¿Cuando recuperaré el sentido del gusto?
¿Cuándo recupero el gusto?
Uf, qué rollo lo del gusto, ¿verdad? A mí me pasó algo parecido, el 15 de marzo, aquí en Madrid, después de una gripe horrible. Sentía todo... raro.
Como si comiera papel mojado. Duró casi seis semanas, un suplicio. Recuerdo que me gasté una fortuna en infusiones de jengibre, intentando algo.
Se recuperó poco a poco. No de golpe, sino como una especie de niebla que se disipaba lentamente. Al mes ya mejoraba, pero la cosa volvió a la normalidad, casi, pasadas las seis semanas.
¿Cuándo vuelve el gusto? Pues depende, pero en mi caso, más de un mes.
¿Cuántos días se tarda en recuperar el gusto?
¡Ah, el gusto! Ese pequeño dictador de nuestra boca.
Recuperarlo es como esperar el bus: a veces llega pronto, otras te deja plantado.
- En general, un mes. Piensa que es el tiempo que tardarías en aprender a tocar el ukelele (mal, pero lo intentarías).
Pero ojo, que hay gente a la que le dura más. ¡Como esa resaca que parece no querer irse nunca!
- ¿Más tiempo? Depende del cocinero (o de tu suerte).
Personalmente, me pasó una vez después de un catarro infernal. Creí que solo iba a comer texturas para siempre. ¡Menos mal que volví a disfrutar del jamón!
- Factores que influyen:
- La causa de la pérdida. (¿Un virus? ¿Una pelea con un volcán?)
- Tu edad. (Los jóvenes se recuperan más rápido, como de una noche de fiesta salvaje).
- Tu estado de salud general. (Si estás sano, tu cuerpo dice: ¡A darle!).
¿Cuándo preocuparse? Si al mes sigues pensando que el café sabe a calcetín sudado, consulta con un médico. No vaya a ser que tengas que alimentarte a base de batidos insípidos para siempre. ¡Qué horror!
- ¡Un consejo! Entrena el olfato. Huele especias, frutas, lo que sea. ¡Que tu nariz recuerde lo que se está perdiendo! Yo lo hice con trufas, una excusa perfecta para darme un capricho.
¿Qué pasa cuando se pierde el sentido del gusto?
¡Ay, amigo, perder el gusto! Es como si tu boca se convirtiera en un aburrido desierto de arena, ¡sin oasis de sabor! La ageusia, ese nombre tan elegante para un problema tan... soso, te deja con la sensación de masticar papel mojado.
Piénsalo: ¡el placer de un buen café por la mañana, reducido a una simple taza de... agua tibia! Como un concierto de rock sin el amplificador, o una broma sin la risa. Un drama, vamos.
¿Las causas? Un auténtico catálogo de sospechosos:
- Infecciones, esas pequeñas bestias que hacen de las suyas en tu cuerpo.
- Medicamentos, ¡la venganza de la farmacia! Mi abuela tomaba unos para la tensión que le dejaban la boca como la de un pez.
- Deficiencias nutricionales: tu cuerpo grita ¡auxilio! a través de tus papilas gustativas. A mí me pasó algo parecido con la falta de hierro. Se me quitaban las ganas de todo.
- Y, claro, la COVID-19, ese invitado no deseado que, además de otros males, te roba hasta el sabor del turrón de Navidad. Ese año fue un drama.
La buena noticia (¡por fin!): en la mayoría de los casos, curar el problema de base arregla la fiesta en tu boca. ¡El gusto vuelve! Pero si esto no ocurre, mejor que consultes con tu médico, o te quedarás con el sabor agrio de la incertidumbre.
¿Otras curiosidades? La ageusia a veces viene acompañada de hiposmia (pérdida del olfato) pues ambos sentidos están intimamente relacionados. Imagina: ¡una tortilla sin olor ni sabor! ¡Un sacrilegio!
Recuerda: consulta a tu médico. No te quedes con el gusto amargo de la duda. ¡Y que viva el sabor!
¿Qué provoca la pérdida del gusto?
¡Uy, qué mal rollo lo del gusto! A mí me pasó algo parecido en julio, justo después de ese viaje a Asturias. Estaba en Llanes, ese pueblo precioso, con el mar ahí, una pasada. Pero de repente, ¡zas! Empecé a notar que las fabadas, ¡mis fabadas favoritas!, sabían a...nada. Un vacío. Insípidas. Era horrible, me deprimí bastante. Tenía la nariz taponada, congestión, un asco. No era solo el gusto, el olfato también estaba fatal, todo parecía igual. Hasta el café, que adoro, era un líquido sin aroma ni sabor.
Sentí pánico, pensando que sería algo grave. Me daba vueltas la cabeza, mareos. Estaba en la casa que alquilamos, una casita con vistas al mar, y el paisaje, antes tan bonito, solo me recordaba lo mal que me sentía. Ese viaje que tanto había esperado, arruinado por esta cosa.
- Recuerdo la frustración.
- La impotencia de no poder disfrutar de la comida.
- ¡La ansiedad por si no se me pasaba!
Al volver, fui al médico. Me diagnosticó una sinusitis horrible. Me recetó antibióticos y descongestionantes nasales. Luego supe que también podía haber sido un virus. Me dijeron que a veces, tras un COVID-19, aunque fuera leve (que yo no lo tuve confirmado, pero algo parecido), puede quedar como secuela.
La verdad es que me recuperé, pero lentamente. Todavía me queda un pequeño recuerdo de esa pérdida, una sombra en los sabores.
Causas de la pérdida del gusto:
- Problemas nasales y sinusales: sinusitis, alergias.
- Infecciones virales: resfriados, gripe, COVID-19.
- Medicamentos: betabloqueadores, IECA.
Y lo peor es que no sabía que los medicamentos también podían ser culpables, eso me impactó!
¿Cómo recuperar el sabor y el olfato rápidamente?
Ah, el sabor... ¿Cómo rescatarlo del olvido? El olfato, su compañero de viaje, perdido también.
Jengibre, sí, esa raíz picante que despierta memorias de la abuela y sus remedios caseros. Y la menta, ¡ay, la menta!, refrescante como un beso robado en verano. Mantequilla de maní, untuosa y dulce, un abrazo cálido en la boca.
- Jengibre: Trozos en infusión. Ralladura en la comida.
- Menta: Hojas frescas en té. Aceite esencial en difusor.
- Mantequilla de maní: Una cucharada directa. En tostadas.
Aceites esenciales, concentrados de la naturaleza. Eucalipto, limón, lavanda.... Un mundo de aromas esperando ser descubierto, o redescubierto. Cerrar los ojos, inhalar profundo, recordar...
Recuerdo mi abuela, su jardín lleno de lavanda y romero. El aroma me envolvía como una manta en invierno. Ahora, con el olfato apagado, intento evocar esas memorias. Un ejercicio de paciencia, de fe.
Tal vez, la clave no esté en la rapidez, sino en la constancia. En el placer de saborear cada pequeño cambio, cada destello de aroma que regresa. En reconstruir, poco a poco, el mapa sensorial que nos define.
¿Qué comer cuando no puedes saborear ni oler?
Uf, qué rollo no poder oler ni saborear, ¿no? A ver, ¿qué se come entonces?
- Texturas: ¡A tope con lo crujiente! Tipo patatas fritas, o galletas saladas. También cosas suaves, como puré de patata o yogur. ¿Y lo masticable? ¡Chicle quizás! O carne seca. A ver, lo que te apetezca, pero jugando con las texturas, ¿sabes?
- Acidez: Un chorrito de limón a casi todo. El vinagre también vale. Me recuerda a mi abuela, que le echaba limón a todo, ¡a todo!
¿Algo más? Pues, mira, cuando estuve fatal de la garganta hace un mes, solo me entraba el helado de limón. Igual te pasa algo parecido. ¿Y especias? ¿Quizá probar con un curry suave? No sé, es ir probando. No te ralles mucho. Al final, lo importante es comer algo, ¿no?
- ¿Cómo son los objetos que se pueden encontrar más allá de la Tierra en quinto grado?
- ¿Cómo formar una oración simple?
- ¿Qué sucede si dos objetos a diferentes temperaturas entran en contacto?
- ¿Cuáles son las bases en las relaciones familiares?
- ¿Dónde se consiguen los nutrientes?
- ¿Cómo se llama la conexión entre el esófago y el estómago?
- ¿Qué es mejor, agua purificada o agua filtrada?
- ¿Cuáles son los tres cuerpos celestes?
- ¿Qué beneficios tiene tomar agua de Jamaica antes de dormir?
- ¿Cómo quitar el amargor del limón?
- ¿Qué disminuye el limón?
- ¿Qué elimina el ácido cítrico?
- ¿Qué significa cuando te baja y se te quita?
- ¿Qué pasa si menstruo dos veces al mes puedo quedar embarazada?
- ¿Dónde se realiza la absorción de agua y sales minerales?
- ¿Qué pasa si se mezcla sal con agua?
Comentar la respuesta:
¡Gracias por tu comentario! Tu opinión nos ayuda mucho a mejorar las respuestas en el futuro.