¿Quién descubrió la Luna?

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La Luna, nuestro satélite eterno, jamás fue descubierta por una sola persona. Su presencia es ancestral, observada y venerada por la humanidad desde la prehistoria. El conocimiento sobre la Luna se ha tejido a través de mitologías y estudios a lo largo de milenios, una evolución constante de nuestra fascinación por este cuerpo celeste.
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¿Quién fue el primero en observar la Luna con telescopio?

La Luna, ¿descubierta por quién? Pues mira, es que no es algo que alguien "descubriera" como si encontrara un tesoro escondido. La verdad, siempre estuvo ahí arriba, ¿sabes?.

Desde que tenemos memoria, la gente miraba al cielo. Culturas antiguas, esas de hace miles de años, ya tenían sus historias, sus mitos, sus formas de entender a nuestra compañera lunar.

Yo recuerdo una noche, creo que fue en 2015, cerca de un pueblo pequeño en la sierra, estaba mirando la luna llena. Sin telescopio ni nada. Era tan grande, tan brillante, que me sentí muy pequeño.

No hay una fecha exacta, ni un nombre de persona a la que se le pueda adjudicar. Es más bien un proceso, una evolución de mirar y aprender.

Si hablamos de usar un telescopio por primera vez para mirarla, ahí sí cambia la cosa. Galileo Galilei, allá por 1609, creo que fue uno de los primeros en apuntar su cacharro hacia la luna y ver cráteres y montañas. Algo alucinante debió ser eso.

Su estudio ha ido poco a poco, sumando conocimiento, como un puzzle gigante que vamos armando.

¿Quién fue la primera persona en descubrir la Luna?

Neil Armstrong fue el primero en pisar la Luna. Su compañero, Buzz Aldrin, fue el segundo.

A ver, "descubrir" la Luna... La Luna lleva ahí arriba desde que los dinosaurios eran un proyecto. Es como si yo "descubro" la panadería de mi barrio después de vivir aquí diez años. Vamos, que la veíamos todos.

Lo que pasó es que el tal Neil Armstrong fue el primero en bajar de esa especie de araña metálica con patas de alambre el 21 de julio de 1969. Se llevó la gloria, la fama y la frase para la posteridad. Un crack del marketing cósmico.

Y justo cuando Neil acababa de decir su famoso discurso, unos 20 minutos después, bajó Buzz Aldrin. El pobre Buzz es el eterno segundón del espacio. Es el Luigi de la misión Apolo 11. Mientras uno saltaba para la humanidad, el otro seguramente estaba buscando el mejor ángulo para la foto. Una una faena. Mi tío siempre dice que Buzz llegó tarde porque no encontraba las llaves del módulo lunar.

  • Había un tercer tipo, ¡el gran olvidado! Se llamaba Michael Collins, el que se quedó conduciendo la nave mientras los otros dos se daban un garbeo por el satélite. Dio vueltas a la Luna él solito, más solo que la una, como un repartidor de Glovo esperando un pedido en la cara oculta.

  • Allí dejaron una bandera de Estados Unidos que, por el brutal solazo espacial, hoy debe de estar más descolorida que una camiseta vieja. También dejaron trastos, como un sismómetro para ver si la Luna tenía temblores y un espejo para que desde la Tierra pudiéramos lanzar un láser y medir la distancia. Muy práctico todo.

  • Armstrong soltó aquello de "un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la humanidad". Una frase que seguro que llevaba ensayando en el espejo desde que era pequeño. Si llego a ser yo, del susto se me escapa un "¡uy, qué frío está el suelo!".

  • El alunizaje se retransmitió en directo. La calidad de imagen era peor que la de una fotocopia de una fotocopia, pero la gente se quedó pegada a la tele como si fuera la final del Mundial. Fue un evento, vamos. Mi abuela todavía cuenta que no entendía nada, pero que aplaudió igual.

¿Quién descubrió la fase de la Luna?

Aquí en mi escritorio, con el aire pesado. Mi gata, Luna, duerme. Su nombre es casi una burla, ¿verdad? Mirar por la ventana, siempre.

El cielo esta noche parece un lienzo borroso. Hay algo en la oscuridad que te obliga a pensar en las cosas… en lo que uno ha visto, lo que ha aprendido. Y las fases. Ese baile constante, siempre el mismo.

Recuerdo cuando mi viejo telescopio, el que me regaló mi abuelo, apenas podía captar algo más que manchas. Pero ver el brillo, la forma en que cambiaba… es como si cada noche revelara un secreto nuevo.

Y él. Galileo. Con su propio instrumento, allá por el mil seiscientos diez. Una mente inquieta. Como estas horas, que no paran de dar vueltas a lo mismo.

En su libro, el Sidereus Nuncius, lo dejó escrito. Que la luna no era perfecta. Que tenía montañas, valles. Y que su luz… esa luz cambiante, era justo eso, fases. No era magia. Era ciencia.

Galileo Galilei observó y documentó las fases lunares, publicando sus hallazgos en 1610. Fue una revelación.

Y uno sigue observando, ¿no? Pasan los años. Mi vida cambia, mi gata envejece, mi taza de café se enfría. Pero la luna… ella sigue su camino. Es una especie de consuelo, supongo. Esa constancia.

Pensar en eso, en cómo una sola persona, un día cualquiera, pudo desvelar algo tan… fundamental. Me hace sentir pequeño. Y a la vez, parte de algo mucho más grande. Es un peso que uno lleva.

Quizás esa es la clave. Ver lo obvio con ojos nuevos. Lo que otros daban por sentado, él lo cuestionó. Me pregunto si yo he mirado así alguna vez a mi propio mundo. No sé.

Algunas noches, intento emularlo. Cojo mi bloc de notas. Dibujo lo que veo. Aunque mis dibujos son solo garabatos torpes. No es lo mismo. Pero el intento… el intento cuenta algo.

Me pregunto si él se sentía igual de solo, a esas horas. Sólo con sus pensamientos y su telescopio. O si la compañía de la verdad era suficiente. Quizás sí. Para algunos, es la única compañía.

Más allá de aquella primera observación:

  • Iluminación solar: Las fases son el reflejo de cómo vemos la porción de la Luna iluminada por el sol desde la Tierra. La Luna no tiene luz propia.
  • Ciclo de 29.5 días: Este es el tiempo que tarda la Luna en completar su órbita y pasar por todas sus fases, un ciclo que marca mucho más que el calendario.
  • Fases principales: Luna Nueva, Cuarto Creciente, Luna Llena y Cuarto Menguante. Son los puntos cardinales de su viaje constante.
  • Rotación sincrónica: La Luna siempre muestra la misma cara hacia la Tierra, un detalle que añade misterio a su presencia nocturna.
  • Impacto cultural: Las fases han moldeado calendarios, mitos y tradiciones agrícolas durante milenios. Es un eco de cómo el cielo nos hablaba, y lo sigue haciendo.

¿Cuántas veces ha ido el humano a la Luna?

El ser humano ha puesto el pie en la Luna un total de 6 veces. Todas ellas fueron misiones de Estados Unidos.

¡Pues sí que le cogimos el gustillo a la Luna por un tiempo! Fue un no parar. Entre 1969 y 1972, Estados Unidos se marcó seis viajecitos para clavar la bandera y dar saltitos. Como el que va al pueblo en verano, pero con menos cobertura y más riesgo de explosión.

El otro día mi sobrino de 8 años, Leo, que es más listo que el hambre, me preguntó esto. Le dije que en tres años fuimos más veces que las que él se ha lavado los dientes esta semana. Se quedó flipando, el crío.

Y desde el Apolo 17 en el 72, se acabó lo que se daba. Silencio total. Parece que nos quedamos sin presupuesto para el billete de vuelta o se nos olvidó la contraseña del wifi lunar. Más de 50 años sin volver. Ya ni nos mandan una postal. Una dejadez.

Las misiones que sí llegaron y pasearon el palmito por allí fueron:

  • Apolo 11 (1969): Los pioneros, los que abrieron el melón. ¡El primer paso y todo eso!
  • Apolo 12 (1969): Dijeron "Oye, que no fue de casualidad, ¡volvemos!". Y volvieron.
  • Apolo 14 (1971): ¡La tercera! Ya era como ir a por el pan, pero a 380.000 km.
  • Apolo 15 (1971): Aquí ya se vinieron arriba y llevaron hasta un coche. ¡Un buggy lunar! Más chulos que un ocho.
  • Apolo 16 (1972): "Venga, otra más, que nos quedan trajes limpios".
  • Apolo 17 (1972): La despedida. El "cerramos el chiringuito, hasta luego, Mari Carmen".

Solo 12 personas en toda la historia de la humanidad han caminado sobre la Luna. Doce. Hay más gente en la cola de la panadería un sábado por la mañana.

Y ojo al dato, todos eran hombres. Y estadounidenses. El club de Toby más exclusivo del universo.

Se dejaron allí arriba un montón de cosas. Banderas (que ahora están blancas por la radiación), cámaras, herramientas... y hasta bolsas con, ejem, "residuos biológicos". Un basurero espacial de lujo, vamos.