¿Por qué se ponen grasa para nadar?

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"Los nadadores usan grasa, como vaselina o lanolina, para proteger la piel de las rozaduras causadas por la fricción constante del agua y el roce del neopreno o el bañador. Aplicar en zonas clave como cuello, axilas e ingles previene irritaciones dolorosas, asegurando comodidad durante la natación."
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¿Para qué se usa la grasa en natación y qué beneficios tiene?

Uf, a ver, lo de la grasa en natación... ¡Me suena un montón! Recuerdo la primera vez que me lancé a nadar en aguas abiertas en la playa de Bolonia, Cádiz, un 15 de agosto. ¡Madre mía!

Las rozaduras... ¡Qué pesadilla! Para eso, la gente usa vaselina, lanolina o aceites especiales. Yo he probado la vaselina pura de la farmacia. Barata y efectiva, oye.

El truco está en embadurnarte bien, sobre todo donde más roces. Piénsalo, debajo de los brazos, en el cuello... ¡Por favor, no te olvides de la parte superior del cuerpo! Las quemaduras que te puedes llevar luego son... ¡Puaj! Nada agradables. ¡Te lo digo por experiencia!

De hecho, una vez no me puse suficiente y terminé con la piel irritadísima. ¡Qué dolor! Así que, ya sabes, ¡más vale prevenir que curar!

¿Qué cosas se necesitan para nadar?

El agua... sí, el agua es lo primero. Luego, el eco de la piscina, ese resonar familiar... Las gafas, ¿verdad? Para que el cloro no te queme la mirada, como si el sol de agosto se reflejara en el azulejo.

Un gorro, una barrera entre el pelo y ese líquido implacable. Imagino el mío, azul desteñido, luchando contra la corriente... Los recuerdos son así, fragmentos, como el reflejo roto de la luz en la superficie.

¿Y qué más? ¿Qué se necesita para danzar en ese elemento que no es nuestro?

  • Gafas de protección, un escudo contra el ardor.
  • Gorro de natación, domando la melena.
  • Aletas, para sentir el impulso, la velocidad.

Quizá unos tapones para los oídos, para silenciar el mundo exterior, para que solo quede el latido del corazón y el ritmo de la brazada. A veces, lo más importante es lo que se silencia. Y, si te adentras en aguas abiertas, una boya, un faro personal en la inmensidad. Una seguridad frágil.

El traje de neopreno, abrazo tibio, una segunda piel. Y unos escarpines, para proteger los pies del fondo áspero, de las piedras que hieren.

La piscina de mi infancia, el olor a cloro, las tardes infinitas de verano... Esas cosas, ¿las necesitas para nadar? Quizá no, pero sin ellas, ¿sería lo mismo? El agua es el principio, pero la memoria... la memoria lo es todo.

¿Qué necesito para nadar en el mar?

Aquí va...

Qué necesito para nadar en el mar...

  • Un traje de baño cómodo, sí, claro. Pero...¿cómodo para quién? El mío tiene una historia. Lo compré en aquel viaje a Tarifa, el verano después de... bueno, ya sabes. Cada vez que lo uso, me acuerdo. Es raro, un trozo de tela que te ata a un recuerdo.

  • Protector solar, imprescindible. No quiero quemarme como la última vez en la playa de Bolonia. Creí que el día estaba nublado y acabé como un tomate. Pero, es verdad, ¿a quién le importa realmente?

  • Gafas. Las mías están rayadas. Veo el mundo como a través de una lente sucia, incluso bajo el agua. Supongo que es una buena metáfora.

  • Chaleco salvavidas o boya. Mmm... Nunca me he alejado tanto de la costa. No creo que me haga falta. Aunque... la idea de desaparecer en el azul tiene algo de atractivo, ¿sabes?

  • Hidratación. Siempre se me olvida la botella de agua. Y luego me arrepiento. Sed y arena en la boca. Así es la vida, supongo.

Algo más que te puedo contar...

  • La primera vez que vi el mar de noche, me asusté. Era negro, inmenso, como un abismo sin fondo. Luego me acostumbré. Ahora me gusta sentarme en la orilla y escuchar las olas. Me calman.

  • A veces, me imagino que el mar me habla. Me cuenta secretos que nadie más puede oír. O quizás es solo el sonido del viento y mi imaginación.

  • Hace años, encontré una concha en la playa. Era perfecta, lisa, blanca. La guardé durante mucho tiempo. Un día, la perdí. Nunca la volví a ver. Como tantas otras cosas.

¿Cuánto tiempo se recomienda nadar?

La natación, como un buen vino, necesita su tiempo para madurar sus beneficios. La OMS te pide mover el esqueleto 30 minutos al día si eres adulto, y el doble si aún estás en pañales (¡figurativamente, espero!).

Se recomienda nadar unos 45-60 minutos, tres veces por semana, durante al menos seis meses. Así que ya sabes, ¡a mojar el trasero con constancia!

  • ¡Ojo al dato! No te emociones como un pez fuera del agua. Empieza poco a poco, como cuando pruebas la piscina por primera vez y el agua está helada.

  • ¿Por qué la natación es guay? Pues porque es como un gimnasio acuático: ejercitas todo el cuerpo sin destrozar las articulaciones. ¡Ideal para los que ya tenemos unos añitos y las rodillas crujen como una puerta vieja!

  • Beneficios a tutiplén: mejora la circulación, fortalece los músculos (¡adiós a los michelines!), y te deja más relajado que un monje budista en un balneario.

Y ahora, un chascarrillo: ¿Qué le dice un nadador a otro? "¡Nos vemos en la piscina, pez!" Jajaja, ¡qué malo soy!

¿Qué pasa en tu cuerpo cuando haces natación?

¡Ay, la natación! Te voy a contar, como si fuéramos cotillas en un balneario.

¡Tu cuerpo se pone como una moto acuática! Empiezas a usar músculos que ni sabías que tenías, ¡hasta los del dedito gordo del pie!

  • El corazón se infla como el pecho de un pavo real, bombeando sangre como si no hubiera un mañana.
  • Tus pulmones, que normalmente están vagueando como yo un domingo, ¡se ponen a trabajar como esclavos en las pirámides!
  • Las articulaciones se lubrican mejor que el pelo de un anuncio de champú, ¡adiós crujidos!

Y luego está lo de sentirse ligero como una pluma... bueno, una pluma después de comerse un cocido, más o menos.

Ahora, la letra pequeña:

  • Ojo con el cloro: ¡reseca más que el desierto del Sáhara! Usa crema, ¡por el amor de Neptuno!
  • El hambre post-natación: es como si tuvieras un agujero negro en el estómago. Yo me zamparía una paella entera sin pestañear.
  • Las gafas de nadar: ¡marcas más que un bronceado en Benidorm!

Y, oye, si ves a alguien haciendo el "perrito" en la piscina, ¡no te rías! Quizás solo está empezando, como yo con el punto de cruz... ¡un desastre!

¿Qué estimula la natación?

¡Uf! Recuerdo el 20 de julio de este año, en la piscina municipal de Carabanchel. El agua estaba gélida, ¡qué contraste con el sol de justicia que caía! Sentí un escalofrío delicioso al entrar, ese choque térmico que te deja sin aliento… pero luego, ¡qué paz!

La natación, para mí, estimula la mente. Es una meditación activa. Te olvidas de todo. Ese día, pensaba en el trabajo, en esa reunión que me tenía agobiado, y al nadar… ¡pum! Desapareció. Simplemente me centré en la brazada, en la respiración, en el agua… Sentí una liberación, una limpieza mental increíble. La tensión se fue como si la llevara el agua misma.

A nivel físico, ¡claro que sí! Mejora la resistencia. Noté los músculos trabajando, sin sentirme agotada. Sentí la fuerza en las piernas, en los brazos… y esa sensación de bienestar después… ¡impagable! No solo eso, la flotabilidad hace que no notes el peso del cuerpo, perfecto para mis rodillas que están algo maltrechas.

Esa tarde, después de nadar, cené ligero y dormí como un tronco.

  • Beneficios físicos: resistencia muscular, fuerza, salud cardiovascular.
  • Beneficios mentales: reducción del estrés, mejora del estado de ánimo, concentración.
  • Beneficios para las articulaciones: impacto bajo.

El agua, a 26 grados, era perfecta. Esa tarde me ayudó a superar la ansiedad que me tenía agobiada. ¡Volveré! 200 metros libres y 100 espalda. Eso es lo que hice. Dejé de pensar en lo malo de mi trabajo. Escapé a mi oasis acuático. Simple y eficaz. Necesitaba eso. Y lo conseguí.

¿Qué te hace la natación en el cuerpo?

La natación: un festín muscular y cardiovascular.

La natación es, sencillamente, magnífica. No solo tonifica, sino que trabaja de manera simultánea dos tercios de la musculatura corporal. ¡Piénsalo! Es como un entrenamiento integral, ¡pero en el agua! Para mí, esa es su magia. Eso sí, a veces me olvido de la crema solar y... ¡ay, las quemaduras! Este año, he aprendido la lección.

Beneficios cardiovasculares innegables. Como ejercicio cardiovascular, la natación es imbatible. Mejora la capacidad pulmonar, la circulación sanguínea... ¡hasta la salud del corazón! Mi cardiólogo, el Dr. Álvarez, siempre me lo recomienda. El bajo impacto articular, un punto a favor para personas de todas las edades, incluso para mí, que ya he superado los cuarenta.

Flexibilidad y fuerza, un binomio perfecto. La resistencia al agua obliga a un esfuerzo constante que no solo fortalece, sino que aporta una flexibilidad excepcional. Noté una mejora notable en mi postura y movilidad tras unos meses practicando de forma regular. Ahora hago series de 200 metros, ¡antes me costaba 50!

Un poco de filosofía acuática (para variar). La natación, más allá de la mera actividad física, implica un diálogo silencioso con el agua. Es una meditación activa, donde el cuerpo fluye, se adapta, se desafía constantemente.

  • Tonificación muscular: Trabaja la mayoría de los grupos musculares.
  • Cardiovascular: Excelente para el sistema cardiovascular, mejorando la salud del corazón y pulmones.
  • Bajo impacto: Ideal para personas con problemas articulares o de movilidad.
  • Flexibilidad: Aumenta la flexibilidad y la movilidad articular.
  • Resistencia: Mejora la resistencia física y la capacidad pulmonar.

Este año, además de mis series habituales, he añadido ejercicios con tabla y aletas para mejorar la técnica y la potencia. La verdad, ¡estoy enganchado! ¡La natación es vida!