¿Alguien puede ver mi historial de incógnito?

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¡Ay, qué miedo! Pensar que el incógnito no es tan privado me deja un sabor amargo. Es una falsa sensación de seguridad, ¿no? Claro que tu proveedor de internet y hasta tu empresa pueden ver todo. Es como creer que te escondes tras una cortina de humo, cuando en realidad estás bajo un reflector. Me da rabia que nos vendan algo como privado cuando en realidad no lo es. ¡Hay que ser más cuidadosos con lo que hacemos online!

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¡Ay, el modo incógnito! ¿Quién no ha caído en esa trampa alguna vez? Yo misma pensaba que era como… ¡abracadabra, borrón y cuenta nueva! Pero, ¡qué ingenua!

La verdad es que, a veces, te pones a pensar… ¿realmente es tan “incógnito” como nos lo pintan? La respuesta, y duele admitirlo, es un rotundo no. ¡Qué chasco! Es como cuando compras un producto prometiendo maravillas y al final… ¡decepción total!

Y es que, a ver, pensemos un poquito: tu proveedor de internet, esa empresa gigante que te da acceso a internet, ¿crees que no está mirando? ¡Claro que sí! Y tu empresa, si usas el ordenador del trabajo, ni te cuento. ¡Están al tanto de todo! Es como intentar esconder un elefante debajo de una alfombra, ¿verdad?

Me acuerdo una vez que un amigo mío, que trabaja en una empresa bastante grande, me contó que tienen sistemas para rastrear hasta el más mínimo movimiento online de los empleados, incluso en modo incógnito. ¡Casi me da un infarto! Te hace sentir como si estuvieras constantemente vigilado, ¿no?

Es una falsa sensación de seguridad, eso es lo que es. Te crees que estás navegando a tus anchas, sin que nadie te vea, pero en realidad estás ahí, bajo el microscopio. ¡Qué rabia! Es como creer que te escondes tras una cortina de humo, cuando en realidad estás bajo un reflector gigante.

Así que, ¿qué podemos hacer? Pues ser conscientes de que la privacidad online, en realidad, es un mito. Y tener mucho, mucho cuidado con lo que hacemos en internet. Pensar dos veces antes de hacer clic, vamos. Porque, al final, como dice mi abuela, “más vale prevenir que lamentar”. Y en este caso, más vale ser precavido que llevarse un susto. ¿No crees?