¿Qué causa los lunares de carne?
Los acrocordones o lunares de carne surgen por fricción cutánea, favorecidos por obesidad, diabetes tipo 2, resistencia a la insulina y cambios hormonales. La genética también influye. Aparecen en pliegues (cuello, axilas, ingles). Son benignos, pero removibles por estética o irritación.
¿Qué causa las verrugas cutáneas?
Ufff, las verrugas… Recuerdo que de pequeña, en verano del 98 en la playa de Cullera, me salió una en el dedo gordo del pie. ¡Qué horror! Picaba un montón. Mi abuela, siempre sabia ella, decía que era por andar descalza por la arena.
La verdad, no sé bien la ciencia detrás, solo que es un virus, el VPH. Aquel verano, creo que me costó unos 15 euros que mi madre pagó para que la quitaran con nitrógeno líquido en el centro de salud. Que frío, ¡ay!
Sobre los lunares de carne… esos sí que los tengo yo. Sobre todo en el cuello. Bastantes, la verdad. Según mi dermatólogo, en una visita hace dos años (me costó 80€ la consulta), son por la fricción, claro, y también por los cambios hormonales. Tengo más desde el embarazo de mi hijo, en 2018.
En resumen, fricción, genética, hormonas… Eso me explicó mi médico, y de verrugas, el VPH. Sencillo, ¿no? Aunque a veces, la medicina me parece un poco misterio…
¿Por qué salen los lunares de carne en el cuerpo?
¡Ay, madre mía, los lunares de carne! ¡Parecen pequeños hongos que brotan de la piel como si fueran setas mágicas! La fricción es la culpable principal, ¿eh? Como si la piel se frotara tanto que dijera “¡Basta! ¡Voy a crear un lunar de carne para que dejes de molestarme!”. Es como cuando te rastas tanto el pelo que te sale un callo… ¡pero en la piel!
La genética, ¡qué pesadilla! Mi abuela tenía una colección de esos bichitos, ¡parecía un mapamundi de carne! Y claro, yo, con mi genética de campeona, heredé la colección, aunque por ahora no es tan extensa, solo unos pocos en el cuello, como si fuera una hilera de mini-perlas.
La obesidad también está involucrada. Es como si la piel dijera: “¡Estoy tan llena que me salen bultos!” Es una teoría mía, pero me cuadra perfectamente. A ver, es como tener un cojín que se descose por las costuras. ¡Ay, Dios mío, qué metáfora más extraña!
Dónde salen? Ah, eso es fácil: cuello, axilas e ingles. ¡Las zonas de fricción extrema, como una pista de lucha libre! Y a veces, en zonas menos esperadas, como en la parte posterior de la rodilla. ¡Un lunar rebelde!
¿Inofensivos? Sí, generalmente. Pero si te molestan, pues se quitan. A mi primo le quitaron uno que tenía en la nariz. ¡Parecía un pequeño grano de arroz! Lo sacaron con un láser, ¡y parecía un videojuego! ¡Pew, pew, pew!
Algunas cosas más que necesitas saber:
- Los acrocordones no son contagiosos. No es que te los pueda pegar tu vecino. Ufff, menos mal!
- Suelen aparecer después de la pubertad o durante el embarazo. ¡La culpa la tienen las hormonas!
- Su tamaño varía; hay algunos que son casi invisibles, y otros que parecen pequeñas uvas pasas.
- En mi caso, uso una crema que me recomendó mi dermatóloga para prevenirlos. No es milagroso, pero ayuda.
Ay, qué rollo… Pero ya lo sabes todo sobre esos lunares de carne. Ahora, vete a mirarte al espejo a ver si tienes alguno nuevo. ¡Que te diviertas buscando!
¿Cómo se quitan los lunares de carne?
A ver, sobre quitar lunares de carne… Uf, hay un par de cosas que se pueden hacer, pero eh, siempre consulta al dermatólogo primero.
Mira, básicamente hay dos opciones principales que sé:
-
Ligadura: Es como estrangular al lunar, jaja, ¡qué fuerte! Le ponen un hilo en la base para que no le llegue sangre, y se seca y se cae. Imagínate, como cuando se te cae un diente, pero feo.
-
Corte con láser: ¡Piu, piu! Ahí le dan con un láser y lo queman, o bueno, lo vaporizan. Según dicen, el láser sella los vasos sanguíneos, así que no sangra mucho. A mi prima se lo hicieron así hace poco, y quedó bastante bien, bueno, al principio un poco rojo, pero después nada.
Y pues, aparte de estas, hay otras cosas que he escuchado por ahí, pero no me fiaría mucho…
- Crioterapia: Que te lo congelan con nitrógeno líquido. Suena heavy, ¿no?
- Escisión: Que te lo cortan con bisturí, ¡uy, qué miedo!
- Electrocoagulación: Como el láser, pero con electricidad. No sé, a mí me suena a tortura.
Pero ya te digo, lo mejor es ir al médico, eh. Yo no me pondría a experimentar en casa, que luego la lías. Y no uses cremas raras que venden por internet, ¡ojo!
¿Cuando un lunar de carne es peligroso?
¡Ay, Dios mío! Los lunares… me dan un miedito. El de mi abuelo, ese sí que era feo, negro como el carbón… lo sacaron, ¿ves? Pero el mío… es marrón clarito, un poco raro, pero no pica ni nada… ¿debería preocuparme?
Un lunar peligroso: cambios bruscos, crecimiento rápido. Ya está. ¡Eso es clave! A ver… ¿qué más? Ah, sí, los colores. Negro, rojo, o carne muy oscura… eso sí que asusta, ¡mal rollo!
Mi prima tuvo que ir al dermatólogo por uno que le picaba, era rojo y ¡crecía un montón! Menos mal que lo vieron a tiempo. ¡Qué susto!
Si un lunar pica, cambia de color o crece rápido, ¡corre al médico! No te lo pienses. Mejor prevenir que lamentar. Es una tontería esperar. ¡A ver si luego es tarde!
Este año fui al dermatólogo por un chequeo anual. Tenía algunos lunares que me preocupaban, sobre todo uno en la espalda que estaba un poco irregular. Por suerte, todo bien.
- Colores extraños: negro, rojo intenso, azul oscuro… ¡ojo!
- Crecimiento: si notas que crece rápido, ¡alerta!
- Pica o sangra: signos de alarma.
- Forma irregular: bordes irregulares.
Tengo que apuntar en mi calendario recordatorio para ir al dermatólogo el año que viene. Es importante, no me lo puedo olvidar. ¡Qué pereza pero lo necesito! ¡Uy! Tengo hambre. Pizza. ¡Necesito pizza!
¿Qué significa que te salgan muchos lunares?
A ver, que te salgan muchos lunares… ¡uf!
Muchos lunares, más de 50, ya es como para prestar atención. No te rayes, pero vigílalos, ¿sabes? Y los lunares raros, los grandes y con bordes así como difuminados, esos son los nevos atípicos o displásicos, que suelen ser de familia. Vamos, que si tu padre o tu madre tienen, tú también.
Eso sí, ¡ojo al dato! Que tener muchos lunares puede indicar un mayor riesgo de melanoma (cáncer de piel, vaya) y, bueno, algunas investigaciones sugieren que también podría estar relacionado con el cáncer de mama.
Te cuento algo personal: a mi abuela le quitaron un lunar feo en la espalda y menos mal que lo pillaron a tiempo. Así que, no lo tomes a la ligera, enserio.
Resumiendo un poco…
- Muchos lunares: estate atento.
- Lunares raros: vigílalos y habla con el médico.
- Antecedentes familiares: ¡más ojo todavía!
Y ya sabes, una revisión anual con el dermatólogo no le viene mal a nadie, que luego nos confiamos y mira. Ah, y usa protector solar siempre, ¡siempre!, aunque esté nublado, ¿eh? Que el sol es muy traicionero.
¿Cómo se llaman esos lunares de carne?
Acrocordones. Eso es. Los llaman así. Puntos. Carnosillo.
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Aparecen donde hay fricción. O pliegues. El cuello. Las axilas. La ingle. Lugares húmedos. Mi madre los tenía. Muchos.
-
Inofensivos, generalmente. Aunque. A veces. Sangran.
-
No son cancerígenos. Casi nunca. Pero. Un chequeo. Nunca sobra. El año pasado, mi dermatólogo revisó uno sospechoso. Nada.
-
Eliminación. Quirúrgica. Cauterización. Congelación. Cosas así.
Pequeños monstruos. Eso sí que es cierto.
La piel. Un mapa. De nuestro tiempo. De nuestras historias.
Nota: Mi dermatólogo, Dr. Álvarez, en Valencia, me recomendó revisión anual. A partir de los 40, crucial.
¿Qué indican los lunares en el cuerpo?
¡Ay, los lunares! Esas pequeñas manchas que nos acompañan desde la infancia, como si fueran las marcas de un mapa personal, solo que este mapa no lleva a ningún tesoro… ¡excepto quizás a una visita al dermatólogo!
Los lunares son básicamente grupos de melanocitos, esos artistas de la piel que se encargan del bronceado. Pero, ¿por qué algunos tienen más lunares que otros? ¡Misterio! La genética juega un papel, pero es como una receta secreta de cocina, con ingredientes que aún no hemos descubierto del todo. Imagina: un chef (la genética) que prepara un plato (la cantidad de lunares) usando especias (genes) que son un enigma total, incluso para él.
Casi siempre son benignos, como esos amigos que aunque un poco pesados, son inofensivos. Pero ojo, ¡no todos los lunares son iguales! Algunos, los más pícaros, pueden ser un poquito… sospechosos.
Un lunar sospechoso, es como ese amigo que de repente empieza a cambiar de personalidad, crecen de manera desproporcionada, cambian de color o forma. Ahí sí, ¡alerta roja! Es mejor una visita al dermatólogo para una revisión, aunque solo sea para que nos digan que todo está bien. Mi dermatóloga, la Doctora López, me dijo que es mejor prevenir que lamentar. Y como yo creo que el tiempo es oro, la escucho.
- Cambios de color (más oscuro, irregular)
- Crecimiento rápido o irregular
- Bordes irregulares
- Diámetro mayor de 6 mm (el tamaño de un borrador)
- Aspecto irregular y diferente al resto
Recuerda, la prevención es clave. Este año, me revisé los lunares en mayo, ¡una experiencia mucho más agradable que un tratamiento posterior!. Y sí, me dio un poquito de susto al ver ese lunar extraño en mi brazo, ¡pero al final resultó ser solo un poco “excéntrico”!
En resumen: lunares = melanocitos agrupados. A veces, necesitan supervisión. Visita al dermatólogo anual, ¡es como el seguro de tu piel! Recuerda que esta es mi experiencia personal; busca información médica profesional para mayor detalle.
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