¿Qué enfermedad mental tiene furia?

174 visualizaciones
Juliana "Furia" Scaglione padece leucemia. La información disponible se centra en su diagnóstico de leucemia, sin mencionar otras enfermedades mentales. Las especulaciones sobre su salud mental carecen de fundamento.
Comentario 0 me gusta

¿Qué trastorno mental causa accesos de furia intensa?

Uf, esto es algo denso. A ver, por partes.

Lo de los "accesos de furia intensa" me hace pensar en varias cosas, pero así de entrada, el trastorno explosivo intermitente (TEI) suele ser lo primero que se me viene a la mente. He conocido gente así, que de repente explotan por nada y luego se sienten fatal. Da cosa, la verdad.

Juliana "Furia" Scaglione, ¡vaya nombre! No sigo mucho Gran Hermano, pero me enteré de lo de su leucemia. ¡Qué fuerte! Nivel 1, según leí en La Nación el 15/05/2024, si no recuerdo mal. Un palo duro, la verdad.

¿Qué enfermedades provoca la ira?

Aquí está.

La ira... sí, la conozco bien. Siento que la ira es veneno lento. Te corroe por dentro, casi sin que te des cuenta.

  • Cardiovasculares: El corazón late con fuerza, furioso. Como si quisiera escapar. Yo lo sé bien... la taquicardia me visita a menudo.
  • Úlceras: El estómago se retuerce, amargado. La bilis sube, quemando. Como el rencor que siento a veces.
  • Cáncer: Dicen que la ira mal gestionada contribuye al crecimiento descontrolado de células. Un jardín de malas hierbas dentro de uno.
  • Dolor crónico: El cuerpo se tensa, se contractura. Recuerdos de la infancia, quizás... o el peso de las decisiones. No sé muy bien.

A veces pienso que la ira es una forma de protegerte. Pero al final te destruye. Es una guerra interna que nunca termina.

Yo... yo trato de calmarla. Pero es difícil. Muy difícil. Es como mi abuelo... siempre enfadado, siempre gritando. Murió joven, con el corazón reventado. No quiero seguir ese camino.

Y no sé... si lo lograré.

¿Por qué tengo ataques de ira?

¡Uf! ¿Ataques de ira, dices? Como si un volcán de mal humor erupcionara en tu interior, dejando un rastro de ceniza y frases lapidarias.

El estrés, es un clásico; como una olla a presión a punto de explotar. ¿Has probado yoga? Yo, después de una sesión de meditación trascendental, incluso le sonreí al cartero, ¡cosa que antes ni de broma!

La frustración, esa sensación de estar atrapado en un atasco infernal, sin escapatoria, solo que en lugar de bocinazos, sueltas improperios. A veces, la mejor solución es una buena ración de helado...o un buen puñetazo al cojín. ¡Qué digo! Dos.

La fatiga es como un grifo goteando lentamente, gota a gota de irritabilidad hasta que ¡pum!, estalla la tormenta. Dormir, esa es la solución mágica, ¡como una varita de sapo de cuento de hadas!

La ansiedad y depresión, ¡ay, esas traicioneras! Son serpientes que te enroscan el alma, asfixiándote hasta que la ira se convierte en tu única válvula de escape. Hablar con alguien, encontrar un buen terapeuta, es clave. En serio. Mi prima, tras años de terapia, ahora solo se enfada con el atasco de la A-2 los martes, y ya es algo.

¿Qué más?

  • Cambios hormonales (¡la menopausia es una fiesta!).
  • Problemas de salud (¡hasta el estreñimiento puede hacernos ver la vida de color rojo!).
  • Personalidad (¡yo nací gruñón!).

En resumen: Identifica tus detonantes, encuentra métodos saludables de gestión de la ira (ejercicio, meditación, terapia… ¡incluso un buen baño de espuma!). No te sientas solo. Todos tenemos nuestro pequeño volcán interior. La clave está en aprender a controlarlo antes de que devore la civilización. O, al menos, el mando de la tele.

¿Qué hacer cuando tienes ataques de ira?

Aquí, en la oscuridad, las palabras fluyen distinto. Como un río turbio que arrastra secretos. ¿Ira? A veces me consume. Es como un fuego que prende sin control. Pero sé que hay formas de apagarlo, aunque no siempre lo logre.

  • Pensar antes de explotar es clave. Suena fácil, ¿verdad? Pero cuando la sangre te hierve, es lo más difícil. Intento respirar hondo, contar hasta diez, aunque a veces llegue solo a cinco.

  • Expresar el malestar, pero con calma. Después, cuando la tormenta ha pasado. Explicar por qué me sentí así, sin gritos, sin insultos. Es un ejercicio de paciencia, un acto de contrición personal. No siempre sale bien, la verdad.

  • El ejercicio ayuda, sí. Correr hasta que me duelan los pulmones, golpear el saco de boxeo hasta que me duelan los nudillos. Es una forma de canalizar la energía negativa, de transformarla en algo útil. Sudor en lugar de lágrimas, esfuerzo en lugar de furia.

  • Alejarme de la situación que me provoca. Un respiro, un momento a solas. A veces necesito desaparecer, meterme en mi burbuja y no ver a nadie. Recargar las pilas, recomponerme.

  • Buscar soluciones, si las hay. No siempre se puede arreglar todo, pero intentarlo alivia. Plantear alternativas, negociar, ceder. A veces, la solución es simplemente aceptar que no puedo controlar todo.

  • Hablar desde el "yo". En lugar de "tú siempre haces esto", decir "yo me siento así cuando haces esto". Es menos acusador, más honesto. Pero requiere valentía, porque implica mostrar mi vulnerabilidad.

  • No guardar rencor. El veneno corroe el alma. Perdonar, aunque cueste, es liberador. Olvidar no siempre es posible, pero soltar el resentimiento es fundamental.

  • El humor, un arma de doble filo. A veces funciona, otras veces empeora las cosas. Depende del momento, de la persona. El sarcasmo puede ser una bomba de tiempo.

Además de esto, he descubierto que:

  • La meditación me ayuda a calmar la mente. Aunque solo sean diez minutos al día, me permite conectar conmigo mismo y encontrar un poco de paz interior.

  • Escribir un diario me sirve para desahogarme. Volcar mis pensamientos en el papel, sin filtros, sin juicios. Es como hablar con un amigo que siempre está ahí para escuchar.

  • Evitar el alcohol y las drogas es crucial. Solo empeoran las cosas, nublan el juicio y aumentan la impulsividad.

¿Sabes? Mi abuelo, que tenía un temperamento de mil demonios, me decía siempre: "La ira es un lujo que no te puedes permitir". Tenía razón. La ira te consume, te destruye, te aleja de la gente que quieres.

Y a veces, solo a veces, logro controlarla.

¿Qué hay detrás del sentimiento de rabia?

La rabia, ay, esa vieja amiga (o enemiga) que todos conocemos... Detrás de esa llamarada, no hay dragones, sino más bien, un guiso mental recalentado. ¿Ingredientes? Pensamientos torcidos y negativos, como ese meme que te indigna porque no entiendes el humor.

  • Pensamientos distorsionados: Imagina que tu cerebro es un DJ malo, remezclando la realidad con efectos cutres. Exageraciones, generalizaciones... ¡un festival de errores cognitivos!
  • Emoción de supervivencia: Sí, la rabia quería ser útil, como un cinturón de seguridad emocional. Pero si te la pasas conduciendo en Fórmula 1, ¡adiós tranquilidad! Es útil para defenderte, claro, pero ¿de verdad necesitas defenderte del tostador?
  • Consecuencias: La rabia descontrolada es como un virus en tu teléfono: lo ralentiza todo, te agota la batería y, al final, solo queda formatear (o pedir perdón). Letal, quizá no, pero sí agotador.

En fin, la rabia es un reflejo de cómo interpretamos el mundo. Yo, por ejemplo, me enfado cuando el wifi falla a las 3 am mientras intento ver videos de gatitos. ¿Lógico? Probablemente no. ¿Humano? Absolutamente. Controlarla es como domar a un gato salvaje: paciencia, estrategia y, a veces, un buen puñado de catnip (o, en nuestro caso, técnicas de relajación).

A veces pienso, ¿será que la rabia es la prima hermana de la frustración? Ambas comparten el mismo peluquero, seguro. Y hablando de frustración, ¿has intentado alguna vez armar un mueble de Ikea sin instrucciones? ¡Ahí sí que entiendes la furia de los dioses!

Este año, la rabia me ha enseñado que no todo es personal. A veces, el universo simplemente está probando mi paciencia. Y a veces, solo necesito una buena taza de té y un meme que sí entienda.

¿Cuáles son los síntomas de la ira acumulada?

¡Uf!, este año en junio, casi me da algo con mi suegra. Fue en su casa, en Alcobendas. El calor, tremendo. Sentía la presión en la cabeza, una opresión en el pecho… ¡como si me fuera a explotar! Empecé a sentirme irritada por todo, un simple comentario suyo sobre cómo tenía la mesa puesta me desató. No recuerdo bien qué dije, pero sí la sensación de mi cara ardiendo. Me sentí fuera de control. Ese día entendí lo que es la ira acumulada. ¡Qué asco!

Síntomas que noté en mí misma:

  • Tensión muscular, sobre todo en los hombros y la mandíbula.
  • Dolor de cabeza, horrible.
  • Insomnio, ¡tres noches seguidas!
  • Irritabilidad constante, por cualquier tontería.
  • Falta de concentración, ¡imposible leer un libro!
  • Agresividad verbal, casi me pongo a gritarle.

Lo peor fue la sensación de culpa después. Afortunadamente no llegué a las manos, pero casi. Luego, la ansiedad me comió. Necesité una semana para calmarme.

Consecuencias de la ira acumulada (en mi caso):

  • Discusiones intensas.
  • Malestar físico prolongado.
  • Daño en la relación con mi suegra. ¡No hablamos durante una semana!
  • Agotamiento emocional.

Después de ese episodio supe que necesitaba ayuda. Busqué información y encontré que la ira reprimida puede provocar problemas de salud. Esa experiencia me enseñó mucho sobre la importancia de gestionar las emociones. Debería aprender técnicas de relajación. ¡Ya lo he intentado un par de veces, pero no me dura!. Ese es el problema, y eso no lo voy a negar.

¿Qué puedo hacer para controlar mi ira acumulada?

A medianoche, las paredes me aprietan. La ira... la siento como un nudo en la garganta, constante. No sé si puedo controlarla realmente, pero intento algunas cosas, supongo.

  • Pensar antes de hablar: A veces funciona. Otras, exploto igual.

  • Después, cuando ya he dicho de todo, intento explicar por qué estaba tan mal. Como si sirviera de algo.

  • El ejercicio... sí, he corrido hasta vomitar. No sé si lo recomiendo. Aunque, por lo menos, me cansa.

  • Alejarme un rato... sí, me voy a caminar, a fumar, a lo que sea. Pero la sensación vuelve.

  • Buscar soluciones: Casi nunca las hay. La vida es una mierda, ¿sabes?

  • Hablar desde mí: "Me siento...", "Necesito..." Tonterías. Nadie escucha.

  • No guardar rencor: Imposible. Hay cosas que no se olvidan.

  • El humor: A veces funciona, a veces no. Depende de si tengo ganas de reír o de romper algo. Y últimamente...

Además de estas cosas, aprendí algo más, a la fuerza.

  • Escribir: A veces escribo todo lo que siento, aunque sean tonterías. Me ayuda a sacarlo.

  • Escuchar música: Música triste, sobre todo. Me hace sentir menos solo en mi ira.

  • Recordar a mi abuela: Ella siempre me decía que la ira es veneno. Pero no sé cómo no envenenarme. Se fue este año. Es lo que hay.

¿Cómo sanar la rabia hacia una persona?

¡Ay, la rabia! Esa molesta inquilina que se instala en tu pecho como un chihuahua hiperactivo. Dejarla ir es crucial, para tu salud mental y para evitar que te compres un sombrero de papel de aluminio pensando que te leen el pensamiento.

¿Sanarla? ¡Ja! No es magia, aunque a veces lo parece. Es como domar un dragón, pero sin el aliento de fuego (a menos que te lo merezcan, claro).

Primero, la responsabilidad es tu amiga. No es "él me hizo enfadar", es "me enfadé". Es como decir "el gato rompió el jarrón", pero el gato es tu propia emocionalidad. Asumirla, el primer paso.

Diez segundos de respiro. ¡No es poco! Suficiente para contar hasta diez y no mandar un Whatsapp con mayúsculas. Si necesitas más, añade minutos, no horas. Ya sabes, yo utilizo la técnica del conejito: respirar hondo como un conejito, no es broma, ¡funciona!

Decidir cómo actuar es clave. Ignorar, hablar, gritar... todo es válido, pero dentro de los límites de la ley y el decoro. ¿O acaso te imaginas a mi gato, "Michi", con un juicio por agresión felina?

La asertividad, esa palabra tan bonita... es decir lo que sientes, pero sin convertirte en un volcán. Es más eficiente que lanzar zapatillas. Te lo digo por experiencia, ¡casi pierdo el par favorito de mis crocs!

Y finalmente, la terapia de relajación. Yo suelo meditar (sí, lo reconozco, estoy en tendencia). O escuchar música de Vivaldi, ¡increíblemente relajante!. Hay 1001 maneras:

  • Baño de burbujas (con sales de Epsom, ¡recomiendo!).
  • Un paseo por el parque (si no te encuentras con el causante de tu ira, claro).
  • Leer un buen libro (sobre gatos, por ejemplo).
  • Darle una buena sesión de mimos a tu mascota (si tienes).

Recuerda: la rabia no es tu enemiga, es una señal. Un mensaje encriptado que habla de tus necesidades. Descifrarlo es el gran premio. Y si necesitas ayuda profesional, ¡adelante! Es como llevar el coche al taller, no es de débiles, es de inteligentes.

Este año, he aprendido a gestionar la rabia con más éxito que en años anteriores, gracias a la meditación y la terapia. El problema para mi fue el hecho de haber acumulado tanta rabia durante el periodo pasado por lo que tuve que dedicarle un buen tiempo a procesar las emociones y situaciones pasadas.