¿Qué ponerle al agua para hacer los pies?
¿Qué ingredientes para un baño de pies relajante?
¡Ay, qué rico un baño de pies! Recuerdo uno que me hice el 15 de julio en mi casa de la playa, en Cantabria. Necesitaba relajarme después de una larga caminata por la costa.
Usé sales de Epsom, como 200 gramos, que compré en el mercadona por unos 3 euros. Disolví la sal en agua tibia, casi caliente.
También eché unas gotitas de aceite esencial de lavanda, que me regalaron en Navidad. El aroma era una maravilla, tan relajante.
Me metí los pies y ¡uf! Qué alivio. Sentí como se iban mis tensiones. Quedé como nueva. Después, los sequé bien y me puse crema hidratante.
Para una pedicura en casa, además de la sal Epsom y los aceites esenciales, considero que un buen jabón suave es fundamental. También puedes usar bicarbonato de sodio para exfoliar, pero con cuidado, no lo uses mucho.
¿Ingredientes baño de pies relajante? Sales Epsom, aceites esenciales, vinagre blanco (opcional), leche (opcional), bicarbonato de sodio (opcional), pétalos de flores.
¿Qué se le puede echar al agua para hacer pedicure?
Aquí, en la oscuridad, mientras todos duermen... me pregunto si vale la pena.
- Sal Epsom. Sí, eso relaja. Recuerdo una vez, en casa de mi abuela, usaba sal para todo. Para los pies hinchados, para los dolores de espalda... supongo que algo de razón tenía.
- Aceites esenciales. Lavanda, quizás. A mi madre le gustaba la lavanda. Yo nunca entendí por qué.
- Vinagre blanco. Me pregunto si huele muy fuerte. Nunca lo he probado.
- Leche. ¿Leche? Suena raro, un poco asqueroso, pero recuerdo haber leído que Cleopatra se bañaba en leche. No sé si es verdad.
- Bicarbonato de sodio. Mi abuela también usaba eso. Para todo. Para la acidez, para la piel...
- Pétalos de flores secas. Romántico, supongo. Pero, ¿quién tiene tiempo para eso?
A veces pienso que todo esto... toda esta preocupación por la belleza... es una pérdida de tiempo. Pero luego me miro al espejo y... necesito sentirme mejor, aunque sea un poco.
¿Qué se le puede echar al agua para remojar los pies?
Vale, vale, voy a contarte mi "historia de pedicura casera", a ver qué te parece.
Bicarbonato, sin dudarlo. Es lo que uso yo.
Te cuento, hace un par de semanas, ¡qué horror! Estaba destrozada después de un finde en la Feria de Abril. ¡Ay, esos tacones! Mis pies clamaban venganza. Rojos, hinchados... un desastre total. Eran las 11 de la noche.
- Dolor punzante en los juanetes.
- Sensación de ardor bajo los dedos.
- Tobillos como balones de baloncesto.
Decidí que necesitaba un rescate urgente. Recordé que mi abuela siempre hablaba maravillas del bicarbonato para todo. Así que, a la desesperada, llené un barreño grande (de esos de la ropa, ¡sí!) con agua tibia, casi caliente, y le eché un buen puñado de bicarbonato, tal vez media taza o un poco más. No medí, lo hice a ojo.
Luego metí mis pies. ¡Uf! Al principio escocía un poco, pero luego... ¡qué alivio! Estuve ahí como 20 minutos, o más. Ese día puse música de Rosalía.
Después, me sequé los pies con mucho cuidado, me puse crema hidratante, unos calcetines gordos, ¡y a dormir! Al día siguiente, estaban mucho mejor. Ya no parecían pies de hobbit.
- Repetí el tratamiento al día siguiente.
- Estuve en la feria del pueblo otra vez.
- Ya aprendí a ir más cómoda.
Ahora lo hago cuando llego de correr también. Y le pongo unas gotas de aceite esencial de lavanda. ¡Es como tener un spa en casa! Y te digo, el bicarbonato es mi mejor aliado.
¿Cuál es la mejor mezcla para remojar los pies?
¡Ay, madre mía, la receta secreta para pies de princesa (o de hobbit, según el caso)! Aquí va la bomba, más efectiva que un masaje con calcetines de lana:
Bicarbonato de sodio, el rey de la exfoliación: Echa como media taza en un barreño. No te pases, que luego parece que tienes los pies empanizados. Es como darle un spa a tus pies, pero versión low cost y sin velas aromáticas (aunque si quieres ponerlas, ¡adelante, campeón!).
Agüita tibia, ni hirviendo ni helada: Aquí el truco es que esté como para nadar un rato, pero sin necesidad de flotadores. Unos 15-20 minutos es suficiente, ¡tampoco te vayas a convertir en una pasa!
Secado a conciencia, ¡como si no hubiera un mañana!: Importantísimo, que luego salen hongos más feos que una nevera por detrás.
Extra, extra, ¡que no te lo cuenten!
Sal Epsom, el "quita-dolores" oficial: Si te duelen los pies más que si hubieras corrido la maratón de Nueva York, añade un puñado de sal Epsom. ¡Milagrosa! Te lo digo yo, que una vez me torcí el tobillo persiguiendo un helado y esto me salvó la vida.
Aceites esenciales, el toque "chic" (opcional): Unas gotitas de lavanda, menta o eucalipto le dan un aroma a tu baño de pies que ni el mismísimo Christian Dior. Eso sí, ¡no te emociones! Que luego pareces ambientador con patas.
Piedra pómez, la "lija" de los pies: Después del remojo, dale caña a esas durezas con una piedra pómez. ¡Verás qué pies más suaves! Aunque luego no te quejes si te resbalas al andar.
¡Ojo al dato! Esto es como todo, si te pica, te irrita o te sale un tercer pie, ¡ve al médico! Yo solo te doy la receta, no soy podólogo (¡ojalá lo fuera, sería rico!).
¿Qué se usa para poner los pies en remojo y hacer un pedicure?
¡Pedicura casera! ¿Cómo lo hago? Ay, que pereza... pero mis pies lo necesitan. Agua tibia, eso seguro.
Necesitaré una palangana, la azul, esa que usé para pintar con mis sobrinos, ¡qué desastre! Mejor la limpio bien antes. Jabón... ¿el de manos? No, mejor el de lavanda que me regaló mi vecina, huele genial. A ver... ¿cuánto tiempo? 10 minutos. Pero ¿y si me aburro? A ver, pongo música, esa playlist nueva de salsa que me encanta.
¿Y después? ¡Secar! Toalla... la morada, la más suavecita. Ya, agua tibia + jabón de lavanda + 10 minutos + música salsa + toalla morada . ¡Sencillo!
Eso sí, ¿Qué más necesito? Ah, sí! lima para las uñas, ¿dónde está? ¡Ya la encontré! También necesito mi crema hidratante de karité, la adoro. Es super efectiva para las zonas resecas. Y mis esmaltes, ¡tengo que elegir color! Azul marino, ¿o rojo? ¡Qué difícil!
- Palangana (la azul, ¡recuerda limpiarla!)
- Jabón de lavanda
- Agua tibia
- Toalla morada (suavecita)
- Lima de uñas
- Crema hidratante de karité
- Esmaltes (¡a elegir!)
Hoy sí que me doy un capricho. Me lo merezco, después de esa semana tan ajetreada. Además, tengo una cita con Juan el sábado y quiero que mis pies estén impecables... ¡Ay, qué nervios! ¿Y si le gusta la salsa? ¡jajaja! ¡Qué tontería estoy pensando! Mejor me concentro en mis pies... y en el color del esmalte.
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