¿Qué son las habilidades según la OMS?

226 visualizaciones
La OMS (1999) define las habilidades para la vida, o competencias psicosociales, como la capacidad de un individuo para afrontar exitosamente las exigencias y desafíos de su día a día. Esencialmente, son herramientas clave para navegar por la vida.
Comentario 0 me gusta

¿Cuál es la definición de habilidades para la vida según la OMS?

Pues mira, según recuerdo, la OMS, allá por el 99, solía decir que las habilidades para la vida, o competencias psicosociales, es como tener esa chispa, ¿sabes?

Esa capacidad para que uno, en el día a día, pueda lidiar con todo lo que te echa encima. No solo sobrevivir, sino hacerlo bien.

Me acuerdo una vez, creo que fue en el 2018, aquí en Madrid, cuando estuve lidiando con unos trámites burocráticos que me sacaron de quicio. El papeleo.

Ahí me di cuenta de verdad lo que significaba tener esa resiliencia, esa calma para no tirarlo todo por la ventana.

Es como ser un buen navegante en medio de la tormenta, pero sin que te falte el mapa.

La cuestión es que no es algo fijo, ¿entiendes. Va evolucionando contigo.

Yo, por ejemplo, he notado que después de aquella experiencia, soy más paciente, menos propenso a frustrarme rápido.

Son esas herramientas internas que te dan el empuje para no quedarte paralizado ante un problema, por más pequeño que sea.

Es un poco como cuando aprendes a montar en bici, al principio te caes, pero luego, sin pensarlo, vas.

Habilidades para la vida según la OMS

Las habilidades para la vida, o competencias psicosociales, son la capacidad de una persona para afrontar las demandas y desafíos de la vida diaria. Lo definió la OMS en 1999.

Competencias psicosociales

Se refieren a la habilidad para manejarse de forma efectiva y adaptable en situaciones cotidianas.

Definición OMS 1999

Habilidad para enfrentarse exitosamente a las exigencias y desafíos de la vida diaria.

¿Cómo se definen las habilidades?

Las habilidades son un conjunto de capacidades, competencias, atributos, talentos y conocimientos que caracterizan a las personas.

Mira, es que no es tan complicado como lo pintan. Una habilidad es simplemente saber hacer algo, tener la maña para ello. No es solo el conocimiento que tienes en la cabeza, sino la capacidad de ponerlo en práctica. Y eso es lo que te define al final del día.

Hay que diferenciar, porque no es lo mismo saber usar un programa informatico que saber calmar a un cliente enfadado. Una cosa son las habilidades duras, las técnicas, las que se aprenden con un manual. Y luego están las otras, las que de verdad importan.

Las habilidades blandas son otro rollo. La comunicación, la empatía, el trabajo en equipo... eso no te lo enseñan en la universidad, o por lo menos no bien. A mí me costo horrores aprender a delegar trabajo en mi primer proyecto, te juro que quería hacerlo todo yo y así no se puede.

El año pasado tuve que aprender a usar un CRM nuevo, el Salesforce, para el trabajo y fue un lío, eso es habilidad dura. Pero lo que de verdad me sirvió fue saber colaborar con el equipo de ventas para entenderlo, y eso, amigo, es habilidad blanda. Y es lo que mas valora la gente.

Te dejo una lista de las que están pidiendo en todos los trabajos ahora mismo, para que veas por dónde van los tiros este año:

  • Comunicación efectiva: Saber hablar y, sobre todo, saber escuchar. No es coña.
  • Resolución de problemas complejos: Apagar fuegos, vamos. Encontrar soluciones creativas cuando todo se va al garete.
  • Pensamiento crítico: No creerte la primera cosa que lees en internet y analizarlo todo un poco.
  • Liderazgo e influencia social: Saber guiar a un equipo sin ser un tirano. Crear buen rollo.
  • Inteligencia emocional: Esta es la reina de todas. Entender por qué te sientes como te sientes y por qué los demás actúan como actúan. Es clave, clave.
  • Análisis de datos: Entender qué dicen los números y usarlos para tomar decisiones.
  • Conocimientos de IA y machine learning: Esto está hasta en la sopa ahora, es una locura.

¿Qué son las habilidades para la salud?

Las habilidades para la salud son destrezas psicosociales fundamentales. Su desarrollo mejora el rendimiento personal diario, impulsando comportamientos saludables en dimensiones física, mental y social.

Mira, las habilidades para la salud no son como aprender a hacer malabares con naranjas, que aunque mola, no te salva de un resfriado. Son más bien ese superpoder invisible que te permite no tropezar con la misma piedra emocional cada lunes. Un rollo, sí, pero útil. Como llevar calcetines impares.

Básicamente, si las cultivas, tu cerebro se vuelve como un GPS para el bienestar, pero sin voz de señora mandona. Te ayudan a navegar el día a día sin acabar más quemado que una tostada de microondas. ¿Te imaginas? Podrías incluso recordar dónde dejaste las llaves, ¡milagro!

Y no hablamos de solo comer brócoli, que aburrido, ¿verdad? Esto va más allá, como saber decir no cuando tu suegra insiste con la tarta de queso (aunque esté rica). O gestionar el estrés sin que te salgan tres canas de golpe, como me pasó este año con la declaración de hacienda.

Son cosas como comunicarte sin acabar en un malentendido más grande que el ego de un youtuber. O resolver problemas que parecen más enrevesados que mis auriculares después de diez minutos en el bolsillo. A veces una se lía, pasa.

Yo, por ejemplo, antes era un caso perdido. Me pasaba la vida dándole vueltas a todo, como un hámster en su rueda, y me olvidaba de cosas importantes. Mi madre siempre me dice que tengo la cabeza en las nubes. Pero he mejorado, un poquito. ¡Este año, solo perdí las gafas una vez!

Así que, sí, invertir en tus habilidades psicosociales es como ponerle un blindaje a tu espíritu. Te permite ser más resiliente y, honestamente, menos fastidioso contigo mismo. Piensa en ello como tu chaleco antibalas emocional, pero que además te ayuda a elegir la serie correcta en Netflix.

¿Qué son las habilidades para la vida según la OMS?

¡Uf, lo de las habilidades para la vida! La OMS dice que son como herramientas para afrontar lo que venga. No es solo saber cosas, ¿sabes? Es más bien cómo te manejas tú. Como en el curro, que tienes que estar listo para todo, ¿no? Esa definición de 1999 me suena... ¿será que ha cambiado mucho? A veces siento que no sé ni cómo respiro, ¡así de complicado puede ser todo!

Y sí, competencias psicosociales, qué palabrejas. Básicamente, es no ahogarte en un vaso de agua. Que si un problema, que si una bronca, que si el qué dirán. Poder con todo eso sin venirse abajo. Yo, por ejemplo, me estreso un montón con los horarios. Pero luego me doy cuenta de que si respiro hondo, pues se soluciona. ¡No es magia, eh!

Lo de la OMS y su definición... creo que siguen con lo mismo, ¿o no? Siempre es esa idea de adaptarse y resolver. Como cuando cambié de casa el año pasado, ¡vaya lío! Pero al final, tirando para adelante. No te queda otra.

  • Adaptabilidad
  • Resolución de problemas
  • Manejo del estrés (¡mi asignatura pendiente!)

Y esto va para todos los días, no solo para las crisis. Desde elegir qué desayunar hasta hablar con mi jefe. Todo cuenta. Es como un entrenamiento constante.

Pues eso, habilidades para la vida son básicamente el kit de supervivencia personal. Para que no te pille desprevenido la vida, ya sabes. Te ayuda a tomar decisiones, a comunicarte bien con la gente. Y conocerse a uno mismo, que eso es lo más difícil.

Añadir a todo esto, la OMS también menciona el pensamiento crítico. ¡Importantísimo! No creerte lo primero que te dicen, ¿entiendes? Y la toma de decisiones, claro. Saber qué camino coger. Y las relaciones interpersonales, que sin gente no eres nadie. Y gestión emocional, que eso sí que es un lío a veces. Me doy cuenta de que si no gestionas lo que sientes, todo se va al garete. Como cuando me enfado por una tontería y luego me arrepiento. Uf. La autocognición también, saber tus puntos fuertes y débiles. ¡Si te conoces, te va mejor!

¿Qué se entiende por habilidades para la vida?

Las habilidades para la vida son destrezas psicosociales. Estas capacitan a las personas para afrontar de forma efectiva las exigencias y desafíos cotidianos, facilitando el aprendizaje continuo de cómo vivir.

Mira, es como tener un cajón de herramientas invisible en la cabeza, pero para el alma. Sin estas habilidades, la vida se convierte en una especie de carrera de obstáculos con los ojos vendados, o peor aún, intentando abrir un coco con una cuchara de plástico. ¡Un desastre!

Porque, seamos sinceros, la vida nos lanza cada curva que ni un piloto de Fórmula 1. Y no me refiero solo a los grandes dramas, no. Hablo de los pequeños martirios diarios. Por ejemplo, decidir qué comer cuando la nevera está más vacía que la agenda de un fantasma en 2024. O intentar no perder los papeles cuando el wifi va más lento que yo un lunes por la mañana. ¡Un horror!

Mi primo, el Manuel, el otro día me dijo que no sabía decir que no. Acabó ayudando a cinco vecinos a mudarse y se quedó sin comer. ¡Imagínate! Yo le dije, chaval, eso es una habilidad para la vida que te hace falta pulir, ¡urgente! Es como un superpoder, pero en vez de volar, consigues decir "hoy no, gracias".

Hay unas cuantas que son la crema de la crema, las joyas de la corona, lo que te distingue de un espárrago. Algunas de esas esenciales que todos deberíamos tener, y que me costó aprender a mí (todavía me cuesta alguna):

  • Autoconocimiento: Saber quién eres de verdad, no el que tus padres o tu jefe creen que eres. Es como desempacar tu propia maleta mental y ver qué tienes dentro. ¡A veces hay calcetines sin pareja, otras un tesoro!
  • Empatía: Ponerte en los zapatos de otro sin que te aprieten. Es esencial para no ir por la vida atropellando sentimientos ajenos, ¿sabes? Como cuando mi vecina se puso a llorar porque su gato se comió su planta favorita. Entenderla, joder.
  • Comunicación asertiva: Hablar claro y fuerte, pero sin sonar como un sargento. Saber pedir lo que quieres sin que te tomen por tonto, o lo que es peor, por un borde. ¡Un arte, vamos!
  • Pensamiento crítico: No creerte la primera cosa que lees en internet, ni la segunda. Es como tener un detector de bulos personal, para que no te vendan la moto con ruedas cuadradas.
  • Manejo de emociones: Controlar ese volcán que a veces tienes dentro, para no explotar por una tontería. Es difícil, lo sé, yo el otro día con el tráfico casi me convierto en un Gremlin.
  • Resolución de problemas: Encontrar la salida al laberinto, incluso cuando no hay ni mapa ni linterna. Saber apañártelas cuando la tostadora escupe fuego, por ejemplo. O cuando la lavadora hace ruidos raros, ¡que susto!

Sin estas, la vida es como un videojuego sin trucos. Se puede, sí, pero con muchas más pantallas de Game Over. ¡Y nadie quiere eso!

¿Qué son las habilidades para la salud?

Las habilidades para la salud son destrezas psicosociales que mejoran la capacidad personal para una vida diaria plena, promoviendo bienestar físico, mental y social.

Vaya, eso suena un poco a libro, ¿verdad? Pero créeme, cuando te falla una de esas cosas... es un agujero negro. El mes pasado, por ejemplo, sentía el cuerpo como un trapo. Llevaba semanas arrastrándome, la oficina, el trabajo extra, luego la casa. No paraba. Mi cabeza, un martillo constante, pum, pum, pum.

Un martes, era ya casi de noche, como las siete y pico, fui a la Panadería Vecina, esa que huele a pan recién hecho y café por la calle Pío XII aquí en Madrid. Quería un pan con tomate, algo sencillo. El ambiente era cálido, pero yo tiritaba por dentro, ¿sabes? Un frío raro. El vapor de la taza de café me empañaba los lentes.

Estaba agotada, irritada. Una amiga, Laura, me preguntó si estaba bien. Y ahí, sentada en esa silla dura de madera, con el ruido de las tazas chocando y la gente hablando a mi alrededor, me di cuenta de que no, no lo estaba. No sabía ni pedir ayuda, ni poner límites. Era como si la palabra "no" se me atascara en la garganta. Qué frustrante.

Cada noche, el mismo ritual. Abría el portátil, veía mil correos. El cuello se me tensaba, los hombros rígidos como rocas. No dormía bien. Daba vueltas y vueltas, la cabeza procesando listas infinitas. Era un ciclo vicioso. Mi energía se esfumaba, y mis ganas de ver gente, de hacer algo que no fuera trabajar, también.

Laura, mientras le daba un sorbo a su zumo, me dijo algo tan simple que me chocó. "Tienes que aprender a delegar, tía. Y a decir que no". Me quedé pensando. ¿Delegar? ¿Yo? Siempre he sido la que lo hace todo. Pero claro, la sobrecarga me estaba pasando factura a nivel físico y también en cómo trataba a los demás. Estaba insoportable.

Al día siguiente, con un nudo en el estómago, hablé con mi jefe. Sudaba de los nervios. Le planteé que necesitaba ajustar mis tareas. No fue fácil. La voz me temblaba un poco. Pero lo hice. Y también, por primera vez en mucho tiempo, rechacé un plan que no me apetecía para irme a caminar al parque. Priorizar el autocuidado.

Fue raro. Caminando por el Parque del Retiro, con el sol de la tarde filtrándose entre los árboles, el aire fresco me pegaba en la cara. Me sentía ligera, aunque fuera por un rato. Los pájaros cantaban. No había ruido de teclado. Solo el crujido de las hojas bajo mis zapatillas. Era una sensación de libertad, de control sobre mi tiempo.

Esas "habilidades" no son solo cosas de psicólogos. Son las cosas que te salvan el día a día. Aprender a manejar el estrés, a comunicarte, a decidir qué es importante. Cosas que no te enseñan en el cole, pero que te hacen falta un montón. La gestión emocional es clave. Y créeme, se aprende.

Lo que aprendí de todo esto:

  • Decir no no es ser egoísta, es proteger tu espacio. Es vital para la paz mental.
  • Escuchar al cuerpo es importantísimo. Es la primera señal de alarma antes de que todo se descontrole.
  • Buscar apoyo no es debilidad. Mis amigos me ayudaron a ver lo obvio.
  • Pequeños cambios pueden hacer una gran diferencia. Empezar por una cosa, no intentar solucionarlo todo de golpe.

¿Cuál es su definición de habilidades de salud?

Habilidades de salud son las herramientas y estrategias necesarias para mantener, proteger y mejorar la salud en todas sus facetas. Suena tan técnico, ¿verdad? Pero en la quietud de la noche, bajo esta luz tenue, se siente como una lucha muy personal. Un susurro contra la oscuridad.

Uno aprende, o al menos intenta. Esas estrategias para no caer, para levantarse. Cuando el cuerpo pesa, cuando la mente no quiere. Como la vez que empecé a caminar por el parque a las 6 am, cada día, aunque doliera un poco el alma, no solo las piernas.

Proteger, mantener, mejorar. Se dice fácil. Es un trabajo constante, extenuante. No es algo que se logre y ya. Es un respiro hondo después de un día interminable, sabiendo que el mañana exigirá lo mismo. Otra vez.

A veces pienso en estos últimos meses. Mi espalda, esa molestia constante. Y el psiquiatra me dijo: necesitas aprender a decir no. Es una habilidad, ¿verdad? Decir no, aunque cueste, aunque te haga sentir culpable. Esa ha sido mi herramienta más reciente.

La salud, no solo el cuerpo. La mente, ese laberinto. Y el alma, que a veces se siente tan pequeña y cansada. Son todas las facetas, sí. Todo lo que te mantiene en pie, lo que te hace sentir algo. Todo lo que te impide rendirte del todo en medio de la madrugada.

Y en esta hora, uno piensa. Es fundamental poseerlas, cultivar estas habilidades.

  • Tipos de Habilidades Esenciales para la Salud:

    • Autogestión: Incluye la capacidad de planificar la alimentación, gestionar el estrés, establecer rutinas de sueño adecuadas y manejar enfermedades crónicas en el día a día.
    • Comunicación Efectiva: La aptitud para expresar claramente las necesidades de salud a profesionales, buscar apoyo social y participar activamente en decisiones médicas.
    • Toma de Decisiones Saludables: La habilidad de evaluar información, elegir entre diversas opciones de tratamiento o estilos de vida, y entender las consecuencias de cada elección.
    • Acceso a Recursos: Saber dónde y cómo buscar ayuda profesional, identificar fuentes fiables de información sobre salud y utilizar los sistemas de apoyo disponibles en la comunidad.
  • Importancia Clave de las Habilidades de Salud:

    • Prevención de Enfermedades: Reducen significativamente los riesgos de desarrollar afecciones al fomentar hábitos proactivos.
    • Mejora de la Calidad de Vida: Permiten vivir con mayor bienestar, autonomía y satisfacción, incluso frente a desafíos.
    • Resiliencia Personal: Fortalecen la capacidad de una persona para recuperarse y adaptarse ante adversidades o cambios en su estado de salud.
    • Independencia: Fomentan la autonomía en el cuidado propio, permitiendo a las personas tomar un rol activo en la gestión de su bienestar.

¿Cuáles son las habilidades personales ejemplos?

Las habilidades personales, a menudo denominadas blandas o "soft skills", son atributos esenciales que nos permiten interactuar eficazmente con el mundo y con nosotros mismos. No son meramente complementarias; son el andamiaje invisible de nuestra existencia social.

Aquí hay ejemplos fundamentales de estas competencias:

  • Autoconocimiento: La capacidad de comprender las propias emociones, fortalezas, debilidades, valores y motivaciones. Es la piedra angular para cualquier desarrollo personal genuino.
  • Empatía: La habilidad de ponerse en el lugar del otro, comprender sus sentimientos y perspectivas, incluso si no las compartimos. Una conexión profunda, más allá de la mera simpatía.
  • Comunicación Asertiva: Expresar ideas, sentimientos y necesidades de forma clara, directa y respetuosa, defendiendo los propios derechos sin violar los de los demás. Es un equilibrio delicado.
  • Relaciones Interpersonales: La destreza para establecer y mantener vínculos constructivos y saludables con otros, fomentando la colaboración y el entendimiento mutuo. Pura alquimia social.
  • Toma de Decisiones: La facultad de elegir entre diversas opciones, sopesando pros y contras, para alcanzar un objetivo o resolver una situación. Implica un poco de riesgo siempre.
  • Resolución de Problemas y Conflictos: Identificar la raíz de las dificultades y aplicar estrategias efectivas para encontrar soluciones, gestionando desacuerdos de forma constructiva.
  • Pensamiento Creativo: La capacidad de generar ideas originales e innovadoras, de ver nuevas conexiones y de abordar desafíos desde perspectivas diferentes. Escapar de lo obvio.
  • Pensamiento Crítico: Analizar y evaluar información de manera objetiva, identificando sesgos, formulando preguntas pertinentes y construyendo argumentos lógicos. Un filtro mental necesario.

Reflexionando sobre esto, pienso que la verdadera maestría no reside en poseer todas estas habilidades por separado, sino en la danza sutil entre ellas. Un buen pensador crítico sin empatía podría ser un erudito frío. Una persona muy empática sin autoconocimiento, quizás un blanco fácil para la manipulación. Me recuerda lo que me dijo mi tío abuelo sobre el ajedrez, que no basta conocer los movimientos; hay que entender el juego completo. O lo que sea.

La autenticidad brota de este conocimiento de uno mismo, permitiendo que la comunicación asertiva sea honesta y la empatía, sincera. Es un ciclo. El otro día, mientras ayudaba a mi hermana con su tesis, noté cómo el mero acto de escuchar sin juzgar, un acto empático sencillo, desbloqueó su propia capacidad de pensar críticamente sobre su argumento. Vaya, las cosas se interconectan.

El manejo de conflictos, por ejemplo, no es solo aplicar una técnica. Es usar tu empatía para entender la posición del otro, tu pensamiento crítico para desglosar el problema y, tu comunicación asertiva para proponer una solución. La vida rara vez presenta situaciones que requieran una sola habilidad de forma aislada.

Y la creatividad, a menudo vista como un don artístico, es en realidad una herramienta poderosa para la resolución de problemas. Cuando me quedé sin ideas para el logotipo de mi pequeño proyecto de software este verano, me obligué a mirar el problema desde otro ángulo. Funcionó. No es solo pintar o escribir, es ver posibilidades donde otros solo ven barreras. Es casi como una rebeldía intelectual, ¿no crees? Una necesidad imperiosa de desordenar para luego reordenar mejor.

La verdad, creo que estas habilidades definen mucho de quienes somos. No es solo lo que sabes, es cómo te mueves en el mundo. Siempre me ha intrigado esa idea de que la vida es una obra de teatro y nosotros, sus actores principales, estamos constantemente improvisando con estas habilidades en nuestro repertorio. Algunas veces desafinamos, claro. Mi perro, el pobre Rex, siempre me mira raro cuando me enredo con algo. Su juicio es implacable, pero eso es otra historia.

Así que, el desarrollo de estas competencias no es un lujo, es una inversión estratégica en uno mismo, en nuestras interacciones y en nuestra capacidad para navegar la complejidad de la existencia cotidiana. Vale la pena dedicar tiempo a afinar cada una. Aunque a veces uno se olvide, y le salgan las cosas un poco torcidas. Le pasa a cualquiera.

¿Cuáles pueden ser mis habilidades?

Habilidades personales:

  • Comunicación (oral y escrita)
  • Confianza
  • Resolución de conflictos
  • Organización
  • Atención al detalle
  • Administración del tiempo
  • Empatía

Pues sí, mis habilidades... A veces me siento un poco perdida pensando en esto. La comunicación, por ejemplo, es que es tan básica. Siempre estoy intentando explicar algo, en el trabajo, a mi hermana, a cualquiera. Ayer mismo, con el tema del informe de ventas de este año, tuve que ser muy clara con mi jefe. ¿Fui lo suficiente?

Y la confianza, esa es otra historia. No solo la que tengo en mí, sino que la gente confíe en lo que digo o hago. Mi amiga María siempre dice que le doy mucha confianza para contarme sus problemas. De ahí se enlaza con la resolución de conflictos, ¿no crees? Porque si no confían en ti, ¿cómo vas a mediar?

En casa con mis sobrinos, cuando se pelean por la tablet, siempre acabo yo en medio. Es un constante "yo lo cogí primero, ¡no es verdad!". Y ahí estoy yo, intentando buscar una solución para que no terminen llorando. Mi madre dice que soy buena para eso. ¿Será una habilidad o solo paciencia? A veces lo dudo.

La organización... ¡ay, la organización! Es un desafío diario. Mi escritorio es un caos, lo admito. Pero cuando hay un proyecto importante o un viaje, me pongo las pilas. Hago listas, muchas listas. ¿Eso me hace organizada? No lo sé. Tengo que ser más constante.

La comunicación oral y escrita las tenía por separado, pero van de la mano. No es lo mismo hablar que escribir. Un email claro puede salvarte el día. Me cuesta un poco más lo escrito, la verdad. Reviso mil veces antes de enviar.

La atención al detalle es algo que me acompaña desde siempre. Mi padre me enseñó a fijarme en todo, en las letras pequeñas. Y sí, suelo encontrar el error en la factura del teléfono o en un documento legal. A veces es agotador, porque veo fallos donde otros no ven nada. ¿Será una bendición o una maldición?

El tiempo. La administración del tiempo. ¡Quién pudiera! Intento con mi agenda de Google, bloqueando horas, pero siempre surge algo. ¿Cómo lo hace la gente para llegar a todo? Es algo que tengo que mejorar, de verdad que sí. Siempre llego un poco tarde a todo, ¡lo odio!

Y la empatía. Eso es tan importante. Poder ponerme en el lugar del otro. Entender por qué mi gato maúlla a las cinco de la mañana, aunque ya haya comido. O escuchar a un amigo sin juzgar. Creo que es una de mis habilidades más fuertes, o al menos, una que valoro mucho.

A veces pienso en otras cosas, ¿tendré buena persuasión? O quizás más creatividad... Tengo que pensarlo mejor. Mi hermana dice que tengo mucha capacidad de adaptación, eso es otra cosa importante hoy en día. Siempre estamos cambiando, así que adaptarse es clave.

¿Cómo se definen las habilidades blandas según la OMS?

Las habilidades blandas son el conjunto de capacidades para interactuar con otros y enfrentar situaciones mediante una toma de decisiones asertiva. Cita de Guerra-Báez (2024).

Vamos, que no es ciencia de cohetes. Las habilidades blandas según la OMS son, básicamente, el arte de no ser un cactus con patas en la vida social y laboral. Es esa magia que te permite navegar por el océano de las relaciones humanas sin que te hundas como un ladrillo en una piscina.

Son más escurridizas que un político en campaña, pero más necesarias que el cargador del móvil. Es la capacidad de interactuar con otros lo que marca la diferencia entre ser el líder de la manada o el que siempre acaba yendo a por los cafés. Una habilidad para la supervivencia, como saber hacer fuego con dos palos, pero en una oficina.

Mi primo intentó negociar una subida de sueldo y acabó aceptando regar las plantas del jefe. Cero en habilidades blandas. Una buena toma de decisiones asertiva te habría conseguido el aumento, un coche de empresa y la admiración de tus compañeros. O al menos no la regadera.

La OMS, que de esto sabe un rato, se puso seria y sacó una lista de las diez magníficas. Las Spice Girls de la vida adulta:

  • Autoconocimiento: Saber por qué te da por mirar la nevera 15 veces por hora aunque sepas que está vacía. Es conocer tus propios cables para que no hagan cortocircuito.
  • Empatía: La habilidad de entender que tu compañero está de mal humor porque su equipo de fútbol perdió, y no porque te odie en secreto. Es como tener WiFi para el cerebro ajeno.
  • Comunicación asertiva: Pedir que te devuelvan los 20 euros sin que parezca que estás declarando la Tercera Guerra Mundial. Un superpoder, de verdad.
  • Relaciones interpersonales: El truco para no acabar comiendo solo en la oficina mirando una pared.
  • Pensamiento crítico: Esa vocecita que te dice que no, que ese príncipe nigeriano que te escribe emails no te va a hacer millonario.
  • Manejo de emociones y sentimientos: No montar un drama nivel telenovela turca cuando se cae el internet. Respirar hondo y contar hasta diez. O hasta cien mil.