¿Cuánto tiempo dura el dolor por una ruptura amorosa?

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El dolor por una ruptura amorosa suele durar entre 6 meses y 2 años, según la Asociación Norteamericana de Psicología. La duración varía según la relación, la dependencia emocional y las circunstancias de la ruptura. Es crucial permitirse sentir y no apresurar el proceso de sanación.
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¿Cuánto tiempo dura el dolor de una ruptura? Ay, esa pregunta… como si hubiera una fórmula mágica, ¿verdad? Como si pudieras medir el desamor en meses, como si fuera una receta de cocina. Según los "expertos" – la Asociación Norteamericana de Psicología, para ser exactos – dicen que entre seis meses y dos años. Seis meses… dos años… ¡uf! Suena a una condena, ¿no?

Pero, ¿quién puede decirlo realmente? Yo recuerdo cuando terminé con Alberto… creía que mi corazón se había partido en mil pedazos. Literalmente. Sentía que iba a morir, que nunca más iba a ser feliz, que el sol se había puesto para siempre. Duraba… dos años, creo. Quizás más. No te voy a mentir, llegué a pensar que me quedaría así para siempre, un espectro de lo que fui.

Después, conocí a David. Y aunque no olvido a Alberto, el dolor se fue… difuminándose, como la tinta en el agua. No desapareció del todo, es como una cicatriz, una marca que me recuerda lo que aprendí.

Depende de mil cosas, ¿sabes? De lo intensa que fuera la relación, claro. Si dependías emocionalmente de esa persona… ¡madre mía! Eso te deja KO durante un buen tiempo. Y también las circunstancias… ¿Te dejó? ¿Lo dejaste tú? Son heridas diferentes, sanan de forma distinta. Recuerdo a mi amiga Ana, la dejaron por mensaje… ¡por mensaje! A ella le costó mucho más, casi tres años estuvo en terapia, imaginate.

Así que, no hay una respuesta definitiva. Es como preguntar cuánto tiempo te va a llevar aprender a tocar el piano… depende de ti, de tu dedicación, de tus ganas de seguir adelante. Lo importante es ser honesta contigo misma, permitirte sentir el dolor, llorar si necesitas llorar, gritar si necesitas gritar… no intentar acortar el proceso. La vida sigue, aunque a veces parezca que no. De eso estoy convencida. Y, aunque no lo creas, un día te darás cuenta que ya no duele tanto. O al menos, ya no duele igual.