¿Qué hacer si te intoxicas con comida?

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Ante una intoxicación alimentaria, la rehidratación es clave. Reponga líquidos y electrolitos perdidos con sorbos frecuentes de agua, caldos o bebidas deportivas. Si vomita, beba pequeñas cantidades con frecuencia. Ante síntomas persistentes, consulte a un médico.
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¿Intoxicación alimentaria: qué hacer y cómo aliviar los síntomas rápidamente?

¡Uf, la intoxicación alimentaria! ¡Qué rollo! Te entiendo perfecto porque me ha pasado. Literal, una vez comí unos tacos en un puesto callejero cerca de la plaza de Coyoacán, un 15 de septiembre, y ¡pum!, al día siguiente me sentía fatal.

Lo principal, según mi experiencia (y lo que me dijo el doctor), es reponer esos líquidos perdidos. Imagínate, tu cuerpo está luchando y necesita hidratarse.

Si sientes que vomitas mucho, no te satures. Poco a poco, como si fueras un colibrí bebiendo néctar, así con sorbitos pequeños de agua o algún suero oral que venden en la farmacia. Ayudan un montón a recuperar las sales que pierdes, te lo digo por experiencia.

Además, te cuento un secreto que me pasó. Después de la experiencia de los tacos (que me salieron carísimos, porque el suero me costó como 80 pesos), ahora siempre llevo unas pastillas de carbón activado. No son la cura mágica, pero me ayudan a sentirme un poco mejor en lo que llego a casa. ¡Cuídate mucho!

¿Qué comer ante una intoxicación?

En caso de intoxicación, es mejor optar por alimentos suaves y fáciles de digerir: plátanos, arroz blanco, compota de manzana, pan tostado.

Ahora, te cuento lo que me pasó una vez en Zahara de los Atunes... ¡Madre mía! Fue este verano, creo que comí algo en mal estado en un chiringuito cerca de la playa. Tenía unas ganas de un arroz con marisco que no me cabía en el cuerpo. Pero, ¡ay!, al poco rato, empecé con unos retortijones... ¡Uf!

La cosa es que terminé fatal, con el estómago revuelto. Me pasé la noche entre el baño y la cama, con una sensación horrible. Al día siguiente, estaba hecha polvo. Menos mal que mi amiga Carmen me preparó un caldo de pollo suave y me insistió en que comiera arroz hervido. Poco a poco fui recuperándome.

  • Arroz blanco
  • Caldo de pollo casero
  • Plátano (¡qué asco me daba, pero ayudó!)
  • Galletas saladas sin nada.

Me acuerdo que no podía ni ver el agua, así que Carmen me preparó un té de jengibre con limón. ¡Qué alivio! Y, bueno, pasaron días hasta que pude comer algo normal. Aprendí la lección: ¡ojo con lo que comes en los chiringuitos!

¿Qué debo comer si estoy intoxicada?

¡Ay, madre mía, qué desastre! Intoxicada, ¿eh? Suena a película de terror de serie B, ¡pero con tu estómago como protagonista! Olvídate de sushi sospechoso por un tiempo, ¿vale?

Lo primero: rehidrata a la bestia! Es decir, a ti. ¡Como si fueras un cactus en pleno desierto del Sahara! Necesitas líquidos, y no me refiero a esos chupitos de tequila que tanto te gustan. Bebe como si te pagaran por ello.

  • Agua, mucha agua. Como si fueras a regar mi planta de aloe vera gigante que, por cierto, ¡ya necesita trasplante!
  • Zumos, pero ¡diluidos! Que no se te ocurra beber un zumo de naranja puro, ¡eso es un atentado contra tu estómago! Piensa en agua con un toque de zumo, no al revés.
  • Bebidas isotónicas: esas que parecen pociones mágicas para atletas, son perfectas. Aunque yo prefiero mi zumo de naranja…¡diluido, por supuesto!
  • Caldos, sí, como los de mi abuela, ¡pero sin el toque secreto que aún no me ha revelado! El misterio familiar perdura.

Luego, piensa en algo blandito, que no te haga sufrir más de la cuenta. Olvídate de las hamburguesas con patatas, por favor. Eso es terrorismo gastronómico para tu situación. Un puré de patata sería perfecto… si no tienes el puré especial que mi vecina prepara, con secreto de especias andaluzas. Eso sí que está brutal, ¡pero no te lo recomiendo ahora!

Y, ¡ojo! Si esto va a peor, ¡vete al médico, mujer! No quiero que acabes en urgencias con una vía intravenosa que parece una escena de ciencia ficción.

Recuerda: Esto no es un consejo médico profesional. Soy una persona cualquiera que habla desde su experiencia personal y sus ocurrencias... Soy Laura, por cierto, y vivo en un piso pequeño en el centro, donde mi planta de aloe vera casi me ocupa medio salón. ¡Ay, qué lío este piso!

¿Cuando uno está intoxicado, ¿qué no puede comer?

En la penumbra, me pregunto qué no puedo comer... cuando el estómago ruge y el cuerpo se rebela. Es como si la propia vida se negara a cooperar.

  • Cafeína, no. Café, té... la falsa energía no es amiga en estos momentos. Me acuerdo de aquella vez, en casa de mi abuela, intentando disimular el malestar con un café cargado. Craso error.

  • Grasa, lejos. Frituras, pizza... el cuerpo las rechaza como si fueran veneno. Es como intentar encender un fuego con leña mojada, simplemente no funciona. Me pregunto por qué siempre se me antojan precisamente esos alimentos cuando estoy mal.

  • Azúcar, controlado. Refrescos, zumos... dulzor que engaña. Es como un espejismo en el desierto. Recuerdo una vez, en un viaje con mis amigos, me sentí fatal y pensé que un refresco me ayudaría. Todo lo contrario.

Evitar cafeína, grasas y azúcar cuando hay intoxicación.