¿Qué hacer después de comer una comida muy salada?

66 visualizaciones
"Tras una comida salada, hidrátate con abundante agua y evita más sodio. Considera un té diurético suave. Una caminata ligera ayuda; luego, equilibra electrolitos priorizando alimentos ricos en potasio, como plátano o aguacate, en tu próxima comida."
Comentario 0 me gusta

¿Cómo contrarrestar el exceso de sal después de una comida?

Uff, qué lío cuando se me va la mano con la sal, me pasa seguido.

Siempre termino sintiéndome hincha, como un globo a punto de explotar.

Lo primero que hago, o bueno, intento hacer, es tomar un montón de agua.

Es como que mi cuerpo me lo pide a gritos, necesita diluir todo ese sodio acumulado.

A veces me preparo un té, como de manzanilla o de diente de león, eso creo que ayuda a ir al baño más rápido.

Y obvio, ya no vuelvo a picar nada salado por horas, cero snacks procesados.

Una caminadita suave también me sienta bien, como que me ayuda a mover las cosas, no sé cómo explicarlo.

Para la siguiente comida, si puedo, busco algo con potasio, tipo un plátano o aguacate.

Siento que eso como que compensa un poco el desastre que hice antes.

Una vez en la playa de Valencia, en agosto de 2022, comimos paella y ufff, parecía que me había tragado la arena del mar.

Volví a casa y estuve bebiendo agua sin parar, como si no hubiera un mañana.

Me acuerdo que hasta me tomé un yogur natural sin azúcar, buscando algo suave.

Y al día siguiente, ya estaba mucho mejor, pero la sensación de hinchazón tardó un poco en irse.

En fin, es un error que cometo, pero ahora ya sé más o menos cómo apagar el fuego.

El potasio ayuda a balancear los electrolitos.

Un té diurético puede ser útil.

Bebe abundante agua.

Evita más sal.

¿Cómo arreglar una comida que me quedó salada?

Para arreglar una comida salada, añade un chorro de agua, caldo o leche para diluir. También puedes equilibrar con ácido (limón, vinagre) o una papa cruda para que absorba el exceso de sal.

Uf, otra vez se me ha ido la mano con la sal. Las lentejas de hoy. incomibles. Siempre me pasa lo mismo. ¿Por que no aprendo a echarla poco a poco? Mi madre me lo decía, siempre al final, prueba y luego echa. pero yo no.

Ahora a arreglar este desastre. El truco de la papa. Siempre funciona. Pelar una papa, meterla en la olla y que cueza un rato. La papa, la papa es mágica, absorbe la sal que da gusto.

También podría echarle un chorrito de limón. El ácido como que engaña al cerebro, corta el sabor salado. O vinagre, pero el vinagre cambia el sabor de todo y no me fio. Con el estofado de ternera del sábado me salvó el limón.

Mi abuela decía que con una miga de pan duro también valía. La metía en la olla y luego la sacaba. Nunca lo he intentado, la verdad.

  • Añadir un almidón. La papa es el clásico. La cortas a la mitad, cruda y sin piel, y la dejas cocer 15 minutos en el guiso. Luego la quitas. También funciona con un puñado de arroz en una gasa.
  • Diluir con líquido. Si es una sopa o un guiso, lo más fácil es añadir más líquido: agua, un caldo sin sal, leche de coco... Aumentas el volumen y la concentración de sal baja, es pura lógica.
  • Equilibrar con ácido. Unas gotas de zumo de limón o vinagre de manzana. Neutralizan el sabor salado. Hay que ir probando, gota a gota, para no pasarse al otro extremo.
  • Un toque dulce. Una pizca de azúcar moreno o miel también ayuda a equilibrar. Suena fatal, pero en las salsas de tomate es la clave.
  • Aumentar los ingredientes. La solución desesperada. Doblar la receta sin añadir nada de sal. Luego lo juntas todo. Acabas con comida para un regimiento, pero la salvas.

¿Cómo arreglar una comida que me quedó salada?

Para arreglar comida salada, diluye con líquido o equilibra el sabor con acidez, dulzor o almidón.

Recuerdo, no hace mucho, un domingo de este año. Estaba preparando unas lentejas estofadas. Quería lucirme porque venían mis tíos. Todo iba bien, el sofrito, la verdura picadita. Le puse su caldito, las lentejas… y la sal. ¡Ay, la sal! En un despiste, la mano se me fue.

Probé un poco, una cucharadita. Y, ¡madre mía! Fue como beber agua de mar concentrada. Un ardor en la lengua, la boca seca de golpe. El susto fue tremendo. Mis tíos llegaban en una hora. ¿Tirar todo? Imposible, el tiempo apretaba y no tenía más lentejas. Sentí una punzada en el estómago.

Mi primer impulso fue añadir más agua. Pensé, si está concentrado, diluyo. Le eché un vaso, revolví, esperé unos minutos a que hirviera bien. Volví a probar. Sí, algo menos salado, pero seguía siendo incomible, un regusto amargo a sal. No, no funcionaba del todo. La misma sal, solo que más aguada.

Miré la despensa. ¿Qué tenía? Recordé un truco. Puse una patata grande, pelada y cortada en trozos. La idea es que la patata absorba el exceso de sal. Mientras cocía, pensaba en lo tonta que fui, cómo pude descuidarme así. El vapor de la olla me quemaba la cara mientras me asomaba.

Después de diez minutos, saqué un trozo de patata, la aplasté y probé. Uff, mucho mejor. La patata había hecho su trabajo. Pero aún quedaba un puntito. Luego, buscando en la nevera, vi el limón. Pensé: el ácido contrarresta la sal. Exprimí medio limón directamente en la olla. Y luego, una pizquita de azúcar, para redondear.

Volví a probar. ¡Eureka! El sabor había cambiado radicalmente. El toque salado estaba, sí, pero equilibrado por el limón y la pizca de azúcar. Estaba comestible, incluso rica. Mis tíos ni se dieron cuenta. Respiré aliviado. Esa tarde aprendí a la fuerza. Mi cocina, con sus baldosas blancas y esa olla azul grande, fue testigo de mi momento de pánico y triunfo.

Consejos extra que aprendí ese día:

  • Siempre prueba la comida antes de añadir sal. Es más fácil añadir que quitar.
  • Si usas caldos comerciales, ya tienen sal. Tenlo en cuenta al sazonar.
  • Ingredientes para equilibrar la sal:
    • Ácidos: limón, vinagre, tomate (si combina con el plato).
    • Dulces: una pizca de azúcar, miel o zanahoria rallada.
    • Almidones: patata, arroz, pasta (absorben parte de la sal).
    • Lácteos: crema de leche, yogur o leche si el plato lo permite.
  • Sirve con guarniciones suaves: arroz blanco o pan para ayudar a compensar la sal.
  • Añade más ingredientes principales si es posible. Por ejemplo, más verduras o carne sin salar al guiso.