¿Cuáles son las 7 reglas para tener disciplina?
¿Siete reglas para tener disciplina? ¡Ay, Dios mío! Si alguien me hubiera dicho eso cuando mis mellizos, Mateo y Lucas, tenían dos años y la casa parecía un campo de batalla… Bueno, quizás hubiera necesitado más de siete reglas, ¡y un ejército de ayudantes! Criar hijos… ¡qué odisea! Es como navegar a la deriva en un mar de pañales sucios, berrinches y preguntas existenciales a las seis de la mañana. ¿De verdad alguien lo hace sin volverse loco?
La idea de “establecer normas claras”, ¡qué bonito suena en teoría! En la práctica… Recuerdo una vez, Mateo estaba jugando con mi teléfono, ¡y lo tiró al suelo! La rabia me inundó, pero respiré hondo, como me habían recomendado mil veces (aunque en ese momento, creo que conté hasta diez mil). ¿Por qué es tan difícil mantener la calma? Porque es nuestro instinto, supongo, defender lo nuestro de una posible invasión por parte de un pequeño ser con una fuerza desproporcionada para su tamaño. La clave, según leo por ahí, está en diferenciar entre el acto y el niño; es decir, el teléfono está roto, pero Mateo no es malo, aunque sea un pequeño terremoto. Eso, en teoría.
Y el ejemplo, dicen… Ah, sí, el ejemplo. Yo, que soy la primera en llegar tarde y en olvidar dónde dejé las llaves. ¿Cómo enseño puntualidad? Pues, con mucho esfuerzo, intentando llegar al punto de decir "ahora mamá va a ser puntual como tú, y mira que es difícil". Debo admitir que aún estoy en camino.
Los berrinches… ¡esa es otra historia! Un festival de pataleo, llantos y gritos que te dejan sin aliento. He llegado a pensar que eran como pequeños volcanes a punto de erupcionar, y a veces yo era la lava hirviente que salía por los costados. La calma… ¡qué palabra más difícil de pronunciar en medio del caos! Pero insisto, la práctica ayuda. Aunque a veces, ¡ay, Dios mío! casi siento la necesidad de unirme a la fiesta del berrinche, simplemente para liberarme. Afortunadamente, no lo he hecho. Aún.
Constancia y responsabilidades… sí, eso es vital. Pero ¿cómo lo hago con dos diablillos que ven la palabra “deber” como si fuera un insulto? El otro día, intenté que recogieran sus juguetes. Eso me llevó una hora de negociaciones, regalos, y hasta una amenza "si no lo haceis, no hay pizza". Y al final, los recogí yo. Sé que no es lo ideal, pero a veces… ¡la paciencia se agota! Como dicen por ahí, "el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones". Y a veces el infierno es simplemente el desorden desatado.
Asignar responsabilidades… A partir de los siete años, les asigné pequeñas tareas domésticas. Es como un entrenamiento militar para desarrollar la disciplina, pero les doy mucho cariño para endulzar la amargura. Eso sí, aún estoy aprendiendo a ser constante. Es un camino largo, duro y agotador. Pero verlos crecer, aprender, y convertirse en personas responsables… Eso no tiene precio. Vale la pena cada lágrima, cada grito, cada momento de desesperación. Vale la pena todo el esfuerzo. Porque al final, lo que importa es el amor, la paciencia y… ¡muchísimo café!
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