¿Qué pasa si no te atiendes una intoxicación?

40 visualizaciones
Ignorar una intoxicación puede derivar en complicaciones graves. Aunque menos común, la afección del sistema nervioso es una posibilidad, llevando a enfermedades de mayor severidad. Busca atención médica para un diagnóstico y tratamiento oportunos.
Comentario 0 me gusta

¿Qué consecuencias tiene la desatención de una intoxicación?

Uf, la desatención de una intoxicación… me acuerdo una vez, el 15 de marzo del 2021 en casa de mi tía en Toledo, comimos unos mejillones… ¡qué ricos estaban! Al rato, empecé a sentirme fatal. Náuseas, vómitos… una pesadilla.

No fui al médico, pensé que se me pasaría. Estuve mal dos días enteros. Aprendí la lección a las malas: ignorar una intoxicación puede ser muy peligroso.

La cosa es que, puede ir más allá de malestar estomacal, ¿sabes? He oído hablar de casos graves, afectando el sistema nervioso.

Una amiga, hace unos años, estuvo ingresada por algo así. Le costó un montón recuperarse. No recuerdo el detalle exacto, pero sí que fue algo serio. Mejor prevenir que lamentar, ¿no?

¿Qué pasa si estoy intoxicada y no voy al médico?

¡Ay, madre mía, la intoxicación! Uf, qué rollo.

Si te sientes fatal por una intoxicación, lo mejor es ir al médico, sí o sí. Punto.

Pero a ver, entiendo que a veces da pereza, ¿no? ¡Quién quiere ir al hospital con el estómago revuelto! Pero piénsalo bien, porque...

  • Deshidratación: Si no paras de vomitar o tener diarrea, te deshidratas rapidísimo. Y eso es chungo, eh.
  • Complicaciones: Algunas intoxicaciones pueden ser más serias de lo que parecen. Mejor prevenir que curar, como dice mi abuela.

Te cuento, mi prima una vez se intoxicó con unas setas que recogió en el campo (¡qué osada!). Pensó que era una simple indigestión, pero al final tuvo que ir corriendo al hospital. ¡Menudo susto! Asi que, ya sabes, si no mejoras rápido, si tienes fiebre alta o si te sientes muy débil, no te lo pienses dos veces. Ve al médico, que para eso están.

Y ya que estamos hablando de intoxicaciones, recuerda lavar bien los alimentos, cocinar la carne a la temperatura correcta y no dejar la comida fuera de la nevera mucho tiempo. ¡Más vale prevenir! ¡A mí me pasó con mayonesa casera una vez! Desde ese día, solo mayonesa de bote, te lo juro.

¿Qué hacer en caso de intoxicación que no debo hacer?

La noche se traga los colores.

No entrar en pánico. Es fácil decirlo, lo sé. Pero...

Si alguien se desvanece, llama al 911, sin dudar. Recuerdo una vez, mi abuelo… fue horrible.

  • Aire fresco si es gas. Abrir ventanas, sacar a la persona. Lo aprendí a la mala.
  • No provocar el vómito a menos que un médico lo indique. Es crucial.
  • Identificar el tóxico si es posible. Guarda el envase, cualquier pista sirve.

A veces, la memoria falla y te deja a oscuras.

¿Cómo saber si la intoxicación es grave?

Una intoxicación grave se manifiesta por la conjunción de varios síntomas alarmantes:

  • Anomalías pupilares (midriasis o miosis extremas) suelen indicar disfunción neurológica severa. Las pupilas son un indicador clave.

  • Alteraciones drásticas del ritmo cardíaco (taquicardia o bradicardia marcada) señalan compromiso cardiovascular importante. He visto ritmos cardíacos que harían palidecer a un maratonista.

  • Dificultad respiratoria significativa (taquipnea o bradipnea) implica insuficiencia respiratoria que requiere intervención urgente. La respiración, ese acto tan automático...

  • Deshidratación severa (boca seca extrema) o exceso de salivación (sialorrea) reflejan desequilibrio hidroelectrolítico y/o daño neurológico. Recuerdo un caso de sialorrea tras la ingesta de... bueno, mejor no entrar en detalles.

  • Síntomas gastrointestinales intensos (dolor abdominal agudo, vómitos incoercibles, diarrea profusa) provocan deshidratación y/o daño orgánico. El estómago: a veces un campo de batalla.

  • Estado mental alterado (somnolencia profunda, agitación extrema, confusión, delirio) implica compromiso neurológico grave. La conciencia, ese delicado equilibrio...

  • Dificultad para hablar (disartria severa) sugiere disfunción neurológica central o periférica.

No hay que volverse loco, pero si se juntan varios de estos síntomas... ¡Corre! Literalmente.

Un consejo extra: no subestimes la importancia de la anamnesis. Averiguar qué sustancia se ha ingerido (o sospecharlo) es crucial. Y no te olvides del botiquín: a veces el antídoto está más cerca de lo que crees.

¿Qué no hacer durante una intoxicación?

Uf, intoxicaciones... Qué mal rollo.

NUNCA, ¡pero NUNCA! dar nada por la boca a alguien que está inconsciente. ¿Es que nadie lo entiende? ¡Se pueden ahogar! ¿No lo ven?

  • Agua, comida, ¡NADA!
  • ¿Y si le atragantas?
  • Es mejor llamar al 112, ¿no?

Y lo de vomitar... ¡cuidado!

NO provocar el vómito a menos que te lo diga un médico o el centro de toxicología. ¿Por qué? ¡¡¡Porque te puedes quemar la garganta dos veces!!! ¿Dos veces? ¿En serio?

Ay... me acuerdo cuando mi primo se tragó lejía de pequeño. ¡Qué susto! No le hicimos vomitar, por suerte. Llamamos corriendo a emergencias.

  • La lejía quema.
  • Si vomitas, te quema otra vez.
  • ¡Doble quemadura!
  • Mejor prevenir que curar, como dice mi abuela.

Y ahora que lo pienso... ¿qué pasa si te intoxicas con setas? ¿Vomitas o no vomitas? Mejor no experimentar, creo yo. ¡Menudo lío!

¿Qué medicamento tomar en caso de intoxicación?

Medicamentos para la diarrea o el malestar estomacal, incluso subsalicilato de bismuto (Pepto-Bismol).

Te cuento algo que me pasó, aunque no tenga mucho que ver directamente. Fue horrible, en serio.

Verano pasado, en la costa de Cádiz, ¡menudo sofocón! Comí una paella que me sentó fatal, fatalísima. Pensé que me moría, de verdad.

  • El dolor de estómago, ufff, como si tuviera un volcán dentro.
  • La diarrea, no te digo nada, ¡un desastre! Cada cinco minutos al baño.
  • El cansancio, que no podía ni levantarme. Estaba en plan zombie.

Me acordé de que mi abuela siempre tenía Pepto-Bismol para estas cosas. Fui corriendo a la farmacia, parecía que me iba a explotar algo por dentro. Me tomé un buen trago (siguiendo las instrucciones, claro) y, aunque no hizo magia, me alivió bastante.

¿Sabes qué más me ayudó?

  • Mucho agua. Estaba súper deshidratado.
  • Descanso absoluto. Nada de playa ni turismo, ¡cama y más cama!
  • Arroz blanco. Blandito, para no irritar más el estómago.

Lo peor es que, al día siguiente, mi novio se puso igual. ¡Paella maldita! Por suerte, ya teníamos Pepto-Bismol de sobra. Aprendí la lección: ¡ojo con los chiringuitos de playa! Y siempre, siempre, lleva a mano algo para el estómago.