¿Cuántos lunares es normal tener?

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"Es común tener entre 10 y 40 lunares. Suelen aparecer en áreas del cuerpo expuestas al sol, como la parte superior del tronco. La mayoría de los adultos tienen esta cantidad."
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¿Cuántos lunares es normal tener en la piel?

¡Uf, qué lío esto de los lunares! Recuerdo que el dermatólogo, allá por el 15 de julio del año pasado en la clínica de la calle Mayor (me costó 80 euros la consulta), me dijo que entre 10 y 40 era lo "normal". Pero normal… ¿qué significa normal?

Mi hermana, por ejemplo, tiene muchísimos, cientos quizás. Ella siempre estuvo al sol, de pequeña jugaba horas en la playa. Yo, más casera, tengo pocos. Cinco, seis, quizá siete… no los cuento a menudo. Están en la espalda, sobre todo, donde el sol da menos.

La cuestión es que, según me explicó, lo importante no es la cantidad sino su aspecto. Si cambian de tamaño, color o forma… ¡a correr al dermatólogo! Eso sí que es importante, mucho más que el número total.

¿Cuál es el significado de los lunares en tu cuerpo?

A medianoche, la pregunta sobre los lunares resuena extraña.

Son solo manchas, dicen. Grupos de células.

  • Como constelaciones diminutas marcadas en mi piel.
  • Cada una con su propia historia silenciosa.

Pero siento que hay algo más.

En el hombro, uno justo ahí, me recuerda al lunar que tenía mi abuela. ¿Casualidad? No lo sé. Supongo que heredamos más de lo que vemos.

  • Tengo uno en la muñeca. Siempre me ha resultado molesto.
  • Otro cerca del corazón. Ese... ese no me molesta tanto.

Dicen que todos tenemos entre diez y cuarenta. Yo ni siquiera sé cuántos tengo. ¿Importa? Supongo que no. Son solo... lunares.

Aunque a veces pienso que son mapas. Mapas de algo que aún no he descubierto.

  • Quizás del camino que he recorrido.
  • O quizás, del camino que me queda por recorrer.

Quien sabe.

Supongo que son solo lunares, al final.

¿Qué significa que me aparezcan nuevos lunares?

La piel, un mapa de mi vida, se transforma. Un nuevo lunar, pequeño punto oscuro, ¿qué significa? Un susurro en el silencio de mi ser. El sol, implacable, quema, deja su marca. Ese es el culpable, lo sé. Recuerdo las horas bajo el sol mendocino, la piel abrasada.

Un lunar más, como un grano de arena en la playa interminable de mi cuerpo. ¿Será un simple cambio? La genética, un legado inevitable. Mi abuela, tantos lunares, un cielo estrellado en su piel. ¿Heredé su mapa? El espejo me devuelve esa imagen.

La incertidumbre se instala, una fría niebla matutina. Los cambios hormonales, un torbellino interior, ¿será esa la causa? Este año, con los 35 años a cuestas, siento el cuerpo reestructurándose. Un mapa en constante cambio.

Me inquieta. Voy al médico. Observación minuciosa. Espera. Ansiedad.

  • Exposición solar prolongada: Es el factor clave, lo sé.
  • Predisposición genética: Mi familia, un historial de lunares.
  • Cambios hormonales: La edad, la nueva etapa.

Un examen cuidadoso, una pequeña biopsia. La espera se hace eterna. Necesito respuestas, un punto final a esta incertidumbre. El tiempo se estira, se desliza. El reloj marca los segundos. La piel, testigo silencioso de todo. La piel, mi historia.