¿Qué no puede hacer el nudo propietario?

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El nudo propietario, titular de un inmueble con usufructo, no puede:

  • Usar ni disfrutar el bien (vivir, alquilar, etc.).
  • Venderlo libremente sin consentimiento del usufructuario.
  • Disponer de los beneficios que genere el inmueble.
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A ver… ¿Qué no puede hacer el pobre nudo propietario? Porque, la verdad, a veces me da un poco de pena. Es como tener un pastel delicioso delante, ¡pero no poder ni siquiera olerlo!

Básicamente, el nudo propietario, ese señor o señora que tiene el título de la propiedad, pero no el disfrute (porque el usufructo lo tiene otro), pues… no puede hacer mucho, la verdad.

Para empezar, no puede usar ni disfrutar del bien. Imagínate, tienes una casa preciosa en la playa, tu nombre está en las escrituras, ¡pero no puedes ni vivir en ella ni alquilarla a otros! Es como si te hubieran regalado una entrada para un concierto de tu banda favorita, pero tuvieras que dársela a otra persona. ¿No os da un poquito de rabia? A mí sí, lo reconozco. Pensad en el vecino de mi abuela, el pobre hombre le dejó el usufructo de su piso a su hija, y él, el nudo propietario, tuvo que seguir viviendo en un cuchitril. ¡Qué injusto!

Luego está el tema de venderla libremente. Ah, amigo, ahí topamos con un muro. No puedes llegar y deshacerte de la propiedad así como así, sin el permiso del usufructuario. Es como si quisieras vender tu coche, pero tu hermano tuviera la llave y te dijera: “¡Ni se te ocurra!”. Necesitas su consentimiento, su “sí, puedes vender”. Esto complica mucho la venta, porque ¿quién querría comprar una propiedad con un usufructo encima? Bueno, hay gente que sí, claro, pero a un precio mucho más bajo.

Y, por último, pero no menos importante, no puede disfrutar de los beneficios que genere el inmueble. Si la casa se alquila, por ejemplo, el dinero del alquiler no va para el nudo propietario, sino para el usufructuario. Es decir, ¡tú tienes el título, pero otro se lleva el pastel! Yo creo que ahí es donde reside la mayor frustración. ¿No os parece?

En fin, ser nudo propietario es un poco como estar en el limbo. Tienes algo, pero a la vez no lo tienes. Un título, pero sin la capacidad de disfrutarlo plenamente. Un rollo, vamos. ¡Pero así son las leyes!