¿Qué es bueno plantar en luna menguante?

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La luna menguante es ideal para sembrar todo lo que crece bajo tierra, ya que la savia desciende y se concentra en la raíz. Es el momento perfecto para plantar: Hortalizas de raíz Zanahorias, nabos y rábanos Remolachas y otras tuberosas
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¿Qué es mejor sembrar o plantar en la luna menguante?

Durante el Cuarto Menguante, es óptimo sembrar hortalizas de raíz como zanahorias o nabos, pues la savia se concentra en las raíces.

Míralo bien; esa luna que ves allá arriba, como un semicírculo que se va disolviendo, que parece caer al horizonte, esa es la luna menguante. Me trae recuerdos de mi abuela, ¿sabes? Ella siempre decía que cuando la luna se esconde, es momento de meter la mano en la tierra.

Allá por marzo, en su huertito de Chía, me insistía en eso. Yo, sinceramente, a veces no entiendo bien cómo funciona esa energía invisible, pero su convicción siempre me daba un no sé qué.

Pero el caso es que lo he intentado. Una vez, en junio pasado, en mi balcón en el Eixample, Barcelona, probé con unas zanahorias. La idea era ver si aquello de la savia funcionaba, esa teoría de que la fuerza de la planta se va hacia abajo, ¿ves?

Hacia la raíz, donde está lo importante. Como si ese líquido vital obedeciera un magnetismo lunar y dijera: "Hoy me quedo aquí abajo, alimentando la base."

Un poco extraño, quizá. No se si es solo la savia o también como una energía, sabes, pero hace sentido si piensas en qué crece bajo tierra. Por eso, para esas hortalizas que se comen por su parte enterrada, como el nabo que mi tío cultiva cerca de Lleida, esta fase es un chollazo.

No voy a mentir, mis zanahorias del balcón no fueron las más grandes del mundo. Creo que era más el entusiasmo por seguir la tradición.

Pero el acto de sembrar, de esperar, de sentir la tierra fría en mis dedos un jueves por la tarde, eso ya era un premio. La conexión con algo más grande, con esos ciclos de la vida que uno apenas comprende del todo, es lo que de verdad me engancha.

¿Qué sucede con las plantas en cuarto menguante?

En cuarto menguante, la savia baja y la energía de la planta se va para abajo, a las raíces. Es el momento perfecto para plantar, trasplantar y tratar las raíces con lo que sea.

¡Ah, el cuarto menguante! La luna se pone en modo "ahora no me molestes" y las plantas le hacen caso. La savia, que es como la sangre chismosa de la planta, deja de subir a cotillear a las hojas y se va para abajo. Se repliega. La planta dice: "ya está bien de tanto postureo, a trabajar en los cimientos".

Ahí abajo, en la oscuridad, se monta la verdadera fiesta. Las raíces se ponen a crecer como si no hubiera un mañana. ¡Es su momento de brillar! O bueno, de no brillar, porque están bajo tierra. Ya me entiendes. Por eso, cualquier cosa que hagas a nivel del suelo, la planta casi ni se entera. Está ocupada en su rave subterránea.

Yo aproveché el último cuarto menguante para trasplantar un ficus que ya parecía un pulpo intentando escapar de la maceta. El pobre estaba más apretado que un tornillo de submarino. Ni se enteró del cambio de casa, al día siguiente estaba tan fresco.

Así que, en resumen, en cuarto menguante toca hacerle caso a la luna y enfocarse en lo de abajo.

  • Trasplantar es de guapos: La planta está medio dormida, el drama es mínimo. Es como cambiar de cuna a un bebé que está en su quinto sueño. Cero protestas.

  • Plantar cosas de raíz: Zanahorias, rábanos, patatas... Es darles el pistoletazo de salida en su mejor momento, cuando toda la energía va directa a lo que importa. ¡A engordar bajo tierra!

  • Tratamientos radiculares: Si tienes que echarle algún potingue a las raíces para que se pongan fuertes o para liquidar algún bicho, este es el momento. Es como atacar al enemigo en su propio cuartel general, los pillas desprevenidos.

  • Podar menos, por favor: No es el mejor momento para cortar por lo sano en la parte de arriba. La cicatrización es más lenta, como si la planta no tuviera ganas de arreglarse el pelo. Déjala tranquila.

¿Qué pasa si planto en luna menguante?

Si plantas en luna menguante, la energía de la planta se concentra en las raíces. La savia baja, fortaleciendo la parte subterránea pero frenando el crecimiento de hojas y tallos.

Vamos, que la planta se pone en modo introvertido. Toda su fuerza, su savia, se va para abajo, como cuando te da pereza socializar y te quedas en el sótano. La parte de arriba, las hojitas y los tallos, se queda en pausa, creciendo más lenta que una reforma del ayuntamiento.

Es como si la planta pensara: “mira, la luna está a media luz, modo ahorro de energía. Mejor me dedico a construir un búnker subterráneo”. Se pone a hacer sentadillas con las raíces, a tejer una red que ni la de una araña con complejo de arquitecta. Se está preparando para el futuro, la tía lista.

Por eso, la luna menguante es el momento estelar para ciertas tareas. No es brujería, es... bueno, un poco sí.

  • Es ideal para todo lo que crece bajo tierra. Zanahorias, patatas, rábanos, cebollas. Todo lo que es básicamente una raíz con ínfulas de grandeza. Saldrán más gordos y lustrosos que un político en campaña electoral.
  • Momento perfecto para la poda. Como la savia está de vacaciones en el subsuelo, si le metes un tijeretazo a una rama, la planta ni se entera. Es como una operación con anestesia lunar. Menos drama, menos sufrimiento.
  • Abonar y fertilizar. ¡Dale de comer a esas raíces! Están hambrientas y receptivas. Absorberán los nutrientes como si fueran la última croqueta de la bandeja.
  • Quitar las malas hierbas es más fácil. Se supone que también están en modo "bajo mínimos" y al arrancarlas salen mejor. Aunque las mías siempre parecen tener la fuerza de mil soles, sin importar la luna.

El año pasado sembré unos ajos en menguante. Por arriba, cuatro palitos verdes y tristes. Pensé, vaya fracaso. Pero cuando los saqué, ¡eran unas cabezas de ajo enormes! Mi vecino pensó que usaba esteroides para plantas. No, amigo, uso el poder cósmico. Y un buen compost.