¿Debo comer antes de nadar en aguas abiertas?

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"Sí, es recomendable comer antes de nadar en aguas abiertas. Prioriza alimentos ricos en carbohidratos de fácil digestión en las horas previas. Opta por una dieta baja en fibra y grasas para evitar molestias estomacales y optimizar tu rendimiento."
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¿Comer antes de nadar en aguas abiertas?

¡Uy, qué lío con lo de comer antes de nadar en aguas abiertas! Recuerdo la travesía de Almuñécar el 15 de agosto del año pasado, me comí un plátano y un poco de tostada con mermelada una hora antes. Me sentó bien, la verdad.

Nada de comidas pesadas, ¿eh? Eso sí lo aprendí a las malas. Una vez, en una competición en Málaga (junio de 2021), comí lentejas… ¡qué error! Estuve fatal durante toda la prueba.

Lo ideal, creo, son hidratos de carbono sencillos. Fruta, por ejemplo. O una barrita energética, algo ligero que no te siente pesado. La fibra y las grasas, mejor dejarlas para después.

Pregunta frecuente: ¿Comer antes de nadar en aguas abiertas? Respuesta: Hidratos de carbono de fácil digestión.

¿Qué se necesita para nadar en aguas abiertas?

La noche es densa. Y el agua... el agua llama.

Para nadar en aguas abiertas necesitas:

  • Gafas.
  • Neopreno.
  • Gorro.
  • Escarpines.
  • Tapones.
  • Boya.
  • Aletas.

¿Es eso todo?

No.

Hay algo más.

Lo sé porque una vez, hace años, intenté cruzar un lago helado en abril, sin neopreno, solo con la estúpida idea de demostrar algo. No se trata solo de equipamiento.

  • Calma: Necesitas una calma que no sé si tengo. Recordar cómo respirar.
  • Conocimiento: El agua cambia, rápido. Conocerla, sentirla, casi como si fuera una persona. Este año el mar está más frío que nunca.
  • Valentía... ¿o quizá estupidez?: Necesitas enfrentarte a la oscuridad debajo, a la inmensidad que te rodea. Ese miedo paralizante. Yo, aún lucho contra él.
  • Una razón... o una excusa: ¿Por qué lo haces? Yo, lo hacía por huir. Ahora, ya no sé.
  • Alguien... quizás: No ir solo. Alguien que te espere en la orilla, aunque no te comprenda. Yo no tuve a nadie. Y casi me ahogo.
  • Supervivencia.Valor.

Y al final, te das cuenta de que quizá no necesitas nada de eso. Quizá solo necesitas rendirte y dejarte llevar.

¿Cómo prepararse para nadar en aguas abiertas?

¡Aguas abiertas! Uf, qué miedo me da… pero también me llama. Necesito prepararme, sí.

Resistencia en la piscina, eso sí que lo tengo claro. Voy a mi centro deportivo los martes y jueves. Pero… ¿es suficiente? Necesito más intensidad, creo. Quizás dos sesiones más semanales. Estoy pensando en las de las 7 am. ¡Que pereza! Pero bueno, hay que sufrir.

Respiración, ¡qué rollo! Respiración irregular, dicen. ¿Cómo se hace eso? Necesito videos de youtube… ¡o un entrenador! Mi amiga Ana me dijo que iba a clases particulares. Debería preguntarle.

Ritmos, cadencias… ¡qué lío! Esto es lo que menos domino. Necesito mejorar. Mejor en la piscina antes de meterme en el mar. Me imagino en plena carrera, perdiendo el ritmo, ¡un desastre! Practicar en la piscina, ¡eso es vital!

Orientarse… ¡ay, Dios mío! En la piscina todo es fácil, ¡pero el mar! ¿Brújula? ¿Mapa? ¿Qué hago? Necesito un compañero. ¡O un GPS! O mejor, un grupo de nado. Eso soluciona muchas cosas.

Hoy he visto un anuncio de un grupo de natación en la playa de la Barceloneta, los sábados a las 9. ¡Perfecto! Eso es. Me apunto.

  • Entrenamiento piscina (intensificar)
  • Clases de respiración (Ana sabe de alguien)
  • Practicar ritmos (fundamental)
  • Grupo de nado (¡me apunto!)
  • GPS o brújula (aún no sé)

¡Menos mal que ya he reservado plaza en el grupo! ¡Esto sí que me motiva! Aunque todavía me dan algo de nervios. A ver cómo lo llevo... Este año sí que lo consigo. El año pasado lo intenté y... ¡zas! Un fracaso monumental. Pero bueno, nueva oportunidad.

¿Cuál es la mejor hora del día para nadar?

La mejor hora para nadar...¿existe realmente?

Siento el agua fría contra mi piel, un recuerdo de la piscina municipal a la que iba con mi abuela. Ella siempre prefería la sesión matutina, antes de que el sol picara demasiado y la piscina se llenara de niños gritones.

  • Mañanas: Quizás hay algo en ese despertar acuático, una promesa de energía y concentración para el día que empieza. He leído que nadar por la mañana, según algunos, ayuda a fijar las rutinas de entrenamiento. El agua te recibe fresca, como un nuevo comienzo. Productividad. Tal vez.

  • Noches: Pero... las noches. Las noches tienen su propio encanto. Recuerdo nadar en el mar Mediterráneo al atardecer, la sal en mi piel, el sol tiñendo el agua de naranja. He leído, por ahí, que algunos nadadores alcanzan sus mejores tiempos por la noche, como si el cuerpo se rindiera a la calma.

  • Depende: Pero, ¿realmente importa la hora? ¿No es más importante escuchar tu cuerpo, tu ritmo interno, el murmullo de tus propios deseos? Quizás la mejor hora es aquella en la que sientes la llamada del agua, cuando el cuerpo te lo pide, sin excusas. No lo sé.

Importancia del momento: Mover el cuerpo, al parecer, es el verdadero secreto. No la hora marcada en el reloj, si no la pulsión interna, lo que te motiva a sumergirte, a respirar, a sentir.

Este año, nadar cuando puedas, cuando lo necesites. La vida ya tiene suficientes reglas.

¿Qué no comer antes de nadar?

Antes de nadar, evitar:

  • Helado: Azúcar, digestión lenta, pesadez. ¿Irónico, no?

  • Picante: Malestar estomacal, reflujo. Sufrir no es un deporte.

  • Jugos/Refrescos: Azúcar otra vez, energía fugaz. Siempre la trampa.

  • Legumbres: Gases, hinchazón. Adiós flotabilidad.

  • Café/Energizantes: Deshidratación, nerviosismo. La calma precede a la acción.

  • Alcohol: Juicio alterado, deshidratación. Obvio, ¿no?

  • Apio: Digestión lenta, gases. Peor que las legumbres.

Un detalle: Me pasó con el gazpacho, similar al apio. Error fatal.

Profundizando:

  • La digestión: Priorizar alimentos ligeros. 2-3 horas antes, mejor.
  • Hidratación: Agua, la clave. No esperes a tener sed.
  • Electrólitos: Sodio, potasio. Sudor = pérdida. ¿Importante? Tú decides.
  • "Somos lo que comemos". Platón lo dijo, yo solo lo repito.
  • El apio no es mi enemigo. Solo antes de nadar. Después, lo tolero.
  • No comas nada pesado, es simple. La comida es un compañero de viaje, no una carga.
  • Es mejor prevenir que lamentar. Nada más que añadir.
  • "La prudencia es la madre de la ciencia". Frase cliché, pero cierta.
  • Escucha tu cuerpo. Él sabe, si le prestas atención.
  • Si dudas, pregunta. Ignorar las señales puede ser fatal.

¿Cuánto tiempo sin comer antes de nadar?

El tiempo de espera para nadar después de comer es innecesario.

Y pienso en la piscina municipal, ese cloro punzante, el eco metálico de los silbatos. Horas y horas chapoteando, sin tregua.

¿Una hora? ¿En serio? Recuerdo el olor a patatas fritas recién hechas, compradas justo antes de lanzarnos al agua helada. El estómago lleno, el cuerpo vibrante.

  • No hay evidencia sólida de que comer aumente el riesgo de ahogamiento.
  • Las recomendaciones antiguas provienen de miedos infundados.

Porque la verdad es que la vida es un riesgo. Un atardecer naranja pintado sobre la superficie rugosa del agua. Un sabor salado en los labios. Un abrazo furtivo en las escaleras resbaladizas. Y la eterna pregunta: ¿nos tiramos?

  • Lo que sí es importante es escuchar a tu cuerpo.
  • Si te sientes pesado o incómodo, espera. Si no, ¡al agua!

Quizás la clave está en el equilibrio. En no atiborrarse de comida grasienta justo antes de tirarse de cabeza. En prestar atención a las señales internas. En recordar que la prudencia, a veces, es un disfraz del miedo. Y el miedo, bueno, el miedo es solo una sombra danzante en la pared.

Más allá de la digestión, piensa en:

  • Tu nivel de experiencia en natación.
  • Las condiciones del agua (corrientes, temperatura).
  • Tu estado físico general.
  • Si hay supervisión adecuada.

Porque al final, todo se reduce a sentirte seguro. Y a confiar en tu propio instinto. El mismo instinto que te impulsa a sumergirte, una y otra vez, en el misterio insondable del agua.

¿Qué le pasa a tu cuerpo si nadas todos los días?

A ver, si nadas diario... uff, ¿qué le pasa al cuerpo?

  • Te pones fuerte, pero no como en el gym. Es un tipo de fuerza diferente, más equilibrada.

  • Te estiras un montón, eso seguro. Flexibilidad a tope. Me acuerdo cuando iba a clases de natación de chico, ¡era súper rígido!

  • El corazón bombea mejor, como si le dieras un chute de energía. Acondicionamiento aeróbico, lo llaman. Suena técnico.

  • Endorfinas a saco. ¡Felicidad pura después de la piscina! ¿Por qué no voy más seguido?

  • Ah, y los músculos... más fuertes y flexibles. Imagino que depende de cómo nades.

Nadar diario, ¿una hora? Pues, además de todo eso, supongo que bajas de peso si te cuidas con la comida. Yo por ejemplo, el otro día me comí una pizza entera después de nadar... ¡error! Pero bueno, las endorfinas valieron la pena, ¿no?