¿Qué probabilidad hay de que se repita un infarto?

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El riesgo de un segundo infarto es considerable. Tras un primer evento, cerca del 20% de los pacientes experimentan una recurrencia en el primer año. La prevención es crucial. Un seguimiento médico riguroso y la adopción de un estilo de vida saludable son vitales para minimizar este riesgo.
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¿Probabilidad de repetir un infarto?

Uf, el tema de los infartos… me toca de cerca. Mi tío tuvo uno en julio del 2021, en Valencia, y la verdad, fue un susto enorme. La recuperación fue larga y costosa, más de 10.000€ en gastos médicos, si mal no recuerdo.

Después de eso, le ha dado mucho miedo, claro. El cardiólogo le explicó que existe un riesgo real de que se repita, algo así como un 20% en el primer año, según él me contó. Lo que sí recuerdo es su preocupación constante, la medicación diaria, los cambios en su estilo de vida... todo un cambio radical.

A él, personalmente, el miedo a una recaída le ha ayudado a ser más cuidadoso. Ahora come mejor, hace ejercicio ligero y está más pendiente de su salud. Aunque, la verdad, verlo así, tan vulnerable, me ha hecho reflexionar sobre la fragilidad de la vida.

Probabilidad de repetir infarto: Aproximadamente 20% en el primer año.

¿Qué hacer para que no vuelva a dar otro infarto?

¡Uf, otro infarto ni pensarlo! A ver, ¿qué decían?

  • Ejercicio, claro, como si fuera fácil... ¿Pero cuánto? Mi vecino iba al gimnasio todos los días y ¡zas!, le pasó igual.
  • Peso, bajarlo y mantenerlo... A mí me cuesta horrores con el teletrabajo. ¿Debería dejar de pedir pizza los viernes?
  • Tensión, la pastilla ya la tomo, pero igual caminar ayuda, ¿no? ¿Y el colesterol? La dieta, ¡ay!

¿Y el estrés? Eso sí que me mata. Meditar, dicen. ¿Servirá? Dormir bien... ¡Ja! Con la serie hasta las tantas.

  • Colesterol y glucosa controlados. ¡Otra vez la dieta! Debería ir a un nutricionista. ¿Será muy caro?
  • Reducir el estrés. Yoga, quizás. O apuntarme a cerámica, como mi prima. ¿O mejor apuntarme a algo en grupo?

Actividad física, sí, pero, ¿qué? ¿Salir a caminar? ¿Natación? Me da pereza... ¿Y si me apunto a baile? ¡A ver si así me animo! ¡Lo que sea con tal de no volver a pasar por lo mismo!

Info extra:

Este año, hablando con mi cardiólogo me dijo que lo de andar es clave. Dice que 30 minutos al día, ¡sí o sí! Y reducir la sal en la comida. Uf, eso sí que me va a costar...

¿Qué probabilidad hay de sufrir un segundo infarto?

¡Ay, amigo, el segundo infarto! Un tema tan serio como el flamenco en un concierto de heavy metal. La probabilidad? Una ruleta rusa con un revólver que puede tener de uno a seis balas... o más! Depende de varios factores, claro, como si a tu corazón le gusta el ajetreo o prefiere la tranquilidad de un domingo por la tarde.

El otro día, hablando con mi cardiólogo (un tipo genial, por cierto, me regaló un imán para la nevera con la forma de un corazón, ¡muy cursi!), me comentó que las cifras son... elásticas. Entre un 10% y un 50% en diez años. ¡O sea, entre una posibilidad entre diez y una entre dos! Casi como la probabilidad de que me toque la lotería… que es exactamente cero, ¡por cierto! Aunque el número de posibles ganadores en el sorteo del Gordo de Navidad es mayor que la probabilidad de morir por culpa de un asteroide.

¿Te das cuenta? Es un asunto serio, no nos vamos a engañar. Pero pensar en ello obsesivamente solo sirve para que nos den ataques de ansiedad, incluso peores que el primer infarto. Mejor relajarse, y cuidar esos factores de riesgo. En mi caso personal, después de mi susto en 2022, mi doctor me recetó:

  • Dieta mediterránea (¡Adiós a las tapas!).
  • Ejercicio regular (¡Hola a las caminatas!).
  • Dejar el cigarro (Esto fue lo más duro, ¡casi me da otro infarto!).
  • Control del estrés (Ahora medito, ¡y no, no soy un hippie!).

En resumen: el riesgo existe, pero no es una sentencia de muerte. Cuidarse es fundamental. No esperes que la suerte te salve, ella solo existe en las loterías… o en las películas de Hollywood.

Piénsalo así: si el riesgo es 1 de cada 10, ¡tienes 9 de 10 a tu favor!.

Recuerda: Esta información no sustituye a una consulta médica. Ve a tu cardiólogo, no a mi. Yo solo soy un experto en contar chistes malos. Y en sufrir infartos casi (¡toco madera!).

¿Qué porcentaje de personas se salvan de un infarto?

El noventa y seis por ciento, noventa y seis por ciento, casi todo el mundo diría yo, si llegan a las paredes blancas y frías del hospital, al mes siguen aquí. Noventa, noventa por ciento, un pequeño escalón hacia abajo, al año, todavía respiran. Pero... pero el cuarenta, cuarenta por ciento... una sombra, una terrible sombra, mueren antes, sin ver la luz del hospital.

La muerte, en la calle, en casa, sin sirenas, sin doctores.

  • El tiempo es oro, lo sé.
  • Y los números... engañan tanto.

El olor a café de la mañana, el sol tímidamente entrando por la ventana... ¿lo vieron? ¿Lo recordaron? ¿De qué color era su día?

A veces pienso en mi abuelo, y en ese último suspiro, en casa. Nada de hospitales. Él no... él no llegó.

¿Qué hacer para evitar un segundo infarto?

Uf, el infarto... No quiero otro susto así. Me pasó en marzo de este año, mientras recogía a mi nieta del colegio. Un dolor opresivo, como si un elefante me aplastara el pecho. ¡Horrible!

Ahora, me toca cuidarme. El cardiólogo fue muy claro.

  • Tomar las pastillas sí o sí. ¡Qué rollo!, pero es vital.
  • La comida, ¡ay!, nada de grasas saturadas. Más verdura y pescado, menos embutido y fritos. Me cuesta, eh.
  • Intentar no estresarme. Fácil decirlo, ¿no? Meditación, paseos por el parque... a ver si funciona. La verdad es que después del infarto, estoy más nervioso que nunca.
  • El tabaco lo dejé en el hospital, ¡nunca más!
  • Mover el esqueleto. Caminar media hora al día. Intento ir con mi perro "Toby" por la playa. El aire salado me sienta bien.

Antes pesaba 95 kilos. Ahora en julio de este año estoy en 88. Mi objetivo es bajar a 80.

El alcohol, bueno, un vaso de vino tinto de vez en cuando... el médico no me lo prohibió del todo. Pero con moderación, ¡palabra! Sobre todo, escuchar a mi cuerpo y no hacer locuras.

¿Qué secuelas deja un infarto?

Secuelas de un infarto: ¡Más que una indigestión después de la paella de la abuela!

  • Malestar gástrico disfrazado: A veces, el corazón se queja en el estómago. ¡Confundir un infarto con acidez es como confundir a Brad Pitt con Danny DeVito! (Con todo el respeto para Danny).

  • Cansancio nivel "domingo por la tarde": Fatiga y falta de aliento. Como si hubieras corrido la maratón de Nueva York... ¡pero en sueños! ¿Te imaginas? Yo que sudo subiendo al segundo piso.

  • Sudores fríos y mareos de rockstar: Te sientes como una estrella de rock después de un concierto épico, pero sin los fans gritando (sólo el corazón quejándose).

  • Angina "deportista de sillón": Dolor en el pecho al subir escaleras o, peor aún, ¡cuando tienes que cargar con las bolsas del súper! Actividad sexual también, cuidado ahí. ¡El corazón tiene sus límites! El frío lo agrava, como si el invierno no fuera ya suficientemente deprimente.

Información "extraña" (y útil):

  • Mi tía Marisa, después de su infarto, juraba que veía duendes bailando salsa. ¡Igual era la medicación!
  • ¿Sabías que el récord mundial de dominadas lo tiene un señor que tuvo un infarto? ¡Ironías de la vida!
  • No te rías, pero mi perro "Chispas" se pone nervioso cuando alguien en casa tiene taquicardia. ¡Tiene mejor olfato cardíaco que muchos médicos!

¿Qué es bueno para fortalecer el corazón después de un infarto?

¡Uf! Ese infarto en julio… casi me mata. Recuerdo el dolor, agudo, en el pecho, como una presión infernal. Sentía como si me apretaran el corazón con un tornillo. El sudor frío, la respiración entrecortada… ¡un horror! En el hospital, todo fue un borrón. Ahora, la recuperación…

Caminar, poco a poco. Empecé en agosto, dando vueltas cortas por el parque de mi barrio, el de la calle Mayor, cerca de la panadería. Cinco minutos, diez, quince… ¡Qué cansancio! Las piernas me pesaban, un plomo, pero era importante. Sentía que cada paso era una victoria.

El bicho ese… Sí, la bici. La probé a finales de agosto. Miedo, sí, bastante miedo. Empecé por el carril bici, plano, cerca de casa. Poco a poco, aumentando la distancia.

El médico dijo que tenía que vigilar mi ritmo cardíaco. Me dio un pulsómetro, ¡qué rollo! Llevo un control exhaustivo. Me lo dijo también mi fisioterapeuta, Lucía, una chica majísima.

Me preocupaba mucho la recaída. Las noches… ¡qué pesadillas! Pero aquí estoy, poco a poco mejorando.

  • Ejercicio ligero: Caminar, bicicleta, siguiendo las indicaciones del médico.
  • Control médico: Revisiones, medicación, seguimiento del ritmo cardíaco.
  • Reposo: Fundamental, sobre todo al principio.
  • Dieta saludable: Mucho más verduras que antes. He eliminado las grasas saturadas, casi por completo. No es fácil, la verdad.

Este año, voy a intentar hacer una pequeña ruta de senderismo, a ver cómo me va. ¡Con mucho cuidado, claro!