¿Qué pasa cuando se pierde el sentido del gusto?

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La ageusia, o pérdida total del gusto, puede ser causada por infecciones, medicamentos, deficiencias nutricionales o incluso COVID-19. Afortunadamente, en muchos casos, tratar la causa subyacente permite recuperar el sentido del gusto.
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¿Qué sucede con la pérdida del sentido del gusto?

Uf, perder el gusto… ¡qué rollo! Recuerdo una vez, en julio del 2021, en plena ola de calor madrileño, me dio una gripe espantosa. No solo tenía la nariz taponada, sino que ¡no sentía el sabor de nada! Ni el gazpacho que me preparó mi abuela, ¡ni siquiera el helado de mango!

Fue un bajón. Afortunadamente, duró solo una semana, pero me dejó claro lo importante que es ese sentido. Investigando un poco después (aunque sin volverse loca con artículos científicos, eh), entendí que puede ser por mil cosas: infecciones, medicinas… hasta la dichosa COVID-19, que la sufrí mi prima en febrero de 2022. Ella tardó bastante más en recuperarlo.

Lo que sí aprendí es que casi siempre, si se trata la causa raíz, el gusto vuelve. En mi caso, fue la gripe; con reposo y mucho líquido, todo volvió a la normalidad. Ahora valoro cada sabor, mucho más, desde entonces.

¿Qué provoca la pérdida del gusto?

Uf, el gusto... ¿Qué lo jode?

  • Problemas de nariz y senos paranasales. ¡Alergias! Me revientan en primavera. Y sinusitis, que asco. ¿Pólipos? Suena feo eso.
  • Infecciones virales: Resfriado común, la influenza y el COVID. ¿Quién no ha tenido un resfriado? Todos, seguro. La influenza pega duro y el COVID ni se diga.
  • Medicamentos: Betabloqueadores y los inhibidores de la ECA, ¿será por eso que la comida me sabe diferente a veces?

¿Por qué justo esos medicamentos? ¿Cómo afectan las papilas gustativas? Mmm, igual tiene que ver con la circulación, no sé. ¡A investigar! O quizás es porque ya estoy viejo... Naaa, ¡imposible!

¿Será que si me tapo la nariz no siento el sabor? ¡A probar! Espera, antes, ¿qué cosas me gustan comer? A ver...

  • Tacos al pastor (obvio).
  • Pizza con extra queso.
  • Helado de chocolate (siempre).
  • El café de la mañana. Imprescindible, sino no arranco.

Si pierdo el gusto, ¡no sé qué haré! ¿Cómo voy a disfrutar de mis tacos? ¡Qué horror!

¿Qué comer cuando no puedes saborear ni oler?

Texturas. Crujiente, suave, masticable. Importa más de lo que crees. Al final, la boca solo recuerda eso. Acidez. Limón. Vinagre. Despierta algo, aunque sea por un instante.

  • Contraste. Frío y caliente. Fuerte y suave. El choque distrae, quizá engaña.
  • Visual. Presentación. Comer con los ojos. Siempre funciona.
  • Picante. No siempre es la respuesta. Pero a veces, quema lo suficiente para sentir algo. El dolor también es una sensación. ¿No?
  • Umami. Caldo concentrado. Setas. Sabor profundo, elemental. Lo probé en Kioto. Nada igual.

La ausencia de gusto es una condena. Peor que la sordera, diría. La sordera te aísla, la ageusia te vacía. El placer es la sal de la vida. Sin sabor, solo queda la supervivencia.

Información adicional: Este año, la investigación en neurogastronomía avanza. No es solo la lengua, es el cerebro. El sabor es una construcción. Se puede reconstruir. O al menos, eso dicen.

¿Qué hacer para estimular el sentido del olfato?

Olvida estímulos banales. Concentra tu atención.

  • Inhala profundamente. No es un juego.
  • Especias. Aromas fuertes, puros. No perfumes sintéticos.
  • Frutas frescas. Maduración, naturaleza. Mi abuela usaba peras.
  • Café recién molido. Intenso. 2024, mi cosecha personal.

Entrena tu nariz. No te conformes. Observa las sutilezas.

El olfato se agudiza con la práctica consciente. No es magia. Es disciplina.

Mi colección de esencias: incienso del Tíbet, 2024; rosas de mi jardín; piel curtida. Elementos. No copias.

Recuerda: la memoria olfativa es poderosa. Conéctate a la esencia. No a la etiqueta.