¿Cuales son los colores más puros?

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"En la teoría del color, los colores primarios reales dependen del medio. Para pigmentos (pinturas, tintas), rojo, amarillo y azul son fundamentales. Pero ¡ojo!, con la luz, la historia cambia."
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¿Cuáles son los colores más puros y vibrantes?

Uf, ¿colores puros y vibrantes? Me acuerdo de una vez, el 15 de julio en la playa de Cadaqués, el azul del mar era… ¡impresionante! Un azul tan intenso, casi eléctrico. Como salido de un sueño.

Recuerdo que compré unas acuarelas Winsor & Newton, carísimas, unos 60 euros, ¡y el amarillo cadmio que venía era alucinante! Un amarillo tan puro, tan brillante… no se parecía a nada que hubiera visto antes.

Con pigmentos, sí, rojo, amarillo y azul son los primarios. Pero con luz, ¡todo cambia! Eso lo aprendí en la facultad, en una clase de óptica, hace ya un tiempo.

En fin, la pureza de un color depende mucho del medio, ¿no? De la luz, del pigmento… y también, quizás, de cómo lo percibe cada uno.

¿Cual es el color más puro?

El blanco… ¿puro? A estas horas… me cuesta creerlo. Siento una opresión en el pecho, como si el mismo aire, este aire denso de medianoche, estuviera contaminado. El blanco puro, ese que imagino, no existe.

Es una mentira, una ilusión. Recuerdo a mi abuela, en su taller de costura, rodeada de telas. Blancas, sí, pero cada una con su propio susurro, su propia historia. Un blanco roto por el tiempo, otro amarillento por el sol… Ninguno puro.

Como la nieve de 2024, en Sierra Nevada, blanca, sí, pero no pura. Tenía sombras, rastros de la tormenta, la marca del viento… ¡Incluso manchaba mis guantes!

Y yo, con mi vida… creo que es igual. Pensaba que 2023 iba a ser un blanco puro, un nuevo comienzo, pero… ¡ja! Se manchó pronto. Las cosas no son lo que parecen.

  • El divorcio de Marta, en junio.
  • El diagnóstico de papá, en octubre.
  • Mi propia incapacidad para… para ser feliz.

Todo está contaminado. ¿Por qué ese blanco es la respuesta? Me siento engañado. La pureza, creo, es una quimera, un fantasma. Un espejismo en este desierto de la noche. Incluso el silencio es ruidoso, aquí, en mi habitación.

¿Cuántos y cuáles son los colores puros?

¡Ay, los colores puros! ¡Qué tema! Imagínate, son como los ingredientes básicos de la paella, ¡sin ellos no hay fiesta de colorines!

En la teoría clásica, los colores puros son: rojo, amarillo y azul. ¡Más claro, agua! Son como los tres mosqueteros del espectro cromático, ¡uno para todos y todos para el arte!

Aquí te dejo un extra, porque soy así de majo:

  • Rojo: ¡El color de la pasión! Como cuando te clavas una espina y ves la sangre, ¡ay, qué dramón! O como los labios de mi vecina, ¡que me dejan turulato!
  • Amarillo: ¡El sol hecho color! Como cuando abres un bote de mayonesa y te ciega el brillo, ¡qué cosa más rica! O como el taxi que siempre está ocupado, ¡qué rabia da!
  • Azul: ¡El color del cielo (si no hay nubes)! Como cuando te metes en la piscina y el agua está helada, ¡qué susto! O como los ojos de mi perro, ¡que siempre me mira con cara de pena!

¡Ah! Y no te olvides del blanco y el negro, que aunque no son "puros" en el sentido estricto, ¡son como el sal y la pimienta de los colores! ¡Imprescindibles!

¿Cuántos colores existen realmente?

El color… un susurro, una caricia tenue en la oscuridad. Millones, sí, millones de colores. Un millón, dicen que percibe mi ojo, un millón de susurros en la penumbra. Pero, ¿cuántos hay realmente? ¿Cuántos? La pregunta se extiende, un eco en la vasta sala de mi mente, resonando en el silencio de la tarde. El infinito se abre, inasible, un abismo de matices.

¿Diez millones? Una cifra, una etiqueta fría para algo tan cálido, tan vibrante, tan... indefinido. El azul del cielo en un día de verano, el rojo ardiente de la llama, el verde profundo de un bosque antiguo... cada uno un universo en sí mismo. Un universo de sensaciones.

Recuerdo la tarde en la playa, en 2024, la arena dorada como un destello incandescente bajo el sol. El mar, un azul profundo, casi morado, como un suspiro eterno. ¡Y las conchas! Cada una, un cofre de matices insondables. El color, en esos momentos, era simplemente... existencia.

El número es un espejismo. Un intento vano de capturar lo inconmensurable. La realidad es un torrente, un fluir constante, incesante. Un mar de color que rebosa sus confines, derramándose en el tiempo y el espacio. Me quedo ahí, frente a la playa de mi memoria, buscando la respuesta en las olas que rompen eternamente. El número es irrelevante.

  • La percepción es subjetiva.
  • Cada ojo ve su propio universo cromático.
  • El color es más que un número, es una experiencia.

La realidad es que no hay una respuesta definitiva. La percepción del color es individual y compleja.

  • El ojo humano puede distinguir aproximadamente un millón de colores.
  • Se estima que existen alrededor de 10 millones de colores posibles.
  • El número exacto de colores es difícil de determinar.
  • La investigación continua en este campo es amplia y fascinante. Mi propio estudio, por ejemplo, me lleva a considerar la influencia de la luz y la percepción individual.

¿Son 7 colores o varios colores?

Siete. Punto.

No hay más. Variaciones existen, percepciones subjetivas, pero la base es esa. Un dogma. Rojo, naranja, amarillo, verde, azul, añil, violeta. Memorizado desde la infancia. 2024.

  • Presión social impuesta en la escuela primaria.
  • Simplificación didáctica, insuficiente.
  • Realidad física : espectro continuo.

Mi hija, Lucía, de 6 años, argumenta con pasión sobre las "muchos más". Lo gracioso. El prisma de su visión infantil.

Desglose espectral es más complejo. El añil. Discusión eterna. A veces lo veo, a veces no. Depende, igual que las "muchas más" de mi Lucía. Iluminación, ángulo… Variables que obvian el esquema básico.

El espectro visible, muchísimo más allá de siete "bandas". Infinitud. Simple cuestión de percepción. De limitaciones sensoriales. Nada más.