¿Qué hacer primero, pecho o hombro?

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Prioriza el pecho antes que hombros. Entrenar el pecho primero maximiza su desarrollo, ya que triceps y hombros auxilian en los ejercicios pectorales. Un pecho fatigado limita la intensidad posterior en hombros, bíceps o tríceps. La secuencia óptima es: pecho/espalda, luego hombros, y finalmente bíceps/tríceps.

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¿Pecho o hombros primero? ¡Ay, qué dilema eterno para cualquiera que haya pisado un gimnasio! Recuerdo la primera vez que me enfrenté a esa pregunta, sudando la gota gorda entre mancuernas y barras, sintiéndome como un completo novato. ¿Cuál era el camino correcto? ¿El orden de los factores altera el producto? Pues sí, al menos en esto.

Para mí, la respuesta llegó con el tiempo, a base de prueba y error, de agujetas feroces y de esos días en que parecía que mis músculos protestaban a gritos. Me di cuenta, y esto es algo que me marcó, de que entrenar el pecho primero era, simplemente, más efectivo. ¿Por qué? Pues porque esos ejercicios de pectoral, ¡qué te voy a contar!, requieren una fuerza brutal y, sobre todo, la ayuda de los tríceps y los hombros.

Si ya has dejado tus hombros exhaustos antes de enfrentarte al press de banca, ¿de verdad crees que vas a poder exprimir al máximo el entrenamiento? Imposible, ¿no? Te quedas sin fuerza antes de tiempo, te limitas, y al final, el resultado no es el que buscas. Hablamos de la eficiencia, amigos, de optimizar al máximo el tiempo y el esfuerzo.

Yo mismo lo experimenté. Recuerdo un día en que, con la arrogancia del que cree saberlo todo, invertí el orden. Hombros primero… y luego, al intentar el press de banca, me sentía como un muñeco de trapo. ¡Una auténtica decepción! La sesión se truncó antes de tiempo, y no es lo mismo, ¿verdad? Se pierde la intensidad y, a largo plazo, los resultados.

La mejor secuencia, al menos para mi cuerpo (y créanme, he probado muchas variantes), es pecho/espalda, luego hombros, y finalmente bíceps/tríceps. Es una cuestión de lógica, de priorizar los músculos “mayores” antes que los “menores”, que los asisten en su trabajo. No es una fórmula mágica, ni mucho menos; se trata de algo que aprendí a base de mancuernas y sudor, de pequeños errores y grandes aprendizajes. ¡Y que me sigue dando buenos resultados! Ahora lo tengo claro, y quiero que vosotros también lo tengáis. ¡A entrenar con cabeza!