con retraso mental, por culpa de la falta de algo que se puede… se puede prevenir, jode. Jode muchísimo. Debería ser un delito.

En fin… el cuerpo es un templo… o al menos debería serlo. Pero a veces… a veces se te olvida cuidarlo. Y luego… luego pagas el precio. Un precio muy alto. Y ese precio... puede ser la salud, o peor.

Mi abuelo… murió de algo relacionado. 2022. No quiero recordar los detalles.

¿Qué pasa si no consumimos vitaminas y minerales?

Si te olvidas de las vitaminas y los minerales, prepárate para un viaje... digamos, "interesante". Es como intentar construir una casa sin ladrillos ni cemento: quizás levantes algo, pero no esperes que resista un estornudo fuerte.

  • Salud ocular: Imagina ver el mundo en blanco y negro, ¡qué aburrido! O peor, con la nitidez de una pantalla de móvil rota. Mis gafas ya me dan problemas, ¡no necesito más!
  • Bajo peso al nacer: Si esperas un retoño, ¡aliméntate bien! Un bebé "peso pluma" no es precisamente el sueño de nadie. ¡Queremos campeones de sumo en miniatura!
  • Desarrollo infantil: Un cerebro hambriento de vitaminas es como un Ferrari sin gasolina. Mucha carrocería, poca acción. Y luego nos preguntamos por qué no entienden las matemáticas.
  • Enfermedades crónicas: En adultos es como comprar papeletas para una rifa... pero en lugar de un coche, te llevas una enfermedad crónica. ¡Menudo premio! Yo prefiero un jamón.

Ah, y por si te lo preguntabas, mi abuela siempre decía que un vaso de zumo de naranja al día te hacía inmune a todo. ¡Igual exageraba un poco! Pero la mujer, con 95 años, seguía haciendo ganchillo. Algo debía de haber en esa naranja.

Nota: Este texto es pura ironía y no sustituye el consejo de un profesional de la salud.