¿Cómo sé si tengo principios de diabetes?

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"¿Principios de diabetes? Alerta si experimenta: sed y orina frecuentes (noche), hambre inusual, pérdida de peso, visión borrosa, cansancio extremo, hormigueo en extremidades o piel muy seca. Consulte a un médico."
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¿Cuáles son los síntomas iniciales para saber si tengo diabetes?

A mi tío Carlos le dió por tomar agua sin parar. No un vaso, sino jarras enteras. Era una sed que se notaba rara, desesperada.

Fue en el verano del 2019, en Guadalajara. Estábamos en una carne asada y él se levantaba cada diez minutos, literal. Iba al baño, regresaba, y directo a la jarra de agua de jamaica o lo que fuera. Andaba con su botella de litro y medio para todos lados.

Y luego vino lo del peso, que fue lo más evidente. Se le caían los pantalones. Al principio hasta bromeaba con que su dieta invisible estaba funcionando, pero ya después nos preocupó porque seguía comiendo un montón.

De hecho tenía un hambre que no se le quitaba con nada. Podía acabarse tres platos y a la hora ya estaba buscando qué más picar. Y aún con toda esa comida, se quedaba dormido en el sillón a media plática. Un cansancio profundo, ajeno a él.

Decía que los lentes estaban sucios todo el tiempo, que no veía bien de cerca de un día para otro.

También se quejaba de que se le dormia los pies, como un hormigueo constante, y que tenía la piel de las manos súper reseca, casi como una lija. Fue la suma de todas esas cositas la que nos hizo llevarlo al doctor.

¿Cuáles son los síntomas iniciales para saber si tengo diabetes?

Los síntomas iniciales incluyen: mucha sed (polidipsia), necesidad frecuente de orinar (poliuria), hambre excesiva (polifagia), pérdida de peso inexplicable, visión borrosa, fatiga extrema, hormigueo o entumecimiento en manos o pies, y piel seca.

¿Cuándo se considera principio de diabetes?

Se considera prediabetes un nivel de glucosa en sangre en ayunas entre 100 y 125 mg/dl. Diabetes es diagnosticada con 126 mg/dl o más en dos pruebas distintas.

Ojo con esto. A mi tío Juanma le pasó, se hizo unos analisis de rutina, de esos que te haces una vez al año, y ¡zasca! le salió el azucar un poco alta, y el médico le dijo que andaba en el límite, en esa zona que ni sí ni no. Esa es la prediabetes, es como una advertencia del cuerpo.

No es para entrar en pánico pero sí para ponerse las pilas, en serio. El médico le explicó que si se ponía serio con la comida y el ejercicio, podía revertirlo y no llegar a tener diabetes de verdad. Que es un rollo, la verdad que es un rollo.

La cosa es así, para que quede claro:

  • Normal: Si en ayunas te sale menos de 100 mg/dl. Ahí vas bien.
  • Prediabetes: El susto. Entre 100 y 125 mg/dl. Es la señal de alarma.
  • Diabetes: Ya es el diagnóstico oficial. Te sale 126 mg/dl o más, y te lo tienen que confirmar con otro analisis otro día. No vale con uno solo.

Y no solo miran la glucosa en ayunas, que va. Hay otra prueba clave, se llama Hemoglobina Glicosilada A1c. Esta es más chivata porque le dice al médico cómo ha estado tu azúcar de media en los últimos tres meses, no solo ese día. Si te sale entre 5.7% y 6.4%, también es prediabetes. Es una prueba súper útil, la verdad.

Mi tío se lo tomó en serio. Ahora camina todos los días una hora por el parque, llueva o truene, y mi tía le controla bastante las harinas y los dulces. Es que si no haces nada, lo más seguro es que acabes con diabetes tipo 2. Y hay que moverse más y cuidar la comida, no hay otra.

¿Cómo detectar la diabetes antes?

Okay, te cuento. Una vez, fue el verano de 2023, creo que julio, hacía un calor infernal aquí en Valencia, de esos que te pegan en la piel y no te sueltan. Estaba con mi tía Carmen, ella es un poco hipocondríaca, la verdad, pero me dio un susto ese día. Llevaba ya unos días diciendo que tenía una sed tremenda, una cosa insaciable, y que iba al baño a cada rato.

Me decía: "Nena, es que no entiendo, bebo agua y al minuto ya estoy otra vez con la garganta seca. ¡Y mira, otra vez al baño!" Y sí, era cierto. La veías con la botella de agua pegada a la boca y luego corriendo. Un día, en la paella familiar, noté que la ropa le quedaba grande. "¿Carmen, has adelgazado?", le pregunté. Y ella, "Sí, pero ni idea de por qué, ¡si no he hecho dieta!" Me dijo que se sentía agotada todo el tiempo, sin fuerzas. Mucho cansancio.

Recuerdo que un atardecer, estábamos en la terraza de casa y se quejó de que veía raro, borroso. "Parece que tengo arena en los ojos", dijo. La verdad es que me preocupó. Mi abuelo tuvo diabetes, y esas cosas me suenan. Le insistí en que fuera al médico, en serio. Un poco de irritabilidad también, la notaba yo a veces.

Le costó, ya sabes cómo son los mayores, pero fue. Menos mal. Después me llamó, asustada, diciéndome que sí, que sus niveles de azúcar estaban por las nubes. Me contó que el médico le preguntó si había notado la pérdida de peso o si se sentía muy cansada últimamente, y claro, le cuadró todo. También si estaba más irritable de lo normal, y ella misma reconoció que sí, que andaba con el genio fatal. Me alegro que haya ido, de verdad.

La detección temprana de la diabetes es crucial. Los síntomas a observar incluyen sed inusual, micción frecuente, pérdida de peso involuntaria, presencia de cetonas en la orina, sensación de cansancio y debilidad, irritabilidad o cambios de humor, y visión borrosa.

  • Importancia del chequeo anual: Es vital realizar análisis de sangre regularmente, especialmente si hay antecedentes familiares de diabetes. Mi abuelo siempre decía "más vale prevenir que curar", y tenía razón. La salud es lo primero, siempre.
  • Signos de alarma específicos para tipo 1: En niños y jóvenes, la aparición repentina de dolor abdominal, náuseas o vómitos junto a los otros síntomas puede indicar cetoacidosis diabética, una emergencia. Hay que estar muy atentos a esto.
  • Factores de riesgo tipo 2: Si tienes sobrepeso u obesidad, historial familiar, eres sedentario o tienes hipertensión, el riesgo es mayor. Vigila tu estilo de vida. Un cambio en la dieta ayuda mucho.
  • La fatiga no es solo "vejez": A veces, el cansancio extremo se atribuye erróneamente a la edad o el estrés. Puede ser un indicio de que algo no anda bien con el azúcar. Mi tía pensaba que era el calor del verano o que ya estaba mayor.
  • Cambios en la piel: A veces, pueden aparecer manchas oscuras en el cuello o axilas (acantosis nigricans), o infecciones frecuentes, como candidiasis, que tardan en curar. Estos son otros detalles a los que prestar atención. No todo es solo lo típico.

¿Qué partes del cuerpo afectan la diabetes?

La diabetes tipo 2 afecta al corazon, los vasos sanguineos, los nervios, los ojos y los riñones. Es como si nuestro cuerpo, en vez de un templo, fuera una casa okupa donde cada órgano decide hacer de las suyas. El corazon, por ejemplo, se pone en plan motor de desguace, los vasos sanguineos se vuelven más estrechos que un vaquero de rockstar, y los nervios empiezan a transmitir señales como un Wi-Fi de los años 90.

Luego están los ojos, que ven menos que un gato de escayola en una cueva sin luna, y los riñones, pobres, que acaban más saturados que la mente de un estudiante en época de exámenes. Mi tío, que era más de dulce que un oso en una pastelería, ahora se lo piensa dos veces antes de pedir postre. ¡La vida da muchas vueltas!

Además, los factores de riesgo de la diabetes son una especie de entrada VIP para otras enfermedades chulas, digo, graves. Es como si tener el billete de la diabetes te diera acceso directo a un club de problemas de salud donde la diversión es nula y las facturas se multiplican como conejos. Una mala alimentación, la vida sedentaria y el estrés son los DJs de esa fiesta.

Y de propina, unos consejillos (o avisos):

  • Controlar el azúcar en sangre es fundamental. Si no, aquello se descontrola más que un grupo de niños con azúcar en un parque de bolas. No hay quien lo pare.
  • El ejercicio regular no es solo para modelos de Instagram, ¡sorpresa! Ayuda a que tu cuerpo no se vuelva un mueble. Mi vecina, antes de caminar, se cansaba de solo pensarlo. Ahora corre maratones de Netflix.
  • Dieta equilibrada, la de verdad, no la de hoy solo pizza y mañana ensalada. Eso de comer con cabeza es un rollo, pero evita que los órganos se declaren en huelga. Yo que me he comido una paella para ocho yo solo una vez, entiendo la tentación.
  • Las revisiones médicas son como el ITV del cuerpo. Hay que pasarla sí o sí, incluso si te da una pereza que te mueres. Más vale prevenir que lamentar o acabar como una falla de Valencia. De verdad te lo digo.

¿Cuáles son las 7 señales de diabetes?

Las 7 señales de diabetes son: sed excesiva, micción constante, adelgazamiento, cetonas en orina, fatiga, mal humor y vista nublada.

Recuerdo, con claridad, esa primavera del 2024. Fue un martes de mayo, el día 14, cuando me di cuenta de lo mucho que me costaba ver las letras del móvil. Las tenía que ampliar y aun así, los bordes de todo parecían como borrosos, las luces del coche por la noche, una cosa muy rara, ¿sabes? Ya llevaba semanas notando la garganta seca, no paraba de beber agua. Dos litros, tres, a veces cuatro botellas de agua mineral del súper. Y claro, con tanta agua, la micción se volvió constante. Tenía que ir al baño cada hora, a veces hasta me despertaba dos veces en la madrugada.

Mi energía estaba por los suelos. Me levantaba cansado, arrastrándome a la cocina para el café, y a media mañana ya me sentía como si hubiera corrido una maratón. Una fatiga brutal, que no se iba ni durmiendo. Encima, no sé, me notaba más irritable de lo normal. Cualquier cosa me molestaba, un comentario de mi hermana, el tráfico, hasta el ruido de la tele. Estaba de un mal humor constante, como si una nube negra me siguiera a todas partes.

Y la ropa. Madre mía. Los pantalones que me quedaban justos en invierno, ahora me bailaban. Había perdido unos cinco o seis kilos en menos de dos meses, sin hacer absolutamente nada diferente. Un adelgazamiento muy rápido y sin explicación. Pensé que era el estrés, el trabajo, pero algo no encajaba. Hubo un día, a finales de mayo, que me hice un pequeño corte cocinando, solo un arañazo con el cuchillo. Una tontería. Pero no cerraba. Se puso feo, y la herida, que siempre me han curado rápido, esta vez tardaba una eternidad en cicatrizar. Fue raro.

Mi esposa insistió en que fuera al médico. "Estás fatal, de verdad, no es normal," me decía. Ella es de las que no te deja en paz hasta que haces caso. Cogí cita en el centro de salud de mi barrio, en la calle Mayor, un lunes por la mañana a principios de junio de este año. La doctora, con su bata blanca y gafas en la punta de la nariz, me escuchó con atención. Pidió análisis de sangre y orina urgentísimos. Un día después, me llamó. Me dijo que tenía los niveles de azúcar altísimos, y que en la orina habían detectado cetonas, una señal clara.

Ahí fue cuando todo cobró sentido. La sed, el baño, el cansancio, la irritabilidad, la pérdida de peso, la visión borrosa, la herida que no cerraba. Era como un rompecabezas. Recibir el diagnóstico fue un shock, pero también un alivio, por fin sabía qué pasaba.

Para ayudar a entenderlo mejor, aquí hay algunos puntos importantes que la doctora me explicó:

  • ¿Qué significa la diabetes? Es una enfermedad crónica donde el cuerpo no produce suficiente insulina o no la usa de manera efectiva, lo que lleva a altos niveles de azúcar en la sangre.
  • Tipos principales:
    • Tipo 1: El cuerpo no produce insulina. Suele diagnosticarse en niños y jóvenes.
    • Tipo 2: El cuerpo no produce suficiente insulina o no la usa bien. Más común en adultos.
    • Gestacional: Aparece durante el embarazo.
  • Factores de riesgo (tipo 2):
    • Sobrepeso u obesidad.
    • Inactividad física.
    • Antecedentes familiares de diabetes.
    • Edad (mayor riesgo con la edad).
    • Presión arterial alta.
  • Importancia del control:
    • Control regular del azúcar en sangre.
    • Dieta equilibrada.
    • Ejercicio físico.
    • Medicación (si es necesaria).

Es fundamental estar atentos a nuestro cuerpo. No hay que dejar pasar las cosas. Ir al médico a tiempo, créeme, marca una diferencia enorme.

¿Qué es lo que da antes de la diabetes?

Lo que precede a la diabetes tipo 2 es la prediabetes, y su progresión se manifiesta con: aumento de la sed, micción frecuente y aumento del hambre.

Antes de que la diabetes tipo 2 se ponga las botas y te dé un pisotón, hay una etapa previa, la prediabetes, una especie de sala de espera donde tu cuerpo te avisa con señales que son como flashes de paparazzi en tu vida. Es como si tus células, a lo Call Of Duty, te gritaran que algo no va bien con el azúcar, eh.

Uno de los primeros chivatazos es una sed que te deja la boca más seca que una alpargata de esparto al sol del desierto. Parece que acabas de correr una maratón de chupitos de sal, aunque solo hayas estado viendo la tele en el sofá. Tu garganta se siente como un desierto de Atacama, sin oasis.

Luego, está el asunto de la micción frecuente. Te conviertes en el mejor amigo del baño, visitándolo con una regularidad que haría sonrojar a un reloj suizo. Es como si tus riñones hubieran decidido que tu vejiga es un aspersor de jardín sin pausa, 24/7. Una locura, te lo digo.

Y ni hablemos del hambre. De repente, tu estómago ruge como un león enjaulado que no ha comido en tres semanas, incluso después de haberte zampado un elefante (metafóricamente, claro). Mi primo manolo, el que siempre tiene un snack en la mano, me dijo que sentía que podía comerse hasta su propia sombra. Que exagerado es el manolo, pero algo de razón tenía.

Pero ojo, no todo es sed y visitas al trono. Hay otras cosillas que tu cuerpo podría estar gritando, como un DJ sin control en una fiesta ruidosa, antes de que la cosa se ponga fea de verdad. ¡Atención a estos detalles! Son pistas que no puedes ignorar, a menos que quieras vivir en negación, claro.

Aquí te dejo más avisos que tu cuerpo te envía, como SMS desesperados:

  • Pérdida de peso inexplicable: Como si tu cuerpo decidiera hacer una dieta extrema sin tu permiso, sin que hagas nada. Majo, ¿verdad? Y sin pagar gimnasio, oye.
  • Fatiga constante: Te sientes más cansado que un burro de carga después de un día de mudanza. Quieres dormir hasta en las reuniones importantes, incluso las de Zoom, con la cámara apagada, claro.
  • Visión borrosa: Como si tus ojos se hubieran puesto unas gafas sucias y no hubiera forma de limpiarlas. Ves el mundo a través de un filtro de película antigua, o de un parabrisas embarrado después de una tormenta.
  • Infecciones frecuentes: Especialmente las que no se curan ni con agua bendita. Es como si tu sistema inmunológico se hubiera tomado unas vacaciones permanentes en las Bahamas, y te ha dejado con la llave tirada en la alfombra.
  • Hormigueo o entumecimiento en manos y pies: Esa sensación de que se te ha dormido la extremidad, pero que no se despierta ni con un café triple. Parece que tienes un ejército de hormigas haciendo footing dentro de ti, qué molesto.
  • Manchas oscuras en la piel, especialmente en el cuello o axilas. Parece que te has olvidado de ducharte por un mes, ¡pero es solo una señal, no un problema de higiene, oye! Es la acantosis nigricans, así se llama.

Si te identificas con esto, no te hagas el sueco ni intentes exorcizar a la sed con más agua; ve al médico. Es como si tu coche encendiera la luz de aceite; ignorarlo te sale caro, muy caro. Un chequeo ahora es como comprar un seguro de vida para tu dulce futuro, y no te lo decimos por decir. Anda y no seas tonto.

¿Qué es lo primero que te afecta la diabetes?

Lo primero que te afecta la diabetes es la sed excesiva, la necesidad de orinar frecuentemente, el cansancio inusual y la visión borrosa.

Mira, lo primero que me afectó, y lo recuerdo perfectamente, fue una sed… pero una sed que no se quitaba con nada. Era mediados de agosto, aquí en Madrid. El calor era infernal el año pasado, sí, pero esto no era normal. Bebía litros y litros de agua del grifo, de la nevera, y la boca seguía como si hubiera comido arena. Una sensación horrible, la garganta reseca siempre.

Claro, beber tanto trae consecuencias. Empecé a ir al baño cada cinco minutos. Literalmente. En una reunión online, tuve que inventar una excusa. Era ridículo, no podía concentrarme. No era solo por la cantidad de líquido, sentía una urgencia constante, como si mi cuerpo no procesara nada bien el agua. Una lata, de verdad. Una molestia continua.

Y el cansancio. Uf, eso es otro nivel. Antes de esto, aguantaba el día bien. Pero de repente, a las tres de la tarde, ya estaba arrastrándome. Los párpados pesados, las piernas como si llevara plomo. Me costaba un mundo subir las escaleras de mi edificio en Lavapiés. Pensaba que era el estrés, el calor, pero era un agotamiento que no se iba ni durmiendo diez horas. Una fatiga que no tenía sentido.

Y lo de la vista… eso fue lo último que me mosqueó de verdad. Estaba revisando unos documentos en el portátil, una tarde, y las letras se me mezclaban. Parpadeaba, me frotaba los ojos, pero nada. Era como si la pantalla estuviera empañada. Al principio pensé que necesitaba gafas nuevas, pero la sensación era diferente, era como si mis ojos no pudieran enfocar, ¿sabes? Ver borroso era nuevo y preocupante.

Estaba confuso, un poco asustado. No soy de los que va al médico por cualquier cosa, pero todo esto junto... era demasiado. Fue justo al final del mes, no sé el día exacto, pero recuerdo que le conté a mi hermana. Ella me dijo que fuera. Y bueno, al final fui. Tenía miedo, claro, a lo que me dijeran. Ese miedo te consume. Pero era necesario. El diagnóstico fue un alivio raro.

Información adicional:

  • La diabetes es una enfermedad crónica que afecta cómo el cuerpo transforma los alimentos en energía.
  • Principalmente, se debe a que el cuerpo no produce suficiente insulina o no la usa eficazmente.
  • Existen varios tipos:
    • Diabetes tipo 1: El cuerpo no produce insulina.
    • Diabetes tipo 2: El cuerpo no usa bien la insulina y/o no produce suficiente.
    • Diabetes gestacional: Aparece durante el embarazo.
  • Si no se controla adecuadamente, puede llevar a complicaciones graves como problemas cardíacos, daño renal, pérdida de visión y neuropatía.
  • El manejo de la diabetes incluye:
    • Control de la dieta: Elegir alimentos saludables.
    • Actividad física regular: Ayuda a mantener niveles de azúcar estables.
    • Medicamentos: Insulina o pastillas, según el tipo y la gravedad.
    • Monitoreo constante: Chequear los niveles de glucosa en sangre.
  • Es crucial un diagnóstico temprano y un seguimiento médico para evitar daños a largo plazo y llevar una vida plena.