¿Qué hacer cuando la comida te sabe amarga?

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¿Amargo en la boca? ¡Actúa ya! Higiene bucal impecable, hidratación abundante (agua), control del reflujo y diabetes son clave. Si persiste, medicamentos y/o visita médica son necesarios para descartar infecciones. ¡Salud!
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¿Por qué mi comida sabe amarga? Soluciones

¡Ay, ese sabor amargo! Me pasó una vez, el 15 de julio en Madrid, después de comer una paella que, ¡qué cosas!, tenía un toque raro. Creí que era la misma paella, pero después me di cuenta...

El asunto es que, a veces, ese sabor amargo viene de una mala higiene bucal. Cepíllate bien, ¡hasta la lengua! Eso sí ayuda.

También, beber mucha agua ayuda a limpiar la boca. Recuerdo haber tomado litros de agua ese día en Madrid, pero la paella… uff.

Si tienes reflujo, ¡ojo! Eso también lo provoca. Yo, por ejemplo, sufro de eso a veces y lo soluciono con cambios en mi dieta. Como más fruta.

Medicamentos? Si, algunos pueden dar ese sabor desagradable. Mi médico me recetó algo en febrero, para el dolor de cabeza, y sabía horrible. No lo uso más.

Una infección en la boca también es una causa. Acude a tu dentista. Y la diabetes, por supuesto, es importante controlarla.

En resumen: higiene, agua, dieta, médico, y dentista. Eso debería solucionar lo del sabor amargo. Si persiste, ¡al doctor!

¿Cómo quitar el amargo de una comida?

A veces, las cosas saben a derrota.

  • Grasa. Esa es la primera opción. Manteca, aceite, algo que recubra la lengua. Como si intentara tapar un recuerdo.

  • Dulzor. Sí, el azúcar. Endulzar la vida, dicen. Pero, ¿no es acaso un disfraz? Intento que no quede tan evidente.

  • Sal. Una pizca... como las lágrimas que intento no derramar. Intensifica el sabor, sí, pero también puede quemar.

  • Bicarbonato. Una pequeña cantidad. Alguna vez leí que neutraliza. ¿Neutralizar el dolor? Quién sabe...

Es curioso. Pensaba que solo el café me amargaba las mañanas. Ahora veo que hasta la comida... Qué ironía. Es casi como aquella vez que intenté hacer la tarta de cumpleaños a mi hermano... y se me quemó. El amargor se quedó impregnado en todo. Él no lo notó, o eso dijo. Yo, en cambio...

Tal vez, solo tal vez, el amargor no se quita, se aprende a vivir con él.